Cuando el confinamiento se convirtió en una oportunidad para sacar cosas buenas (a pesar de todo el sufrimiento)

Cuando el confinamiento se convirtió en una oportunidad para sacar cosas buenas (a pesar de todo el sufrimiento)
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El confinamiento llegó a nuestras vidas como consecuencia de la pandemia el pasado mes de marzo y se instaló durante, al menos, tres meses en España y prácticamente en el mundo entero. Fue una época insólita y compleja en la que el ser humano tuvo que aprender a adaptarse y a parar.

Metidos en la vorágine del día a día, esta pausa (que no lo fue en absoluto) se convirtió para algunos, a pesar de los duros momentos que atravesábamos, en una oportunidad para algún aspecto de sus vidas. Hoy traemos cuatro historias maravillosas y llenas de humanidad que nos inspiran para empezar este año nuevo:

Sobre el perdón y la paz interior

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A Eva le sorprendió el confinamiento con una gran carga de trabajo, aunque en realidad había estado acostumbrada a ese ritmo frenético desde hacía 20 años. Su casa, en la que vivía sola, era un sitio en el que parar para dormir, ducharse y poco más: "Cuando decretaron el Estado de Alarma miré en la nevera y apenas tenía un huevo y un yoghurt. Te parecerá una exageración, pero igual ni siquiera era un huevo y un yoghurt", asegura.

"Empecé el confinamiento con muchísimo miedo, como todo el mundo, porque no sabíamos lo que venía. Recuerdo ir al supermercado con la convicción de que estaríamos unos días encerrados en casa... hasta que empecé a reflexionar y me di cuenta de que aquello iba a ser largo".

Los días siguientes fueron una lucha constante por abastecerse: "Recuerdo que me llamó un amigo, vecino mío, y me trajo comida; me la dejó en el ascensor: eran unas albóndigas riquísimas. Después contacté con los comerciantes del mercado de Antón Martín, que se ofrecían a llevarme la comida a casa. Me crucé con gente muy dispuesta a ayudar y algo se fue abriendo dentro de mí".

Eva fue encontrando serenidad a través de la cocina: "Ahora he descubierto un pequeño placer. Me encanta salir a diario a comprar pan, fruta... si se me antojan unas alcachofas las compro e improviso en los fogones". Y fue reflexionando sobre lo que había hecho en los últimos años y en los últimos meses. "Empecé a relativizarlo todo, a pensar que lo importante es vivir y disfrutar. A veces nos tenemos que perdonar y también tenemos que perdonar. En ocasiones las personas no están a la altura de las circunstancias, pero tampoco nosotros. Entendí que nadie es malo ni bueno; todos somos un poco malos y un poco buenos".

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Y así, de manera orgánica, comenzó a ordenar fotos, a ordenar su hogar y sus recuerdos. Y se topó con las cajas que se trajo a esa casa cuando se separó de su marido, cajas que había sido incapaz de abrir. "Según iba ordenando mi casa, iba ordenando mi vida. Me reencontré con los regalos que me había hecho él y poco a poco fui sintiéndome cada vez más tranquila y con una extraña serenidad con respecto a la relación y conmigo misma. 'La felicidad debe ser esto', pensé".

Nos habla de algo tan sencillo como encontrar paz y que le calentase el sol de abril que entraba por las tardes en su ventana. Desconectó de su trabajo (que le entusiasma) y fue haciendo cosas muy normales que no había tenido tiempo de hacer en los últimos 20 años. Y empezó a perdonar: "Me di cuenta de que había aplicado una vara de medir muy estricta para el resto pero conmigo había sido muy laxa, como si yo fuera perfecta y los demás imperfectos".

Sugiere que esta historia tal vez pueda parecer una frivolidad porque han muerto muchísimas personas y ha habido mucho sufrimiento. "He sido una privilegiada. Pienso en las personas que murieron en tremenda soledad y sin poderse despedir de nadie y es durísimo. Me llamaban amigos, familiares... porque todo el mundo sabía que estaba sola. Descubrí la cantidad de personas que me querían, me apreciaban y se acordaban de mí. Para mí eso fue un regalo".

Carrie

Ahí es donde entra su pareja. "Mi ex marido me llamaba de vez en cuando y empezó a ayudarme, se ofrecía a llevarme la compra a casa, etc. Empezamos a hablar tranquilamente y poco a poco fuimos teniendo conversaciones muy relajadas y nos aproximamos desde la confianza que siempre habíamos sentido el uno en el otro... y ahora estoy con él".

