Tenemos un estilo de vida que parece exigirnos estar constantemente corriendo. No solo a la hora de realizar tareas del día a día, también a la hora de alimentarnos tenemos prisa, y eso se refleja en la cantidad de comida que comemos. A más velocidad, más comida. Según la nutricionista Júlia Farré “si devoras la comida en menos de 10 minutos, seguramente estás comiendo más de lo que tu cuerpo necesita”, asegura, añadiendo que no es su opinión como experta sino algo que dice la ciencia.
Comer muy rápido se asocia con una mayor ingesta de comida y, en varios estudios, esto también se asocia con un mayor riesgo de sobrepeso. Aunque la relación no prueba causalidad por sí sola, todo apunta a que al comer más rápido también comemos más, justo lo que comentaba Farré en uno de sus vídeos de divulgación en redes sociales. Y comer más implica ingerir, en muchos casos, más calorías de las necesarias.
El motivo por el que comemos más es sencillo. Según Farré, “cuando comemos rápido, el cerebro no llega a recibir la señal del estómago de toda la cantidad de comida que ha llegado a comer”. Lo que ocurre cuando comemos más lentamente es que aumentan las hormonas intestinales relacionadas con la saciedad. Por el contrario, comer deprisa suele reducir el tiempo que tarda en aparecer esa saciedad, por lo que es mucho más fácil pasarse de cantidad antes de “notar” que has comido suficiente.
Aunque pueden influir otros factores como el tipo de dieta, la cantidad de actividad física realizada o los hábitos de sueño, se ha visto cierta asociación de sobrepeso a lo largo del tiempo con lo rápido que comemos. Es decir, la velocidad al comer sí importa. Según Farré, “comer más despacio es sinónimo de una menor ansiedad y mejor control del peso”. Lo bueno es que este hábito de comer rápido es muy fácil de revertir.
“¿Cómo lo puedes corregir? Lo primero baja el ritmo, come sin pantallas y puedes incluso, entre bocados, dejar los cubiertos encima de la mesa”, explicaba Farré. Evidentemente es imprescindible, como indica la experta, dedicar tiempo a masticar la comida y evitar engullirla. “Es imprescindible masticar muy bien antes de tragar”, afirma. Como si hiciéramos un ejercicio de mindfulness, concéntrate en lo que estás comiendo, en sus olores y sabores, y mastica entre 20-30 veces cada bocado como recomienda el Dr. Sebastián Aranam, experto en obesidad y cirujano bariátrico y metabólico.
Farré también recomienda dividir la comida en diferentes platos. “En vez de servirte toda la comida en un único plato, prueba a hacer un primer plato y luego un segundo plato”, explica y añade que dejes de comer antes de que el estómago esté súper lleno. La Dra. Magda Carlas señala que siempre que puedas evites comer solo y evita sentirte harto. “Recuerda que tras cada ingesta no debes buscar la sensación de estar harto, sino de sentirte sin hambre, algo muy distinto”, asegura. Este hábito es algo que los japoneses llevan siglos poniendo en práctica con el Hara Hachi Bu, que consiste en no llenar el estómago por completo y comer solo hasta sentirse satisfecho al 80%.
Con estos sencillos trucos mantenidos en el tiempo, podemos reducir la velocidad a la que comemos, reduciendo así la cantidad de comida que nos llevamos a la boca. Porque correr, a la hora de alimentarnos, no es una buena idea.
Fotos | Instagram @julia_farre_moya, Nate Johnston en Unsplash
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