La memoria es una de las capacidades cognitivas esenciales del ser humano: gracias a ella podemos guardar la información que vamos procesando y volver a acceder a esos datos o experiencias cuando los necesitamos. En otras palabras, nos permite retener lo vivido y utilizarlo más adelante.
Pero más allá de “guardar y recuperar” recuerdos sin más, la memoria es un sistema mucho más complejo, formado por distintos procesos que se ocupan de gestionar diversos tipos de información, cada uno con funciones y objetivos específicos. Y además de ejercitarla con ejercicios mentales, el deporte también puede ayudarnos a mantenerla en perfecto estado.
La actividad física moderada, clave para mantener la memoria
Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association y recogido por la Harvard Gazette, analizó los datos de casi 19.000 mujeres estadounidenses de entre 70 y 81 años procedentes del Nurses' Health Study, uno de los seguimientos médicos más extensos que se han llevado a cabo en todo el mundo. Lo que encontraron los investigadores de la Harvard School of Public Health tiene mucha miga.
Las mujeres que hacían más actividad física (concretamente, las que caminaban al menos seis horas a la semana), tenían un riesgo un 20% menor de sufrir deterioro cognitivo que las que llevaban una vida sedentaria. Pero lo más llamativo no es ese porcentaje. Lo más llamativo es lo que encontraron al medir su rendimiento cognitivo: funcionaban como si tuvieran tres años menos de los que realmente tenían.
Tres años menos en términos de memoria y función cognitiva puede parecer poco a primera vista. Pero realmente, a estas edades, tres años de diferencia en la salud del cerebro es una distancia enorme.
La investigadora principal del estudio, Jennifer Weuve, de la Harvard School of Public Health, lo resumía así: caminar es una actividad popular, accesible y barata que, además de los beneficios conocidos sobre el corazón, los pulmones o la diabetes, también parece frenar el deterioro cognitivo. Y añadía algo que merece la pena subrayar: para las mujeres mayores capaces de dedicar varias horas semanales a la actividad física, su función cognitiva era comparable a la de alguien varios años más joven.
Estudios posteriores vinculados al Harvard Aging Brain Study también han encontrado que caminar con regularidad se asocia con un deterioro cognitivo más lento y menor acumulación de proteínas cerebrales relacionadas con el Alzheimer. Y en investigaciones recientes también sugieren que caminar entre 3.000 y 7.500 pasos al día puede retrasar el deterioro cognitivo entre 3 y 7 años en personas con riesgo de Alzheimer.
Cuánto hay que caminar, exactamente
El estudio apunta a seis horas semanales como el umbral en el que los beneficios cognitivos son más claros. Eso son menos de una hora al día, o algo más de cincuenta minutos si prefieres descansar un día a la semana.
Lo importante, eso sí, es que no vale pasear mirando el móvil sin despegar los pies del suelo. El ritmo importa, ya que hay que caminar a paso ligero. No tiene que ser una caminata de competición, pero sí lo suficientemente activa como para que el corazón lata un poco más rápido de lo habitual y que puedas mantener una conversación sin perder el aliento.
Al final, lo más interesante de este tipo de estudios es que nos recuerdan algo que tendemos a olvidar: que no hace falta sufrir para cuidarse. Vivimos en una época en la que parece que el deporte se ha vuelto muy exigente, muy técnico, muy de récords y de aplicaciones que te cuentan cuántas calorías has quemado hasta en el baño. Y eso está bien para quien le gusta. Pero para muchos de los que estamos en la cincuentena y más allá, hay una barrera psicológica que nos impide ponernos en marcha: pensar que si no vas a hacerlo bien, o no vamos a ser capaces, es mejor no hacerlo.
Y aquí Harvard nos dice que no. Que ponerse las zapatillas y salir a caminar con regularidad y a buen ritmo, ya es es un paso que genera beneficios para nuestra salud en general, y sobre nuestro cerebro en particular.
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