Confiesa que está con una extraña tranquilidad porque sabe perfectamente por qué se separó de él pero también es consciente de que vivía una situación muy especial en la que no tenía tranquilidad ni paz. Se enfrentaba a muchos problemas y, como muchos, creía y quería que todo se resolviera rápidamente. "Y las cosas no se resuelven en cinco minutos e igual tampoco en cinco días. Igual hay que dejar pasar el tiempo, respetarse, darse espacios, pensar que en una pareja nadie es malo ni bueno, sino que todos cometemos errores", reconoce Eva.

Eva asegura que está convencida de que hay que disfrutar de la vida minuto a minuto, de las cosas que uno tiene. De ver salir el sol por la mañana, del desayuno que te preparas, el café... de las cosas normales. Porque no sabes lo que te van a durar. "Yo vi cómo se iba mi madre en cinco segundos y no me enteré. Te puede cambiar la vida en cinco segundos y por eso creo que hay que disfrutar de las cosas como son y sufrir también cuando toca. Con serenidad, con sensatez o como de pida el cuerpo, a gritos"...

Para terminar, hace balance del confinamiento y sostiene que para ella fue un momento especial para parar y reflexionar: "No decidí llegar a ello, sino que de una forma extraña y orgánica algo me iba llevando hacia eso. Fui encontrando la forma de protegerme y de proteger a los que me querían y a los que quiero. Me siento privilegiada por haber podido vivirlo de esta manera".

Tiempo para crear

Crear

María (21), Esther (19), y los mellizos Hugo y Paula (15) son cuatro hermanos que, aunque vivían separados entre Valladolid y Lleida, decidieron confinarse junto con sus padres durante la pandemia.

"Esther, mi padre y yo vivimos en Valladolid", expone María, estudiante de Historia del Arte. "Mientras que la mujer de mi padre y nuestros hermanos Hugo y Paula residen en Lleida". Ante la inminente llegada de la cuarentena, la familia completa optó por reunirse días antes y pasar así los tres meses de confinamiento en compañía.

"Hacía muchísimo tiempo que no pasábamos tantas horas juntos y, viendo que lo único que podíamos aportar a la sociedad era aplaudir cada día a las 20 horas y cantar 'Resistiré', decidimos pensar en la forma de aportar nuestro granito de arena al planeta", expone María.

Durante el confinamiento tuvieron que aprender a convivir, ceder y se llevan de todo eso una unión familiar mucho más grande. El confinamiento también fue un momento para empezar a crear y encontrar la forma de darle un sentido a todo ese tiempo.

Así es como nació MyEcoside, una marca española de calcetines ecológicos fundada por los cuatro hermanos. "La empresa nos ha unido a todos muchísimo. Hemos aprendido que dentro de todo lo malo siempre hay algo bueno, y en nuestro caso el confinamiento fue una oportunidad para crear nuestra propia empresa e ir desarrollando estas ideas. Como lección nos quedamos con que cuando hay dificultades no hay que paralizarse, debemos seguir adelante. También hemos sido partícipes de la experiencia de crear algo, de materializar una idea", añade Esther, estudiante de Magisterio.

A 2021 le piden salud para España y el resto del mundo. Consideran que es crucial aprender de lo que hemos experimentado durante esta pandemia y desean que su negocio despierte en la gente la misma ilusión que en ellos.

Un giro a sus prioridades y a su carrera

Amelie

El confinamiento para María, esta joven de 30 años que vive en Nueva York, le dio el espacio que necesitaba para estar consigo misma, reconectar con lo más profundo de su ser y descubrir nuevos sueños que de forma inesperada le llevaron a dejar atrás su carrera en el mundo corporativo.

Pero empecemos por el principio. La cuarentena le sorprendió sola en su estudio en Manhattan, en medio de una crisis emocional: "Echo la vista atrás y descubro que estar aislada cuatro meses sin compañía, perder el trabajo, mi casa, no poder volver a España y tantas otras cosas que parecían el fin del mundo, han sido un regalo para cambiar el enfoque y la dirección de mi vida. Aprender que todo sucede para nosotros, y no contra nosotros, que está en nuestras manos abrazar la incertidumbre, la ansiedad y el dolor desde la paz interior, abrió un espacio en el que me permití dejar que la vida me sorprendiera. Y lo hizo con un abanico de posibilidades que jamás habría imaginado desde mi zona de confort".

