Es el año 1918 y alguien camina por uno de los parques del Bronx, Van Cortlandt Park. Elene Foster, periodista del New York Tribune aseguraba en la edición del 28 de abril de ese año que caminando entre extrañas rocas y tierra, tropezó con un montículo de hierba “crujió al pisarlo y se elevó ante mí”. No es un reportaje de Cuarto Milenio sino la olvidada historia de un grupo de artistas femeninas que aprendió a volverse invisible para que otros pudieran sobrevivir.
El camuflaje moderno tiene nombre de mujer
Antes de la Primera Guerra Mundial, los uniformes militares eran vistosos porque, como ocurre con el plumaje de las aves, lo que buscaban era demostrar poder. Pero cuando las armas de larga distancia y los aviones de combate aparecieron, lo mejor era pasar desapercibidos y es ahí donde entran los artistas del camuflaje.
El camuflaje no es otra cosa que una cuestión de percepción y los artistas son expertos en ella, por eso no es de extrañar que naciera de un retratista, Lucien Victor Guirand De Scévola en Francia. Fue en Europa donde las primeras mujeres empezaron a trabajar en el camuflaje en el estudio del pintor Norman Wilkinson con el dazzle camouflage. Desde la primavera de 1917 a noviembre de 1918 las mujeres de su equipo habían decorado más de 2.300 embarcaciones de la Royal Navy con ese camuflaje. En Francia, miles de mujeres trabajaban como camoufleurs para el ejército aliado, y en Estados Unidos, también fueron ellas las encargadas de esconder a plena vista aquello que no debía ser visto por el enemigo.
Curiosamente, las primeras mujeres que se presentaron voluntarias para trabajar en camuflaje fueron rechazadas por el ejército. Sabes por qué, no necesitas que te explique que al principio de la guerra se seguía creyendo que las mujeres debían estar en sus casitas, haciendo de tradwives. Pero ellos fueron al frente y ellas ocuparon puestos de trabajo tradicionalmente masculinos porque no había nadie más que pudiera hacerlo. Se convirtieron en mecánicas de aviones, trabajaban en la industria armamentística, se encargaban de las centralitas y sostenían a la vez a sus familias. Hubo corresponsales, médicas y enfermeras que llegaron a líneas enemigas.
A medida que los hombres partían a Europa, alguien tenía que ocupar también su sitio en los talleres de camuflaje, así que esa primera negativa machista se transformó por culpa de la necesidad. Los periódicos anunciaron que el ejército necesitaba artistas para incorporarse a una escuela de formación especializada. Setenta y cinco mujeres se habían apuntado. Llegaban hasta cuatro nuevas al día. El curso de camuflaje duraría seis meses y después, unas cuarenta artistas de Nueva York y Filadelfia formarían las Women’s Reserve Camouflage Corps, el Cuerpo de Camuflaje de la Reserva Femenina.
El arte de la guerra y de aprender a desaparecer
En su entrenamiento trabajaron el camuflaje de ocultación, es decir hacer que algo o alguien dejase de existir a ojos del enemigo. Diseñaron el "traje de roca", que hacía indetectable a quien lo llevara a diez metros de distancia. También el "traje de observación" que les permitía mimetizarse con el cielo, y si se daban la vuelta, confundirse con la nieve. Van Cortlandt Park se convirtió en su laboratorio y eran ellas mismas las que probaban si el traje funcionaba.
Las fotografías de los Archivos Nacionales Richard Green reflejan su trabajo y como en un busca a Wally, ver las imágenes y tratar de descubrir dónde estaban esas mujeres, parece un juego.
Tienes que saber lo que estás buscando para encontrar a la artista en esta foto
Pasaban horas entre las rocas y los árboles, inmóviles, observadas por otras compañeras que evaluaban si el traje funcionaba. Lo curioso es que la policía del parque estaba al tanto de los experimentos pero, como recogía Foster en su artículo, algunos agentes confesaban que rara vez conseguían localizarlas.
En la imagen de la izquierda una de las mujeres está camuflada, como puedes ver en la imagen de la derecha cuando se pone de pie y por fin la vemos
Además de los trajes de camuflaje de ocultación, las artistas también trabajaban con el dazzle camouflage o camuflaje deslumbrante, uno cuyo objetivo era confundir y que se usaba sobre los barcos como ya se había hecho en Francia. Se aplicó a más de 1.250 embarcaciones estadounidenses, pero necesitaban practicar a escala real, así que lo hicieron en Nueva York. Camuflaron una ambulancia y un tanque en los escalones de la Biblioteca Pública de Nueva York. Pintaron el quiosco de Bonos de Guerra en la esquina de Broadway con la calle 43 con patrones geométricos.
El más espectacular fue en el centro de Union Square, donde pintaron un barco de guerra, el USS Recruit. Esta estructura de madera tenía forma de acorazado y funcionaba como oficina de alistamiento.
Al terminar la guerra, el cuerpo desapareció y ellas fueron olvidadas durante décadas, aunque algunas volvieron a trabajar al llegar la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las fotografías de todo ese trabajo se quedaron en los Archivos Nacionales de Estados Unidos cogiendo polvo. Durante un proyecto de la Administración Nacional para digitalizar películas y fotografías de la Primera Guerra Mundial, el trabajo olvidado de estas mujeres vio la luz de nuevo.
Las olvidadas ocupan ahora un lugar en la historia. El que siempre tuvieron pero que se silenció durante años.
Fotos | American Unofficial Collection of World War I Photographs,
En Trendencias | De 'El imperio contraataca' al cine clásico: las mujeres guionistas que Hollywood olvidó
En Trendencias | Cómo reconocer a un misógino: 22 claves que te ayudarán a detectarlo
En Trendencias | De las contradicciones a la autocrítica: porqué ser feminista puede ser agotador y es lo más normal del mundo
Ver 0 comentarios