Es bastante habitual notar que a medida que pasan los años hemos cogido unos kilitos cuando nos empieza a costar abrochar el botón del pantalón, y lo peor de todo, sin haber hecho muchos cambios en tu rutina.
Esa grasa abdominal es metabólicamente activa, y esto significa que genera sustancias inflamatorias que pueden alterar el equilibrio interno del cuerpo, algo directamente relacionado con la resistencia a la insulina y que en mujeres es bastante común durante la menopausia, debido al cambio hormonal por la bajada de estrógenos.
"La grasa abdominal libera citocinas, es decir, moléculas proinflamatorias y la inflamación descontrolada está en la base de mayoría de enfermedades crónicas de hoy en día", explica la doctora Isabel Belaustegui, experta en medicina integrativa y metabolismo en uno de los episodios del podcast de Tengo un Plan.
Y es que es importante saber que el michelín que tanto nos molesta no se trata solo de algo estético sino que "la grasa abdominal habla de que hay un exceso de grasa en el cuerpo y de que hay un problema de resistencia a la insulina. Cuando nuestras células no responden bien a la insulina se favorece la inflamación descontrolada, el desarrollo de diabetes y de enfermedad cardiovascular que están en la cabeza en causas de muerte hoy en día", asegura la experta.
La resistencia a la insulina es cuando la glucosa no entra de forma eficiente en nuestras células y el cuerpo responde produciendo más insulina, por eso la flexibilidad de metabólica se convierte en algo clave en este punto. "Un michelín resistente es un signo característico de una falta de flexibilidad metabólica. Cuando optimizamos el metabolismo activamos esa vía, esa alternancia, y damos salida a la combustión de grasa, a la utilización de nuestra grasa de reserva, y es entonces cuando se pueden ir perdiendo los michelines", dice Isabel. Podríamos decir que se trata de la capacidad que tiene el cuerpo para alternar de forma eficiente el uso de grasa o glucosa, como fuente de energía, según lo que necesite en cada momento.
Inflamación interna: ese malestar que no da la cara
No lo ves en el espejo, no duele de forma directa pero, sin embargo, es la señal de que tu cuerpo está en alerta constante. A diferencia de la inflamación aguda que se da cuando nos damos un golpe y el cuerpo se inflama, se pone rojo y duele, la inflamación interna "es ese malestar que notamos que puede dar la cara apareciendo cuando aparecen datos mal en la analítica", expone como ejemplo la experta. Este enemigo silencioso está relacionado con múltiples signos como fatiga crónica, resistencia a la insulina, y puede provenir de un exceso de alimentos ultraprocesados en la alimentación, estrés crónico, falta de sueño, sedentarismo, y como decimos, el exceso de grasa abdominal.
El ejercicio de fuerza, el mejor para quemar la grasa abdominal
Lo que muchas personas hacen para quitarse ese michelín tan molesto es hacer ejercicio de cardio, el tradicional quema grasas, como salir a correr, hacer bicicleta, natación, hacer abdominales como loco… pero ojo, porque este es un error bastante común. "Lo más eficiente a nivel de entrenamiento físico para quemar la grasa abdominal es el entrenamiento de fuerza. Es mucho mejor ponerte a hacer jalones, peso muerto, sentadillas o dominadas… Con el mismo esfuerzo y tiempo vas a tener más resultados que saliendo a correr", asegura la experta.
A demás, a partir de los 40 y los 50 años, el cuerpo sufre una pérdida gradual de músculo, llamado sarcopenia, que hace que el entrenamiento de fuerza se convierte en algo fundamental para compensar esa disminución de masa muscular.
"Si sales a correr o te forras en plástico y después te pesas y ves que has perdido un kilo, ese kilo es agua, no es grasa. Además, esto favorece la oxidación, el envejecimiento, el daño articular…", advierte.
El ejercicio de fuerza es clave porque no solo actúa durante el entrenamiento, sino también después. Cuando levantamos pesas generamos daños en el músculo que el cuerpo necesita reparar, ese proceso de recuperación consume energía durante horas, elevando el gasto calórico en reposo. Es decir, a mayor masa muscular, mayor es tu metabolismo basal o, lo que es lo mismo, con el entrenamiento de fuerza estaremos mejorando la flexibilidad metabólica y estaremos facilitando que el cuerpo utilice la grasa como fuente de energía en vez de almacenarla.
Y es que, estamos acostumbrados a que quemar calorías es igual a déficit calórico, y según la experta, el "exceso de peso no siempre es contar calorías" y pone un ejemplo muy curioso sobre el consumo de edulcorantes, concretamente de la sacarina. "La sacarina, por ejemplo, es acalórica, pero produce tal pico de insulina que lo que nuestro organismo hace es guardar energía. La insulina cuando se eleva le dice a nuestras células que guarden combustible y la manera en la que se reserva es en forma de grasa. Tenemos que saber que nuestro cuerpo no es una calculadora que suma y resta calorías", explica.
Por lo que, no es cuestión de hacer más ejercicio, sino de entrenar mejor y de forma más eficiente para que el cuerpo trabaje a tu favor incluso en reposo.
Fotografías | Tengo un plan Youtube, @isabelaustegui
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