Hubo una época (la corte isabelina del siglo XVI, para ser más concretos) en la que las mujeres se envenenaban lentamente con tal de parecer más pálidas. Para conseguir ese símbolo de riqueza y nobleza, muchas recurrían a cosméticos elaborados con plomo, mercurio o arsénico. El resultado venía con caída del cabello, daños neurológicos, úlceras y una intoxicación progresiva que hoy nos parece impensable en nombre de la belleza. O tal vez no...
Lo cierto es que todos estos siglos después seguimos persiguiendo ideales estéticos con una mezcla muy parecida de obsesión, presión social y amnesia colectiva. Lo único que ha cambiado es el color deseado. Ahora la piel aspiracional ya no es blanca y traslúcida como porcelana, sino permanentemente dorada, como si acabáramos de volver de una semana en Formentera (incluso si es pleno invierno). Y para lograrlo, internet ha encontrado un nuevo atajo: los sprays nasales bronceadores.
El producto viral que preocupa a los dermatólogos
Basta una búsqueda rápida en TikTok o Instagram para encontrarse con aerosoles nasales con sabores a fresa, melocotón o chicle que prometen potenciar el bronceado. El problema es que muchos contienen melanotan 2, una sustancia sintética no autorizada ni en la Unión Europea ni en Estados Unidos.
Se trata de un péptido que imita la hormona estimulante de melanocitos y actúa aumentando la producción de melanina. Es decir, que sí existe una base biológica en lo que promete, pero que algo funcione no significa que sea seguro.
Desde el Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la dermatóloga Trinidad Montero ha advertido de que estos productos son "un auténtico riesgo para la salud". Entre los efectos adversos asociados a su uso aparecen náuseas, cefaleas, fatiga, vómitos, hipertensión o cambios preocupantes en lunares y nevus preexistentes. Lo que apunta a una relación con el cáncer de piel, ya demostrada por algunos estudios.
Por su lado, la dermatóloga Marina Rodríguez Martín también alerta del auge de estos productos conocidos popularmente como "bronceadores Barbie", recordando que el melanotan no ha pasado controles sanitarios y que muchos de estos aerosoles se venden sin regulación, sin trazabilidad y con composiciones difíciles de verificar. De hecho, aún se desconocen sus efectos a largo plazo para la salud.
En Reino Unido están tan preocupados por el uso de estos productos entre los jovenes que el Instituto Colegiado de Normas Comerciales (CTSI) ha emitido una severa advertencia a los consumidores. Aunque es ilegal vender medicamentos que contengan melanotan 2 en el país, estos bronceadores se venden con fines cosméticos y quedan fuera de la restricción.
En España, no se pueden vender ni comprar legalmente productos con Melanotan 2 ya que es una sustancia no autorizada para uso en humanos y su comercialización, distribución y venta están completamente prohibidas por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Lo que no impide que los bronceadores nasales puedan llegar a nuestro país por otras vías.
El bronceado como nueva estética de estatus
Durante décadas, el moreno ha funcionado casi como un marcador visual de éxito. Coco Chanel ayudó a popularizar el bronceado en los años veinte tras aparecer accidentalmente tostada por el sol durante unas vacaciones en la Riviera francesa. Desde entonces, la piel dorada pasó de asociarse al trabajo físico al aire libre a representar ocio, viajes, tiempo libre y desahogo económico.
Hoy el algoritmo ha llevado esa idea al extremo. La estética clean girl, las vacaciones que parecen eternas de Instagram y la obsesión por parecer siempre descansadas y saludables han convertido el moreno permanente en un accesorio de moda más. El problema es que muchas veces se confunde bronceado con salud, cuando dermatológicamente hablando sucede justo lo contrario.
Porque el bronceado no es un indicador de salud cutánea sino que es una respuesta defensiva de la piel ante una agresión. En ese sentido, otra de las tendencias recientes que más preocupan a los expertos es el llamado "callo solar", una práctica viral que defiende exponerse al sol sin protección para que la piel genere una supuesta tolerancia natural. Una teoría sin ninguna evidencia científica,
La propia AEDV insiste en que el bronceado es señal de daño acumulado por radiación ultravioleta. Aunque la piel deje de quemarse con facilidad, el daño celular continúa produciéndose y aumenta el riesgo de envejecimiento prematuro y cáncer cutáneo.
Parte del atractivo de estos nuevos productos nasales reside precisamente en que se venden como una solución fácil, rápida y aparentemente menos peligrosa que tumbarse horas al sol. Pero inhalar sustancias no reguladas tampoco es inocuo. A lo que hay que sumarle la falsa sensación de seguridad cuando ningún bronceado, ni siquiera el potenciado por melanotan, evita los efectos de la radiación UV.
Resulta difícil no ver cierta ironía histórica en todo esto. Antes se enfermaba por borrar cualquier rastro de sol del rostro. Ahora algunos ponen en riesgo su salud para parecer un céntimo de euro. Cambia el ideal estético, pero no la lógica: seguimos tratando el cuerpo como un proyecto que corregir según la tendencia del momento. Cueste lo que cueste y aunque implique convertir nuestras vidas en la trama de una película de body horror.
Foto de portada | Philippe Murray-Pietsch
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