Generation

¿Cómo lo hizo? Confiando en su propia resiliencia. Ese es el aprendizaje que saca María de aquellos meses y los que han llegado después: "Confiar que todos los recursos para seguir sonriendo y confiando en que podemos aportar valor se encuentran dentro de nosotros. Y sentir gratitud infinita por mi capacidad para volver a mi centro a de la respiración".

Ahora, María se encuentra inmersa en un proyecto personal y profesional que busca ayudar a los niños y adultos a conectar con su ser y confiar en su camino hacia un futuro en el que puedan brillar a través de su propia esencia. 'The ugly duckling project' ('El proyecto del patito feo') se centra en crear espacios para explorar y nutrir desde el amor incondicional vínculos con nuestra esencia que nos ayuden a amplificar nuestros talentos desde la confianza."Este año ha movilizado muchas cosas en mí que están siendo clave para el desarrollo de mi nuevo proyecto profesional".

"Aprender a confiar en mis recursos me salvó del modo 'supervivencia' en el que vivía para descubrir que la vida en sí es abundante. Este proyecto recoge mi esencia y mi confianza en que mientras podamos imaginar un futuro mejor, lo podemos crear. Reconectar con mi niña interior desarrolló una sensibilidad en mí que me impulsó a crear espacios en los que niños y adultos puedan seguir desarrollando su potencial a pesar de estado actual de aislamiento".

Habla sobre el miedo y el protagonismo que esta emoción tuvo en su proceso: "Es importante relacionarse con él desde la escucha para que guíe nuestro camino al cambio, pero sin que controle nuestra vida. Descubrí que si quería vivir plenamente debía darle espacio al dolor y la ansiedad, y aceptar que puede convivir con la felicidad y la paz interior".

Jojo Rabit

Y menciona una película que me fascina, Jojo Rabbit. Habla de la frase con la que la cinta llega a su fin (tranquilos, no hay spóiler), cita de Rainer Maria Rilke: "Deja que todo te suceda: la belleza y el terror. Sólo sigue caminando. Ningún sentimiento es definitivo". "Pues así lo siento yo", explica María.

La vida sigue (a pesar de la pandemia)

Vueltas

Ana y Mateo se casaban el pasado año y tuvieron que cancelar su boda como consecuencia de la pandemia. La fecha que escogieron les pilló en mitad del confinamiento, a finales de marzo, y decidieron cambiarla a septiembre de 2020. En mayo se dieron cuenta de que sería inviable celebrarla en esta segunda fecha y decidieron no paralizar más su vida.

"Los meses de confinamiento pasamos por todas las fases. Rabia, frustración, tristeza... fue una época de decepción tras decepción. Nos enfadamos hasta con nosotros mismos por no habernos casado el año anterior. ¿Quién nos lo iba a decir? Puede parecer una tontería porque tras todo el horror vivido esos meses y todas las personas que murieron esto es un tema de segunda. Pero para nosotros fue todo un mundo. Hasta que llegó el punto de inflexión y nos dimos cuenta de que no podíamos seguir parando nuestra vida por mucho que estuviésemos en mitad de una pandemia", explica Ana, emocionada.

Echa la vista atrás y asegura que el confinamiento supuso un antes y un después en su manera de plantarle cara a las adversidades. "Esos meses nos sirvieron para aprender a priorizar y a reírnos de todo. Lo cierto es que queríamos casarnos con la intención de formalizar nuestra relación para tener un hijo. Y si ese era nuestro mayor deseo, ¿por qué esperar a una boda que ya nos había quitado la ilusión? Lo hablamos y decidimos que no esperaríamos más. La vida es esta y si algo nos han enseñado estos meses es a estar a otro nivel de las cosas que nos preocupan", añade Ana.

Vendran

Ahora, embarazada de seis meses, confiesa que se casarán cuando puedan, aunque eso ya no es prioritario. "Estoy feliz y no cambiaría nada de lo que nos ha pasado a nivel personal a Mateo y a mí. No sé si soy alguien para dar consejos, pero sí invito a la gente a que no se detenga. La vida sigue. Yo soñaba con una boda de 200 invitados con un vestido espectacular y una finca de ensueño. Pero no sabía que lo que en realidad me daría tantísima felicidad es la unión tan fuerte que creamos Mateo y yo estos últimos meses. De esa unión sale Ale, nuestro bebé en camino. Y no lo cambiaría por nada en el mundo".

Fotos | MyEcoside, Películas: Amelie, The Holiday, Sexo en Nueva York, Jojo Rabbit, Las vueltas de la vida, Los días que vendrán

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