Lo que todos pensamos es que el envejecimiento es un proceso largo que va aconteciendo poco a poco, según van pasando los años. Pero hace unos años, la ciencia estableció que realmente existen dos momentos más “críticos” en la vida, o picos de envejecimiento donde podemos notar cambios más bruscos.
"Cuando la gente tiene 20 o 30 años se cree que es inmortal y eso se acaba”, sentencia el experto Felipe Isidro, catedrático de Educación Física, en uno de los podcasts donde participó recientemente. "La ciencia ha demostrado que el envejecimiento es algo paulatino, pero que hay dos baches fuertes donde se envejece más rápidamente uno es a los 44 y otro es a los 66 donde se acelera el envejecimiento".
Este hallazgo se debe a estudios que han analizado miles de proteínas en sangre de personas a distintas edades, los cuales vieron que alrededor de los 44 años se producía un reordenamiento masivo del patrón de proteínas (son los trabajadores del cuerpo que reparan, comunican, limpian y mantienen todo en funcionamiento), se estabilizan y a los 66 vuelve a ocurrir lo mismo.
"Se produce un mayor acortamiento de telómeros y, en total, doce causas más por las que se acelera el envejecimiento en esos dos puntos, como media. Es donde realmente la gente si no hace nada (de deporte) nota un bajón", dice el experto.
El estudio de referencia es el publicado por JAMA Internal Medicine en el cual por un lado, se muestra el acortamiento de telómeros, un marcador de envejecimiento celular que son estructuras de ADN situadas al final de cada cromosoma que protegen el material genético durante la replicación celular y se van acortando cada vez que una célula se divide, sucesivamente hasta que esta, ya no puede dividirse más porque muere.
¿Qué influyen en su longitud? Los doce factores de estilo de vida que aceleran su acortamiento: la edad biológica, el estrés oxidativo, el tabaquismo, la inflamación crónica, el insomnio, el sedentarismo, la obesidad y sobrepeso, la dieta poco saludable, la exposición a toxinas ambientales, el estrés crónico, enfermedades metabólicas y bajo nivel socioeconómico.
Otra cuestión está en aquellos que sí "hacen cosas", porque el experto dice que no notan los cambios de forma tan brusca. “Notan que van empeorando lógicamente pero el cambio es muy suave”. Y además, revela: "Hay muy poca gente que hace ejercicio, en España tres de cada 10 personas hacen ejercicio y de las tres, dos hacen deporte, es decir tienen como motivación una competición: futbol, pádel… Y solo uno hace ejercicio en sí mismo, voy al gimnasio o lo hago en mi casa sin que sea una actividad deportiva social también. Eso son números desastrosos".
Mejorando estos factores estaremos también mejorando el proceso, porque como es lógico, no se puede detener el envejecimiento, pero sí ralentizarlo. "La gente deja de hacer ejercicio durante muchos años y lo retoman con 35 o 40, se dan cuenta de que están mejor que cuando no hacían nada a los 25", comenta el experto.
"El ejercicio no te alarga la vida sino que te la mejora"
"Más no vamos a vivir. No somos inmortales los que hacemos ejercicio. Lo que tenemos es un riesgo de muerte prematuro para aquellos que no hacen ejercicio. El problema es que mucha gente muere con 60 y se les entierra con 80", sentencia el experto en deporte.
Isidro hace referencia a un estudio de 22.000 gemelos en el cual se demostró que cuando quitas los factores de confusión, es decir, los que fumaban, los que que tenían un estilo de vida bueno o malo, entre aquellos en los que uno hacía ejercicio y el otro que no, el que hacía ejercicio no vivía más pero sí vivía mejor, "por eso hay que decir que: el ejercicio no alarga la vida, pero la mejora, la amplifica", explica.
Entonces, ¿cuál sería la rutina de ejercicio perfecta? Primero debemos tener en cuenta que tiene que ser un ejercicio que "te permita sostenerlo en el tiempo, aunque al principio no te guste pero luego veas todos los beneficios que te ofrece". Y para poder obtener resultados, debemos empezar por una dosis mínima eficaz y progresar a una dosis mínima, dice, pero serían: "Dos o tres días a la semana de fuerza, un mínimo de 10 minutos, progresando a 20 o 30 minutos y un mínimo de uno o dos días de cardio. Pero eso sí, hay que condicionar primero el sistema periférico para después después integrar el cardio y que la experiencia sea positiva".
Fotografías | Freepik, Youtube Uri Sabat Instagram @felipeisidro
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