Si algo nos gusta de una buena reforma, es conseguir que visualmente que el espacio de una sensación de mayor amplitud. Una cocina minúscula puede pasar a ser un lugar mucho más acogedor si tiene en mente un buen proyecto, por eso estábamos buscando un poco de inspiración. Ahí fue cuando dimos un vídeo en redes que mostraba la obra que llevaron a cabo Kevin Brost e Ian Hampton en su casa vacaciones en Door County, Wisconsin. Una cocina diminuta de una cabaña de estilo cottage que ahora parece un spot de revista.
La cocina de la que estamos hablando, tenía unos 13 metros cuadrados y conservaba el mismo aspecto desde hacía décadas. El suelo de linóleo, los muebles de madera oscura y los antiguos electrodomésticos blancos le daban ese aire anticuado súper típico de muchas casas de pueblo de antes.
El cambio radical de la cocina
Con la reforma, la pareja buscaba reordenar el espacio, pero manteniendo esa esencia rústica de la cabaña. Además, querían un lugar donde poner hacer comidas familiares, sentando hasta a seis personas entorno a una mesa. Para que todo quedase perfecto, la arquitecta Joy Shields fue quien estuvo al mando del proyecto.
Lo cierto es que, cuando empezaron con las obras, se dieron cuenta de que espacio era tan reducido que resultaba imposible integrar la nevera dentro de la propia cocina. Por eso, Kevin e Ian optaron por trasladarla al lavadero, situado justo al lado. Claro está que no se trata de una distribución habitual en una vivienda de uso diario, pero en una casa vacacional puede ser de lo más funcional si lo que buscas es aprovechar mucho mejor el resto de la cocina.
Al sacar la nevera de la cocina, se liberó el espacio necesario para incorporar una mesa alta con encimera de madera de fresno procedente de el propio jardín y un banco corrido con cajones de almacenaje integrados. Así la cocina puede acoger tranquilamente a seis personas. Además, se prescindió también de los armarios superiores, dejando la cocina más despejada y luminosa.
Mientras, la zona de los fuegos así como el fregadero, se mantuvieron en su ubicación original, todo un alivio, porque así evitaban modificar las instalaciones y no pasarse tanto con el presupuesto.
Rojo y blanco: los colores protagonistas
Para la paleta cromática se optó por una combinación de tonos burdeos y blancos cálidos en busca de este estilo cottagecore que está tan de moda. De esta forma, conviven el aire rústico y campestre con el estilo más actual y moderno, haciendo un match perfecto.
El suelo de linóleo original se sustituyó por piedra natural, además se encargaron también de nivelar la base, ya que tenía unas cuantas irregularidades. Como toque final, la decoración también fue clave. Aquí se decantaron por ilustraciones de manzanas, así como otros toque con piezas antiguas de distintos lugares que aportan dan un extra de carácter a la cocina.
Fotos | @walkerspointitalianate
En Trendencias | Cinco maravillas low cost del diseño que podemos encontrar en Ikea, según un interiorista profesional
Ver 0 comentarios