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Tuve anorexia y ahora soy madre: esta es mi historia (y sí, fui al psicólogo tres veces a la semana)
Familia, maternidad y niños

Tuve anorexia y ahora soy madre: esta es mi historia (y sí, fui al psicólogo tres veces a la semana)

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Hace unas semanas hablamos con mujeres que habían decidido no dar el pecho, por unas razones o por otras. Allí conocimos a Saray, una joven de 28 años con una historia impactante de trastornos alimenticios y remontadas que la llevaron a tener a su bebé: una niña de tres años. Ella nos cuenta cómo superó la anorexia y cómo se vive un embarazo mientras libras una batalla en tu mente contra la báscula y el peso.

La primera pregunta es inevitable para comprender tu experiencia. ¿Cuáles fueron los desencadenantes que provocaron tu anorexia?

 "Íbamos a casa de mis amigas a vestirnos todas juntas y se prestaban ropa. Pero yo nunca podía, porque nada era mi talla."

"No existe una razón concreta que lo explique todo. Decir que la hay sería reducir este problema a algo muy sencillo. Y realmente no lo es. Comencé en la adolescencia, como la mayoría de nosotras. Me veía más gorda que mis compañeras de clase, los chicos me insultaban y me sentía una mierda. Recuerdo mucho cuando íbamos a casa de mis amigas a vestirnos todas juntas y se prestaban ropa. Pero yo nunca podía, porque nada era mi talla.

Para mí adelgazar era fundamental. Pero tenía 13 años, no tenía ni idea de que existieran dietas, nutricionistas o cosas así. Así que decidí dejar de comer. Y adelgacé y vi que funcionaba. Así que continué matándome de hambre y cuando caía en la tentación y comía algo me daba cargo de conciencia y lo vomitaba."

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¿Fue ahí cuando te diagnosticaron?

"Me pilló un profesor del colegio y avisó a mis padres. Mi madre siempre decía que ella pensaba que había perdido peso por el estirón, pero ahora que yo también soy madre creo que simplemente no quería verlo.

Me llevaron al psicólogo que dijo que padecía bulimia y anorexia. Hasta entonces ni sabía que son dos trastornos diferentes. No dejé jamás de ir al especialista desde entonces. Pero no siempre quise hacerlo, así que empeoré y me ingresaron durante varios meses."

¿Por qué no querías hacerlo?

"No quería reconocer que yo tuviera ese problema. En mi época era como llamaban los niños a las chicas más delgadas para hacer daño. Era algo peyorativo, no era como tener una gripe."

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¿Cuándo te quedaste embarazada ya estabas recuperada?

"No te recuperas de una cosa así. Una persona con anorexia como yo siempre tiene el conflicto interno con la comida. Pero habían pasado ya casi cuatro años desde que me ingresaron y había construido una vida. Me contrataron, conocí a mi pareja, tenía mi casa... Esas cosas ayudan con la autoestima y te hacen tomar conciencia de tus responsabilidades. También con tu cuerpo.

"Tenía que pesar al menos 52 kilos para que un embarazo fuera viable."

Cuando mi marido y yo decidimos quedarnos embarazados lo primero que me dijeron es que tenía que pesar al menos 52 kilos para que un embarazo fuera viable. Esa fue mi primera alerta, porque me asusté al pensar en “engordar”. Incluso aunque fuera para algo que los dos queríamos tanto. Así que quise cortarlo de raíz y se lo conté a mi psicólogo, que me ayudó a lidiar con el sofocón."

Si ganar peso para quedarte embarazada te supuso esta angustia, ¿cómo fue verte con la tripita?

"No te voy a mentir, fue un camino duro. Me costó mucho quedarme embarazada, al final había maltratado muchísimo mi cuerpo. Tuve que hacerme tratamientos de fertilidad. Pero al final pasó. Durante todo el proceso tuve sesiones con mi psicólogo tres veces a la semana. También tenía revisiones médicas muy a menudo y la enfermera comprobaba mi peso y mi porcentaje de grasa. 

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"Yo seguía teniendo ese trastorno alimenticio dormido en mi mente."

Yo no quería mirar. Me veía enorme, especialmente esos primeros meses en los que la tripa aún no sale y te hinchas por todos lados. Tuve tentaciones innombrables, desde volver a dejar de comer hasta abortar porque no me veía capaz de seguir. Fue un reto durísimo que me hizo darme cuenta de que, aunque mi cuerpo ya no corra riesgo físico, yo seguía teniendo ese trastorno alimenticio dormido en mi mente."

¿Qué ocurrió cuando salió la tripa?

"Como era tan delgada enseguida se notó. A los 5 meses parecía una boa constrictor y era un tipo de cuerpo con el que yo lidiaba mucho mejor. Me gustaba frotarme la tripa y me sentía más en paz conmigo misma. Eso sí, quise prevenir y continué visitando al psicólogo muy a menudo por si tenía alguna recaída."

¿Al dar a luz cómo te sentiste?

"Fue algo duro. Yo sabía que era carne de cañón para una depresión postparto y se me juntó todo. Me veía fofa y con el cuerpo deforme. Ahí me di cuenta realmente de que aunque comiera bien y tuviera un peso adecuado, psicológicamente seguía teniendo predisposición a regresar a mis trastornos. Pero no quise jamás ser una madre que contagiara sus problemas a su hija.

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"Prefiero no haber dado de mamar a mi hija que haber recaído."

Eso sí, sentí que podía cruzar el límite y quise ponerle freno. Por eso pedí la pastilla que evita que suba la leche, porque si me veía el pecho hinchado además de la barriga no sabía si podría soportarlo. A día de hoy no me arrepiento. Prefiero no haber dado de mamar a mi hija que haber recaído y que mi hija tuviera una madre con anorexia como modelo. ¿Imaginas que traumático puede ser eso?"

¿Te has sentido juzgada por la gente a tu alrededor?

"Por supuesto que sí, todo el mundo tiene algo que decir. Desde señoras que me preguntaban que cómo podía no dar el pecho a mi hija y renunciar a ese vínculo hasta una psicóloga, a la que fui una vez, que me dijo que yo no debería ser madre porque iba a contagiar mi obsesión con el peso a mi hija y me hizo sentir culpable."

¿Y ahora? ¿Dónde quedan todas estas idas y venidas?

"Aún tengo pensamientos e impulsos negativos, no te voy a decir que no. Creo que el control de la comida es algo con lo que viviré siempre. Pero también tengo claro que mi hija es lo primero y que no puedo recaer. Por ella, por mi marido y por mí. Hemos decidido que no queremos tener más hijos, pero mis trastornos alimenticios no tienen nada que ver. Simplemente, no nos apetece.

Tengo una familia maravillosa que siempre me apoya y he conseguido verme un poco más como me ven ellos y un poco menos como me veo yo. Me cuido, hago deporte, trabajo como la que más y aún saco tiempo para seguir yendo a terapia y recoger a la peque del colegio. ¡Qué me digan que lo hago mal!"

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Fotos | Unsplash, To the bone, Secreto compartido.

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