Warren Buffett lleva décadas compartiendo consejos sencillos que, con el paso del tiempo, suelen demostrar que siguen siendo sorprendentemente vigentes. Uno de ellos resulta especialmente relevante en 2026, cuando la inteligencia artificial es capaz de escribir correos electrónicos, resumir reuniones, preparar planes de negocio y crear presentaciones en cuestión de segundos.
Sin embargo, en este nuevo escenario, saber comunicarse como un ser humano puede convertirse en una auténtica ventaja competitiva, y de eso Buffet sabe bastante: durante una conversación con un graduado de Stanford, Buffett explicó que, a su edad, una de las mejores cosas que podía hacer era aprender a comunicarse mejor.
Su argumento era sencillo: los resultados que una persona obtiene a lo largo de su vida pueden multiplicarse si aprende a transmitirlos de una manera más efectiva. De hecho, el inversor ha contado en más de una ocasión que el único diploma que conserva en su oficina es el que obtuvo en un curso de comunicación de Dale Carnegie en 1952.
Por qué comunicarse bien importa más en la era de la IA
El consejo puede parecer evidente, pero su importancia ha aumentado enormemente con la llegada de la inteligencia artificial. Sin embargo, lo que todavía no pueden hacer de la misma manera es ganarse la confianza de una persona, inspirarla, resolver un conflicto o conseguir que alguien sienta que realmente ha sido escuchado y comprendido.
Por eso, la comunicación se ha convertido en una especie de multiplicador. Durante los próximos años, los líderes que destaquen no serán necesariamente quienes sepan escribir los mejores prompts, sino quienes sean capaces de convertir información compleja en ideas fáciles de entender, transmitir una visión convincente, hacer buenas preguntas y construir relaciones auténticas.
Cómo se ve una buena comunicación hoy
Una comunicación realmente efectiva empieza por sustituir las suposiciones por curiosidad. Es muy fácil creer que sabemos por qué alguien piensa de determinada manera o por qué actuó como lo hizo. El problema es que muchas veces estamos equivocados.
En lugar de preparar inmediatamente una respuesta para defender nuestra postura, resulta mucho más útil hacer otra pregunta. En vez de intentar demostrar que tenemos razón, conviene tratar de entender qué piensa la otra persona y por qué. Al respecto, la investigación del Greater Good Science Center de la Universidad de California, Berkeley, ha señalado que la curiosidad puede ayudar a construir relaciones más sólidas y favorecer una mejor conexión entre las personas.
Antes de sacar conclusiones, basta con hacerse dos preguntas muy sencillas: ¿Qué información me falta? y ¿estoy intentando tener razón o realmente quiero entender? Ese pequeño cambio de actitud puede evitar una enorme cantidad de malentendidos.
Y hay otro elemento que suele pasar desapercibido: escuchar.
En medio de notificaciones, teléfonos, correos y todo tipo de distracciones, prestar verdadera atención se ha convertido en algo bastante poco común. Escuchar de verdad implica no estar preparando mentalmente la respuesta mientras la otra persona todavía habla. Significa apartar el teléfono, hacer preguntas cuando sea necesario y demostrar que se ha entendido lo que el otro acaba de decir antes de ofrecer una solución.
Si bien Buffett obtuvo su certificado de Dale Carnegie hace más de siete décadas, la idea que aprendió entonces no podría resultar más actual. La tecnología seguirá transformando nuestra manera de trabajar y la inteligencia artificial continuará asumiendo tareas que antes requerían horas de trabajo humano.
Pero hay algo que no cambia: las personas seguimos necesitando confiar, sentirnos comprendidas y saber hacia dónde vamos.
Fotos de @ndahanimwenda | Roger Ebert | THR
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