Ser una mujer de talla grande y que te guste la moda es complicado. Quieres seguir las últimas tendencias pero las marcas -casi en el 90% de las ocasiones- no opinan lo mismo y te proponen vestir como una señora: vestidos tipo saco, pantalones holgados y colores oscuros, que ''estilicen''.
Conformarme nunca estuvo en mi ADN así que siempre he buscado alternativas: comprar en tiendas online de Estados Unidos o Reino Unido cuando casi no lo hacía nadie, solo porque eran más abiertos en el universo de la talla grande, vestir ropa vintage de mi madre o de mi abuela desde el instituto porque el tallaje antes era más amplio o, en ocasiones especiales, hacerme ropa a medida. Pero eso no siempre fue un camino de rosas (por desgracia).
Mi primer contacto con la ropa a medida: el traje de gitana y una boda importante
Mi primer vestido a medida fue un traje de gitana. Mi madre me lo encargó en El Ajolí (Huelva) cuando tenía cinco años. Ese precioso vestido en tonos rosas -mi color favorito- luego pasó a ser una falda para ir a clases de sevillanas cuando me quedó pequeño. Y así, cada tres años, mi madre me encargaba uno nuevo en esa fantasía de tienda llena de cintas de colores, zarcillos y flores secas, que luego reciclaba de otra manera. Siempre me vi guapísima con todos, pero porque -como escuché comentar una vez a Vicky Martin Berrocal- un traje de gitana favorece a todo el mundo y me lo pondría hasta para comprar el pan.
Yo en el centro con mi primer traje de gitana
Muchos años después llegó la primera boda importante: la de mi hermano. Quería ir espectacular, guapísima y me decidí por algo a medida. Era bastante más joven que ahora y la costurera presumía de haber trabajado para Vitorio & Lucchino, así que me dejé llevar por ella. Nuestros estilos y personalidades eran bastante diferentes así que digamos que acabé con algo mucho más maximalista de lo que yo esperaba.
Mi look de dama de honor
Un par de años después me tocó ser dama de honor, la novia pedía un color muy concreto así que me hice un mono a medida que no fue un fracaso, pero tampoco favorecía demasiado, aunque el resultado fue bastante mejor que en la boda de mi hermano. De estos dos fracasos aprendía algo importante: para encargar algo a medida hay que tener las ideas muy claras, ser asertiva, conocer perfectamente qué te favorece y qué no funciona con tu estilo para no acabar disfrazada.
En la boda de mi amiga con Pedro Pascal
El primer pleno lo tuve con la boda de una de mis mejores amigas. Se casaba en noviembre -boda en invierno, una fantasía- así que quería ir bastante sobria y elegante. Me fui a una tienda especialista en vestidos de invitada con una foto de un vestido de Stella Mccartney como inspiración. Ellas lo adaptaron para darle un toque más personal y el resultado fue uno de los vestidos más elegantes que he llevado nunca. Por delante era minimalista pero la espalda estaba repleta de flecos y la silueta se adaptaba a mí a la perfección. Podéis comprobarlo en la foto que tengo junto a Pedro Pascal (que en realidad eran junto a mi ex, pero él no se merece tanto salir en la foto).
Mi (segunda) boda: la prueba definitiva
Casarse por segunda vez te vuelve más pragmática que romántica: quieres ir espectacular pero ya no te apetece gastar un dineral en un vestido que solo vas a llevar una vez. Por si fuera poco, yo me casaba en Las Vegas, solos los dos y sin invitados, así que quería algo que pudiera aprovechar después en multitud de ocasiones. Y así fue.
Al menos, en lo que respecta a la falda que es la más práctica y favorecedora que he tenido nunca. Una falda blanca con costuras, corte sirena y estética minimalista que me he puesto decenas de veces: con el top negro de Lagaam que véis en la foto para una cena de antiguos alumnos de mi colegio, con una camiseta básica y un pañuelo anudado a la cintura para tomar algo, con un crop top de tirantes para salir con mis amigas y un largo etcétera.
Problema: ahora quiero vestirme a medida cada día
Una vez pruebas la ropa a medida y ves lo a gusto que te sientes, quieres llevarla a todas horas, pero no es tan barato ni sencillo acudir a una costurera cada vez que quieras comprarte algo nuevo. Por suerte, Instagram me ha descubierto auténticas maravillas como Cleá Studio, donde encargué un precioso top rojo de volantes que se adapta perfectamente a mi pecho (otro de los dramas que tengo siempre con la ropa) y que va genial con vaqueros.
O la primera americana de mi vida que no me aprieta en mis brazos con lipedema y que encargué en Sumissura. Una pieza de armario cápsula que estoy segura llevaré una y otra vez durante muchos años. Aunque no puedo mentiros, hacerse ropa a medida no es tan barato como en una tienda convencional, pero merece la pena sobre todo si como yo, estás decidida a comprar de manera más responsable (yo de hecho, no compro nada si no vendo dos prendas en Vinted) y tenemos menos, pero de mejor calidad.
Ahora que sí me veo bien, ¿Y si el problema no está en mi cuerpo?
Siempre he pensado que el problema estaba en mi físico. Demasiado pecho, demasiadas piernas o demasiados brazos. No me plantee jamás que quizás el problema no estaba en mí, si no en las tiendas. Todo se hace pequeño, para siluetas imposibles y de confección tan efímera que ni se molestan en coser bien las costuras.
Verme con ropa hecha a mi cuerpo y sentirme a gusto conmigo misma me ha dejado claro que no es que mi figura sea horrorosa, es que no me sacaba partido con ropa que de verdad me sentara bien. Está claro que el low cost no está hecho para mí y ahora entiendo a mi madre cuando me decía ''qué caro sale estar gorda, hija mía''.
Nota: Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio económico a Trendencias. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.
Fotos | @maria_barba
En Trendencias | Cómo combinar un pantalón ancho | Look elegante, casual y de sport
Ver 0 comentarios