Cuando vives con ansiedad aprendes a detectar los síntomas casi de forma instintiva. El pulso acelerado, la respiración agitada, los pensamientos intrusivos, la sensación de ahogo o presión en el pecho… Hasta te das cuenta, si trabajas en ti misma lo suficiente, de que uno de los primeros síntomas es que te cueste concentrarte. Pero hay ocasiones, según el psiquiatra Fernando Mora, que esas alarmas no son ansiedad: son señales de agotamiento.
Asegura Mora, que además de médico psiquiatra es profesor en la Universidad Complutense de Madrid, que “muchas veces no es ansiedad, es falta de descanso. No es depresión, es agotamiento emocional acumulado”. Lo que explica el experto es que eso que identificamos como síntomas, en realidad no lo son, son mensajes que nos manda nuestro cerebro porque “la mente grita lo que el cuerpo calla”. La frase nos sirve para recordar que no todo síntoma mental es patología, pero necesita que aclaremos ciertos matices.
@doctormora_ La mente 🧠 grita lo que el cuerpo calla 🤫 #reflexiones #inspiracion #psiquiatría #psicologia #saludemocional #saludmental #bienestaremocional
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El agotamiento, ya sea por estrés sostenido en el tiempo, falta de sueño y/o sobrecarga emocional, produce síntomas mentales reales y similares a los de un cuadro de ansiedad o depresión. El cuerpo agotado altera el eje estrés–cortisol, la regulación emocional y el sistema nervioso autónomo y la mente empieza a fallar como consecuencia, no como causa. Por ejemplo, a nivel cognitivo, ansiedad y agotamiento provocan dificultad para concentrarse, rumiación mental, olvidos, niebla mental y toma de decisiones más lenta. En ambos casos, el cerebro está en modo supervivencia. A nivel emocional también hay síntomas compartidos, como irritabilidad, baja tolerancia a la frustración, emociones desbordadas, sensación de estar al límite, desconexión emocional o despersonalización (no soy yo).
A nivel físico, también comparten señales como el cansancio persistente aunque duermas, la tensión muscular, los dolores de cabeza y molestias digestivas o la presión en el pecho. En ambos casos, tanto cuando tenemos ansiedad como cuando sufrimos agotamiento, tu cuerpo activa el sistema nervioso simpático que nos pone en alerta constante. La ciencia asegura que existe una relación significativa entre el agotamiento emocional y los síntomas de ansiedad, aunque no siempre sean exactamente lo mismo, y eso provoca que haya ocasiones en que confundamos uno con el otro. De hecho se sabe que la ansiedad es un predictor significativo del burnout.
El problema de esto es que corremos el riesgo de etiquetar como ansiedad o depresión lo que en realidad es agotamiento. En los casos de agotamiento, los síntomas mejorarían con descanso real y no existe anhedonia marcada ni una tristeza profunda persistente. Es decir, no es una enfermedad mental en sí, sino un sistema que lleva tiempo funcionando en modo emergencia. Ahora bien, lo que no podemos hacer es usar la frase de Mora como un minimizador y asegurar que en todos los casos no es depresión o ansiedad sino cansancio, porque a veces sí lo es aunque haya cansancio de base. Si los síntomas no mejoran con descanso, existe una tristeza profunda la mayor parte del día, una ansiedad interna sin causa externa clara o pérdida de interés en casi todo, podríamos estar ante un problema de salud mental como depresión o ansiedad.
El agotamiento puede generar síntomas mentales, pero los trastornos mentales también generan agotamiento y ambos pueden coexistir y retroalimentarse. Incluso podemos afirmar que el agotamiento emocional es un factor de riesgo y la ansiedad o la depresión son posibles desenlaces si se mantiene en el tiempo. Sea lo que sea, si sientes que algo no va bien lo mejor es acudir a un especialista evalúe lo que ocurre para que pueda ayudarte y poner remedio a eso que te hace sentir mal.
Fotos | TikTok @doctormora_, Joice Kelly en Unsplash
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