Las tres maneras en las que, sorprendentemente, vivir en pareja me hizo ser más independiente

Las tres maneras en las que, sorprendentemente, vivir en pareja me hizo ser  más independiente
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Antes de hacer las maletas y mudarnos juntos, yo entendía el compartir piso con mi pareja como un paso gigantesco que era necesario considerar a fondo y que podía suponer, potencialmente, el fin de mi adorada independencia. La noticia me supuso muchas bromas de amigos y familiares. "Se te acabó dormir con la tele encendida", "ya no podrás ir en pelotas por la casa" y un largo etcétera. En mi cabeza, el camión de mudanzas era el sinónimo del fin de mi libertad y, aún así, di el paso. Y con ello aprendí a ser mucho más independiente.

¿Por qué me fui a vivir con él si tenía miedo? Pues porque le quiero y queríamos dar un paso más en nuestra relación, como imagino pasa a todo el que se va a vivir en pareja. El miedo al cambio no debería ser un motivo para no hacer algo. La idea es que al final compense, sin importar la pérdida de independencia. Y resultó que al final no solo compensó, si no que aprendí a ser más independiente de lo que lo he sido en toda mi vida, y estos son los porqués.

Crear mi propio espacio, a mi imagen y semejanza

Está muy bien hablar continuamente con tu chico por Whatsapp o querer hacer todo juntos, pero de vez en cuando es necesario echarse de menos, nutrir nuestras propias necesidades y pensar un poco (solo y exclusivamente) en ti. Para ello hay que encontrar ese hueco fijo y reservado en el que, aunque viváis juntos, cada uno está a su rollo y en su propio mundo.

 

En nuestro caso, eso ocurre después de cenar. A él le gusta el scroll infinito de Instagram mientras hace música en su portátil. A mi me gusta comer chocolate mientras navego por Asos y tengo el canal Discovery de fondo. "Cada loco con su tema" es el motto de este preciado ratito. Por que, aunque tenemos muchísimo en común y hacemos muchas cosas juntos, también somos personas diferentes, con distintos intereses, hobbies y necesidades.

Al final del día, si hemos pasado todo el tiempo juntos y no hemos nutrido nuestros espacios personales, no tendremos nada nuevo que contarnos o con lo que sorprendernos. En mi propia experiencia, hacer de un momento del día "tu momento del día" ayuda a desarrollar la autoestima y a mantenerte una persona divertida e interesante, independientemente de que estés casada, soltera o mediopensionista.

Recrearme en mis rarezas y en las cosas que me hacen diferente

Hasta este momento nunca me había planteado si era rara o del montón. En mi casa hacía lo que me daba la gana, sin pararme a pensar si sería extraño desayunar pizza fría. Y cuando decidimos mudarnos juntos comencé a mirar con lupa todos mis comportamientos. ¿Qué iba a pensar él si llegaba a casa y me encontraba metida en la cama con una peli un martes a las siete de la tarde?

Pero entonces nos encontramos los dos bajo el mismo techo y no fue tan grave. De hecho, fue genial. Él adoptó algunos de mis hábitos y respetó los que no compartía, y viceversa. Al fin y al cabo, la independencia no es decir "esto es lo que quiero, así es como encajas en mi vida y si no te gusta, fuera". Más bien lo contrario: encontrar el equilibrio, ser flexible y disfrutar de las cosas diferentes que tu pareja aporta a tu vida.

Y fue así, disfrutando de sus extrañas manías como redescubrí y volví a enamorarme de las mías. Fui consciente de todo lo difícil que aporto a nuestro equipo, pero también (y mejor aún) de todo lo bueno, diferente y asombroso que traigo conmigo. Y eso es un subidón que te pasas que te hace adorar tu individualismo y las cosas que te hacen distinta.

 

Romper mi propio techo

Ser totalmente independiente supone depender únicamente de mi misma, para lo bueno pero también para lo malo. Esto significa que soy yo la que creo mi propio techo de cristal, limitado por mis miedos y por la visión que tengo de mis capacidades. Y seamos sinceros, uno siempre tiende a infravalorarse.

Sin embargo, vivir con él me hizo cambiar esta perspectiva y verme a través de sus ojos en vez de los míos. ¡Y vaya cambio! Obviamente, alguien que nos quiere siempre nos va a ver de una forma mucho más bella, fuerte y capaz que nosotros mismos, pero no fue hasta que vivimos juntos que esa imagen 3.0 de mi caló hondo. Y es que ya se sabe que para que algo se convierta en hábito tiene que ser repetido diariamente.

Así, con el apoyo y boost de amor propio que te aporta vivir en pareja terminé retándome, queriendo ser mejor y creyéndome capaz de conseguirlo. Me hice más grande, más atrevida y ese techo que antes me ponía yo sola desapareció con la ayuda de otro. Y es que a veces necesitamos un empujoncito para ser independientes, y no hay nada de malo en ello.

 

A día de hoy, me siento más fuerte e independiente que nunca. Parece ser que en la confianza que se construye viviendo en pareja encontré el espacio para ser yo misma al completo, pidiendo lo que necesito, usando mi voz y compartiendo esta versión mejorada de mi misma con alguien que mola mogollón. Se ha hablado mucho de las cadenas y los barrotes que conlleva el vivir en pareja, pero no de las alas que pueden salirte.

Fotos | @puuung1, Pexels.

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