Hay temas de los que preferimos no hablar. La muerte, el testamento, la herencia... Son conversaciones incómodas que solemos postergar indefinidamente, pensando que ya habrá tiempo más adelante. Pero la realidad es que esa procrastinación puede salir carísima.
David Jiménez, abogado especializado en derecho sucesorio, ha explicado en un vídeo en Instagram un caso que deja claro lo importante que es hacer testamento y que debería hacernos reflexionar a todas las personas que tienen 40 o 50, y que todavía no han planificado a quien dejarán sus bienes, por escasos que sean.
Cuando tu pareja es legalmente un desconocido
Todo empezó cuando el cliente de este abogado falleció, dejando en herencia a su pareja un patrimonio valorado en torno al millón de euros. Hasta aquí, nada fuera de lo normal. El problema fue que no estaba casado con su pareja. Ese pequeño detalle, que para muchos no tiene importancia, es clave para entender lo que pasó. Aunque eran pareja, al no estar casados ni ser pareja de hecho registrada, para Hacienda, estas dos personas eran extrañas.
Según explica este abogado en un vídeo en Instagram, la pareja de su cliente "pagó un porcentaje del 52% de impuestos, 495.000 euros. Y claro, la gente no tiene esa cantidad para pagar impuestos". Dicho en otras palabras, casi la mitad del patrimonio heredado se fue en impuestos. Una cifra que resulta difícil de digerir y que puede poner contra las cuerdas a cualquiera, por muy saneadas que estén sus finanzas.
La razón detrás de esta sangría fiscal tiene nombre y apellidos: el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Este impuesto funciona con una escala progresiva que tiene en cuenta el grado de parentesco entre el fallecido y el heredero. Cuanto más cercano sea el lazo familiar, menor será el tipo impositivo. Y aquí es donde viene el mazazo para las parejas de hecho no registradas y las parejas no casadas.
"A medida que te alejas de parentesco, en este caso, si es tu pareja, pero no estás casado ni eres pareja de hecho, eres un extraño oficialmente", explica Jiménez. La ley es clara: si no hay un documento oficial que acredite vuestra relación, da igual que llevéis 20 años juntos, que tengáis hijos en común o que compartáis hipoteca. Para Hacienda, sois dos desconocidos.
"Por tanto, le has dejado tu patrimonio a un extraño, y tributa como un extraño", explica el abogado. Realmente, esta situación se podría haber evitado, ya que con una planificación mínima, el resultado habría sido radicalmente diferente. "De ahí la importancia de contar con una buena planificación. Si se hubiera planificado un poco, hubiera pagado 5.000 euros", revela David Jiménez. La diferencia entre planificar y no planificar fue de 490.000 euros.
Por qué seguimos sin planificar
A pesar de casos como este, que demuestran de forma contundente la importancia de la planificación sucesoria, muchos seguimos sin hacerlo. ¿Por qué? Las razones son variadas. Está la superstición de que hablar de la muerte la invoca. Está la pereza de enfrentarse a trámites burocráticos, el pensar que el momento de nuestro fallecimiento está muy lejano, resumido en la frase "ya me ocuparé cuando sea mayor". Y está, sobre todo, el desconocimiento.
Muchas parejas no saben que, al no estar casados ni registrados como pareja de hecho, están en una situación de absoluta vulnerabilidad fiscal. Creen que el simple hecho de convivir durante años, de tener hijos juntos o de compartir bienes les otorga algún tipo de protección legal.
Pero no es así. La ley es fría y objetiva: o hay un papel oficial que os vincule, o sois extraños. Y más allá de los problemas para heredar, o sobre derechos automáticos sobre la vivienda, también se pierden otros derechos como la pensión de viudedad.
La lección de esta historia es clara: no podemos seguir posponiendo las conversaciones difíciles. Planificar una herencia no es de mal agüero ni significa que estemos obsesionados con la muerte. Es, simplemente, un acto de responsabilidad y de amor hacia las personas que más nos importan.
Si no estás casado con tu pareja y lleváis años juntos, pregúntate: ¿qué pasaría si uno de los dos faltara mañana? ¿Está el otro protegido económicamente? ¿Sería capaz de afrontar la factura fiscal que vendría después? Si la respuesta a estas preguntas te genera inquietud, quizá sea el momento de actuar.
Fotografías | 8photo para Freepik, @davidjimenezabogado, Pressfoto para Freepik
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