Llegó a París en 1965 con una beca y una maleta, y acabó convirtiéndose en una de las voces más influyentes de la teoría psicoanalítica y feminista del siglo XX. Julia Kristeva, filósofa, psicoanalista y lingüista búlgaro-francesa, desarrolla en uno de sus libros más leído, una teoría sobre el sufrimiento que sostiene que hablar de él no es regodearse, sino la forma de salir de ese dolor.
En su libro ‘Sol negro: depresión y melancolía’ de 1987, retoma y actualiza el ensayo de Sigmund Freud ‘Duelo y melancolía’, y asegura que “nombrar el sufrimiento, exaltarlo, diseccionarlo en sus componentes más pequeños: esa es, sin duda, una forma de frenar el duelo”. Cuando ponemos palabras a lo que sentimos, lo describimos, y lo ordenamos, empezamos a transformarlo. Según su pensamiento, el lenguaje es el primer paso para dejar de estar atrapados en el dolor y empezar a gestionarlo.
La diferencia entre sufrir una pérdida y quedarse atrapado en ella
En psicología hay una técnica que se llama ventilación emocional que consiste en dar salida a emociones que tratamos de ignorar. Reprimir las emociones daña nuestra salud mental y puede llegar a provocar problemas de salud física, así que esa ventilación emocional no es regodearse en el sufrimiento ni rumiar, sino procesar las emociones en lugar de reprimirlas. Para Kristeva alguien que no logra poner en palabras su pérdida o su dolor, es la que corre el verdadero riesgo de quedarse fijada en lo que llama melancolía, un estado en el que no conseguimos simbolizar lo perdido y nos quedamos como congelados, sin poder avanzar. Y esa melancolía de la filósofa es diferente del duelo normal.
El duelo, explica Kristeva en su libro, es un proceso que duele, pero avanza y se transforma con el tiempo. La melancolía, en cambio, es una herida que no encuentra lenguaje, un dolor que se repite sin encontrar salida. Nerval, Dostoievski y Duras, por ejemplo, son autores cuya escritura, según Kristeva, nace de ese intento de poner en palabras un dolor que amenaza con no tener nombre. “Para aquellos que son atormentados por la melancolía, escribir sobre ello solo tendría sentido si la escritura brota de esa misma melancolía”, lo que cambiaría ese proceso estático en uno creativo.
"Mi dolor es el rostro oculto de mi filosofía, su hermana muda" que escribía, es su forma de decir que el sufrimiento no verbalizado se convierte en una sombra que te acompaña en silencio.
Ese concepto de nombrar el sufrimiento del que hablaba Kristeva, está hasta avalado por la ciencia. Los estudios del psicólogo Matthew Lieberman muestran que etiquetar una emoción con palabras se reduce la activación de la amígdala, la región del cerebro implicada en el miedo y la angustia, y la psicóloga Lisa Feldman Barrett asegura que cuanto más rico es nuestro vocabulario emocional, mejor regulamos lo que sentimos, lo que se acerca mucho a ese "diseccionar" el sufrimiento de Kristeva.
La próxima vez que pienses que hablar demasiado del dolor no ayuda, piensa que, casi siempre, es el primer paso para dejarlo ir.
Fotos | Wikimedia Commons, Antoine en Unsplash
En Trendencias | Juan Evaristo Valls Boix, filósofo: "No hay nada que no esté contaminado por el exceso de productividad, por la sensación de fracaso continuo"
Ver 0 comentarios