¿Quién dijo que en los 60 toca bajar el ritmo? La ciencia apunta justo lo contrario

Cada vez más estudios apuntan a que llegar a los 60 no es el inicio de un declive, sino un punto de equilibrio en el que experiencia, estabilidad y bienestar se alinean de forma sorprendente

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Nacho Viñau

Editor

A medida que pasan los años, solemos fijarnos más en lo que creemos que perdemos que en lo que ganamos. Estamos preocupados (y con razón) por los dolores de rodillas, por las arrugas que nos van saliendo en la cara, por las alas de murciélago o por los despistes que sufrimos a diario. 

Pero más allá de esos aspectos, que podemos combatir, o al menos, rebajar, llevando una vida activa y una alimentación saludable, cada vez más estudios apuntan a que llegar a los 60 no es el inicio de un declive, sino un punto de equilibrio en el que experiencia, estabilidad y bienestar se alinean de forma sorprendente. Y no, no decimos esto como premio de consolación. Es que quizás es el momento de poner en valor esas cosas buenas de las que se pueden disfrutar a los 60. Y no lo decimos nosotros, lo dice la ciencia. 

En un estudio publicado en la prestigiosa revista Intelligence revela algo que muchos ya sospechábamos: nuestro cerebro alcanza su pico de rendimiento entre los 55 y los 60 años. ¿Y qué significa eso? Que la edad de oro de nuestras capacidades mentales no está en la juventud, sino que está en plena madurez.

El estudio que está revolucionando lo que sabíamos sobre el envejecimiento

El psicólogo Gilles Gignac, de la Universidad de Australia Occidental, y su equipo se propusieron ir más allá de los típicos estudios sobre memoria y razonamiento. Decidieron analizar 16 dimensiones psicológicas diferentes: desde la capacidad de memorización y el procesamiento de información hasta la inteligencia emocional, la estabilidad emocional, el razonamiento moral y la resistencia a los sesgos cognitivos.

Los 60, nueva edad dorada

¿El resultado? Mientras algunas capacidades como la memoria de trabajo o la velocidad de procesamiento empiezan a declinar después de los 30, otras muchas siguen mejorando década tras década. 

El sentido de la responsabilidad alcanza su punto máximo alrededor de los 65 años, mientras que la estabilidad emocional llega a su cúspide cerca de los 75, y la capacidad para resistir los sesgos cognitivos (esos atajos mentales que pueden llevarnos a decisiones irracionales o menos acertadas) puede seguir perfeccionándose hasta los 70 u 80 años. Dimensiones menos comentadas, como el razonamiento moral , también parecen desarrollarse plenamente a partir de los 60.

Al combinar los distintos factores estudiados en este análisis, surgió un patrón. El  funcionamiento mental general alcanza su punto máximo entre los 55 y los 60 años, antes de comenzar a declinar alrededor de los 65 años. Ese declive se acelera después de los 75 años, lo que sugiere que en la vejez, la disminución de las capacidades puede acelerarse una vez que ha comenzado.

Por qué los grandes líderes suelen tener más de 50

Este estudio explica algo que vemos constantemente en el mundo real: los puestos de mayor responsabilidad en política, empresas y organizaciones suelen estar ocupados por personas en sus 50 y 60. No es casualidad, es biología.

Cuando necesitas combinar conocimiento técnico, capacidad de análisis, inteligencia emocional, experiencia y buen juicio bajo presión, las personas de esta edad están en su momento óptimo. Han visto suficiente como para anticipar problemas, tienen la madurez emocional para gestionar crisis y poseen el criterio que solo dan los años. Es la edad en la que, literalmente, lo tienes todo: la experiencia de haber vivido, la energía para seguir activo y las herramientas mentales más afinadas de tu vida.

Aún así, las personas mayores de 50 siguen siendo uno de los grupos con más dificultades para reincorporarse al mercado laboral tras un despido. Es lo que se conoce como edadismo. Los empleadores suelen ver a las aspirantes a un puesto de trabajo de más de 50 como personas que ya van con los tiempos, o los ven como "una inversión a corto plazo", dado que van camino de la jubilación. También hay límites de edad en muchos trabajos, con profesionales que son expulsados directamente al cumplir determinados años. 

El argumento suele ser que estos trabajos requieren niveles excepcionales de memoria y atención. Pero ¿y si estamos enfocándolo mal? ¿Y si hay otros roles donde estas personas podrían aportar un valor inmenso precisamente por su edad? En Alemania, ya está sucediendo. Ante la próxima jubilación de más de 5.000.000 millones de trabajadores, y ante el declive demográfico del país germano que está provocando que haya problemas para no poder cubrir puestos de trabajo, el gobierno quiere que las personas que se jubilen puedan trabajar más tiempo cobrando hasta 2.000 euros al mes libres de impuestos.

Redefinir lo que significa envejecer

Este estudio es mucho más que un dato curioso. Es una llamada a repensar completamente cómo vemos el envejecimiento en nuestra sociedad. Porque aunque en Occidente seguimos anclados en la idea de que el declive empieza en cuanto sales de la treintena, la realidad es mucho más compleja. Y también,  mucho más esperanzadora. Hay capacidades que mejoran con la edad. Hay formas de inteligencia que solo se desarrollan con el tiempo. Hay un valor único en la experiencia vivida.

Los 60 nueva edad dorada

"Nuestras capacidades psicológicas no están fijadas a los 25 años", insiste Gignac. "Evolucionan. En muchos casos, los individuos están en su nivel más alto de competencia a los 55 años. Es tanto un mensaje esperanzador como una llamada a repensar la manera en que valoramos la experiencia".

Además, la situación varía de una persona a otra. Las investigaciones han demostrado que, aunque algunos adultos experimentan una disminución en la velocidad de razonamiento y la memoria con la edad, otros conservan estas capacidades hasta edades avanzadas. Por lo tanto, la edad por sí sola no determina el funcionamiento cognitivo general. Las evaluaciones deberían basarse en las capacidades y características reales de cada individuo, en lugar de en suposiciones relacionadas con su edad.

Al final, lo que nos dice este estudio es algo liberador: no hay que tener miedo de cumplir años. Sí, quizá tardemos un poquito más en recordar dónde dejamos las llaves, pero también somos mejores gestionando conflictos, tomando decisiones difíciles, entendiendo situaciones complejas y, en definitiva, navegando por la vida con más criterio y menos drama. 

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