A día de hoy, si te das un garbeo por cualquier barrio de moda o te fijas en los chavales que salen del instituto, es imposible no toparse con alguien que parece que va a saltar en paracaídas sobre una zona de conflicto, un fenómeno que se conoce como 'warcore' o 'tactical core' y está pegando un pelotazo en la moda masculina contemporánea.
Lo que antes era ropa de trabajo o uniformes de toda la vida, ahora se ha convertido en un despliegue de nailon técnico, correas por todos lados y mochilas repletas de parches. Pero lo que parece una simple elección estética para ir a por el pan tiene mucha más miga de la que crees, porque pone el foco en cómo esta ropa proyecta un ambiente político y social bastante turbio.
La movida está en que ya no se trata solo de que los pantalones cargo sean cómodos o que los chalecos tengan mil bolsillos para meter el móvil y las llaves. En un mundo que está que arde y donde las noticias de conflictos nos bombardean el móvil cada dos por tres, para muchos, vestirse como un soldado es una forma de somatizar esa tensión.
El uso de banderas tácticas en negro o parches militares no es una casualidad ni una broma, sino que refleja una mentalidad de estar siempre alerta, como si la vida diaria fuera una misión de supervivencia. Esta estética vende una imagen de control y capacidad operativa que mola mucho cuando fuera todo parece un caos total, aunque al final el mayor riesgo del día sea que se te escape el autobús o que te persiga un perro camino a casa.
Lo curioso es que esta tendencia ha calado hondo tanto en las marcas de lujo como en las estanterías de las tiendas de deporte más populares, haciendo que lo militar se convierta en una especie de gramática visual cotidiana. Al final, llevar esta indumentaria permite a mucha gente sentirse preparada para cualquier imprevisto sin tener que soltar un discurso político en alto.
Es lo que algunos expertos llaman una radicalización blanda, donde no hace falta estar afiliado a ningún partido o ideología para abrazar ciertos valores de disciplina, jerarquía y desconfianza hacia el entorno, porque este lenguaje visual donde la masculinidad se redefine a través de la dureza y la autosuficiencia, encaja de perlas con los discursos de la manosfera que circulan por internet.
A pesar de todo, hay quien defiende que esta ropa es simplemente práctica y que la tendencia responde a una necesidad de prendas que aguanten carros y carretas. Existe una diferencia clara entre el que se disfraza de comando para fardar en las redes sociales y el que busca una preparación real y comunitaria ante posibles emergencias, lo que se conoce como 'preparedness'.
En este sentido, tener una buena mochila o una chaqueta que resista el diluvio universal puede ser una forma de autocuidado. La clave está en preguntarse si uno se pone esos bolsillos para sentirse parte de un movimiento de estilo o si lo hace para marcar distancias y ver al resto del mundo como un enemigo potencial mientras luce un look que parece sacado de un videojuego de guerra.
Fotos de @sam_uel218 |
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