La ciencia del timing: la bioquímica francesa 'Diosa de la glucosa' aclara cuándo comer antes de entrenar

Ir al gym en ayunas no te hace más fuerte por arte de magia, pero comer sin pensar tampoco ayuda

Jessie Inchauspé
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Joel Calata

Editor

Antes de entrar en faena con ciencia, músculos y estómagos que rugen, imagina la típica duda que tenemos todos antes de ir al gym o salir a correr: ¿comer algo antes o mejor no tocar ni un triste plátano? Esa pregunta puede parecer simple, pero para muchos acaba siendo un lío mental del copón porque hay mil y una opiniones flotando por ahí. 

Pues bien, una bioquímica francesa ha echado un poco de luz sobre cuándo realmente merece la pena comer antes de entrenar, y la cosa tiene más miga de lo que parece.

La clave del asunto no es poner en el plato cualquier cosa y a cualquier hora, sino entender qué tipo de entrenamiento vas a hacer y cómo responde tu cuerpo a ese esfuerzo. La bioquímica Jessie Inchauspé, la misma que da vueltas por redes como la "Glucose Goddess", explicó en una de sus publicaciones que hay diferentes formas de entrenar, y que tu alimentación previa puede influir en cómo te sientes y en tu rendimiento.

Por ejemplo, para ejercicios suaves o de intensidad moderada (esas caminatas largas, un trotecillo tranquilo o una clase bajita de ritmo) no es obligatorio zamparte algo antes porque tu cuerpo puede tirar bastante bien de las reservas sin que pase nada grave. 

En esos casos, ir con el estómago más ligero de lo normal puede incluso sentirse cómodo y no merma tu rendimiento.

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Ahora bien, cuando la cosa empieza a ponerse seria como en entrenamientos de alta intensidad como pesas duras, HIIT o sprints, aquí ya hay que hablar de combustible. Inchauspé señala que en estos escenarios tu cuerpo va a pedir glucosa como si no hubiera un mañana, porque el esfuerzo rápido y explosivo tira de ese "gas" para mover músculos y mantener el ritmo. Si no le das algo de energía antes, lo más normal es que te quedes chocando contra el muro de la fatiga más pronto que tarde.

Así que si te toca un plan más bestia, la idea es meter algo que te dé glucosa pero sin reventar tus niveles de azúcar a lo loco, mezclando carbohidratos con un poco de proteína o grasa para que la subida sea suave y te dure hasta el final del entrenamiento. 

Esa no es una recomendación sacada de la nada, es ciencia básica de metabolización de energía que coincide con lo que otros expertos señalan sobre la importancia de carbohidratos de fácil absorción antes de quemar caña.

Y ojo, que para ejercicios bien largos o de resistencia, como esas sesiones que se estiran más de dos horas, lo ideal no es concentrar todo en una comida previa, sino pensar también en reponer energía durante el propio entrenamiento para no desfallecer a mitad de camino. Ahí la idea es mantener un flujo constante de glucosa para que las piernas no se queden sin gasolina.

Lo que nos deja este enfoque del timing y la alimentación es bastante sensato: no hay una regla universal y cerrada, sino que el "cuándo" y el "qué" dependen mucho de lo que vayas a hacer y de cómo te sienta a ti personalmente. 

Escuchar a tu cuerpo y adaptar lo que comes a tu rutina concreta puede marcar la diferencia entre una sesión sosa y otra donde te sientes fuerte y con ganas de más.

Foto de Jessie Inchauspé

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