Durante años mi ritual antes de dormir fue siempre el mismo: último scrolleo a Instagram y móvil en la mesilla. Al despertar no me quitaba ni la lentilla del ojo y ya tenía el móvil en la mano. Lo veía como algo normal, y de hecho puede que tú que estás leyendo esto, lo hagas como yo, pero entonces mi relación de pareja terminó, mi ansiedad aumentó y las noches se complicaron mucho.
Me costaba dormir del tirón, me despertaba a las cuatro de la mañana con la cabeza acelerada, y cuando pasaba, cogía el móvil. Eso me generaba más ansiedad y la bola de nieve aumentaba de tamaño. Cuando viví con ergofobia sí tuve un diagnóstico médico de ansiedad, pero esta vez no fui al médico porque pensé que podía gestionarlo sola. Notaba es que vivía con una sensación constante de alerta, como si nunca consiguiera apagarme del todo.
Mi sueño se resentía y notaba que no descansaba bien, así que cuando leí que sacar el móvil de la habitación por la noche podía mejorar la calidad del sueño, lo probé. Me propuse hacerlo durante un mes entero. Llevo más de tres.
Cómo lo hago
No cargo el móvil en la habitación ni lo dejo en la mesita de noche. Todos los días mi móvil duerme en una habitación diferente a la mía, y si estoy en un hotel por algún viaje de curro, duerme en el baño y yo, en la cama. Lo que hago es asegurarme de que no está cerca de mi mano, y de que si quiero cogerlo, tengo que levantarme hasta de la cama.
Cuando me despierto, tampoco cojo el móvil según me despierto. Primero me estiro en la cama, y si me he despertado con tiempo, leo. Si voy más justa, me levanto, me aseo, voy a la cocina, me preparo un café y solo entonces, cojo el móvil. Como mínimo 30 minutos después de despertarme.
Lo que no esperaba
En mi caso, la noche era uno de los momentos en que más consumía redes sociales. Según este estudio sobre adultos de entre 18 y 24 años, reducir drásticamente el uso de redes sociales durante una semana conseguía disminuir la ansiedad en un 16,1% y el insomnio un 14,5%. Para mi sorpresa, me pasó lo mismo, porque reduje sin darme cuenta las horas de redes sociales.
En lugar de terminar de cenar y coger el móvil para hacer scroll infinito, ahora cuando acabo de cenar pongo el móvil en silencio y ya no lo toco hasta el día siguiente. Lo dejo en la cocina, encima de la mesa del salón o en cualquier sitio en el que tenga que levantarme para cogerlo. Nada de tenerlo en la mano. Al principio me costó. Las dos primeras semanas fueron un infierno, no voy a engañarte, pero ahora hasta mis amigas saben que no veré un whatsapp si me lo mandas a partir de las 9 de la noche.
Lo que más me sorprendió no fue que mi sueño mejoró, sino todo lo que vino alrededor. Empecé a leer más antes de dormir, mucho más. De hecho entre el diario de lectura y este nuevo hábito, llevo leídos 20 libros en lo que llevo de año. Las mañanas dejaron de sentirse aceleradas, menos secuestradas por un teléfono. Ahora son más calmadas y hacen que el día empiece con mucha más calma.
El efecto que ha tenido en mí es tan bueno que lo que empezó como un experimento ha pasado a ser una nueva rutina. Junto con el diario de gratitud que escribo cada noche, este ha sido el cambio más sencillo que he hecho y que más impacto ha tenido en cómo me siento.
Por qué funciona según la ciencia
Aunque la luz azul sí afecta a producción de melatonina, hay estudios que han encontrado que la calidad general del sueño es similar entre quienes usan pantallas todas las noches y quienes no las usaban nunca, lo que sugiere que el problema no es solo la luz sino también qué hacemos con el móvil y cuándo. Es decir, el contenido que consumimos antes de dormir importa tanto como la luz. Aquí está, probablemente, la explicación más relevante en mi caso. Además de suprimir la melatonina, el contenido de redes sociales me dificultaba más relajarme antes de dormir. Me mantenía más activa.
A todo esto se suma que usar el móvil para ver redes sociales como hacía yo alimenta directamente la ansiedad antes de dormir porque puede aumentar la ansiedad por comparación, y aumenta el riesgo de insomnio.
Si quieres probarlo tú también te doy dos consejos: empieza por poner el cargador fuera del dormitorio, aunque sea en el pasillo, y no uses el móvil de despertador. En mi caso me despierto con la vibración del smartwatch o completamente sola, porque ahora mis ritmos circadianos están mucho más regulados que antes, pero tú puedes usar un despertador antiguo, de los que van a pilas como el que tenía tu abuela en casa.
Prepárate para que los primeros días sean incómodos, porque lo serán. Puedes ir haciéndolo progresivo, por ejemplo dejando de usar el móvil media hora antes de acostarte, hasta que puedas dejar de usarlo un par de horas o tres antes de meterte en la cama. Además del descanso, vas a notar que, de alguna forma, recuperas tu tiempo. Y la sensación es maravillosa.
Fotos | Anabel Palomares
En Trendencias | El juego de pegatinas chino que me ha cambiado la vida: ya no paso horas perdidas en Instagram y he calmado mi ansiedad
En Motorpasion | ¿Qué hace una pinza de madera en el aire acondicionado del coche? Un truco barato que además es muy efectivo
Ver 0 comentarios