Recordar a Miguel Induráin es recordar a un hombre que se convirtió en una de las figuras más importantes del mundo de ciclismo mundial y toda una leyenda de este deporte. En su palmarés cuenta con cinco Tours de Francia consecutivos y dos Giros de Italia, que fueron ganados en una época muy distinta a la que vivimos hoy en día.
En aquellos tiempos no existían todos los datos que se manejan hoy: biomarcadores, análisis exhaustivos, estudios al detalla, rendimientos optimizados al milímetro... Estamos hablando de 30 años atrás. Pero, precisamente, quizás esa fue su gran virtud, un campeón que no era el típico deportista que hoy tenemos idealizado.
En alguna entrevista ha confesado que "los cinco Tours los gané con colesterol", y añade: "Siempre he tenido colesterol. Unas veces estaba más alto y otras menos, pero durante toda la vida me ha acompañado". Y es que el colesterol puede impactar potencialmente sobre su rendimiento tanto medio como a largo plazo. Si es alto puede favorecer la formación de placas en arterias, reducir la elasticidad vascular y aumentar el riesgo de problemas cardíacos.
Calma, discreción y bicicleta pero sin cronómetros
Desde que se retirara en 1996, tras los Juegos Olímpicos de Atlanta, siempre ha estado vinculado al mundo del ciclismo porque asegura "el deporte me lo ha dado todo", ha confesado.
Actualmente a sus 61 años, asegura seguir montando en bicicleta, sobre todo en verano, y seguir haciendo deporte en lo que le gusta, sin competiciones. "En la vida hay muchas fases. Me gustaba la bici, fui profesional, me gané la vida con ella. Y ha llegado un momento en el que tienes que dejar paso a los jóvenes y buscarte otro ritmo de vida", señala.
Desde entonces, su presencia pública ha sido siempre muy selectiva: eventos, actos vinculados al ciclismo, iniciativas llevadas a cabo por la Fundación Miguel Induráin, desde donde impulsa el deporte y el desarrollo de jóvenes talentos. "Los chavales que quieren ser ciclistas lo tienen muy difícil. En mi época había de ocho a diez equipos y tenías una salida (…) Estamos en un ciclismo globalizado donde los costes son muy altos. Ya ni Banesto tendría sentido", ha revelado.
La vida después del maillot amarillo
También ha confesado echar de menos la forma de vida que tenía cuando competía: los amigos de la profesión, los viajes… "Lo peor del mundo del deporte llega cuando lo dejamos", pero siendo muy sincero también ha confesado en este Podcast: "Me retiré tan pronto porque empecé muy joven y ya no había las mismas fuerzas".
Y es que muchas veces se ha tenido que enfrentar a la misma pregunta: ¿por qué te retiraste en lo más alto de tu carrera? A lo que siendo muy humilde en su respuesta: siempre ha argumentado que su energía ya no era la misma y en su currículum no cabía un segundo puesto con el nivel de exigencia con el que debería haber seguido.
Ahora disfruta de las cosas simples, de montar en bicicleta, acompañar a amigos en otros proyectos, apoyar campañas solidarias, de su Fundación, asistir a exposiciones y, por supuesto, disfrutar de su familia, su mujer y sus tres hijos.
Fotografías | Fundación Miguel Induráin, Gtres
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