Vivimos rodeados de fórmulas que prometen combatir los efectos del envejecimiento, desde dietas a suplementos, pasando por costosísimos, tratamientos y operaciones que aseguran resultados casi inmediatos. Y sin embargo, cuando se mira de cerca a las personas que de verdad llegan a los cien años con la cabeza clara y las piernas funcionando, lo que se repite no tiene nada de espectacular.
Durante más de veinte años, el investigador y explorador de National Geographic Dan Buettner ha recorrido, junto a su equipo, las regiones del planeta donde la esperanza de vida supera con claridad la media mundial: la península de Nicoya en Costa Rica, Loma Linda en California, la isla griega de Icaria, Cerdeña y Okinawa. Son las llamadas zonas azules, y en ellas hay, proporcionalmente, muchas más personas centenarias que en el resto del mundo.
En las zonas azules la gente nunca va al gimnasio
En uno de sus vídeos en Instagram, Buettner explica que "nos han vendido la idea de que hacer yoga, pilates, CrossFit o ir al gimnasio es la receta para conseguir un cuerpo más saludable. Pero en las zonas azules, donde hay una esperanza de vida diez años mayor que en el resto del mundo, la gente nunca va al gimnasio".
¿Y entonces qué hacen? Según el investigador, simplemente caminan, unas dos horas al día repartidas en distintos momentos de la jornada. Ese movimiento constante es, a su juicio, una especie de ejercicio antiinflamatorio que sostiene el cuerpo pasados los 50 años, y en muchos casos hasta bien entrados los 100.
No es el único que lo dice
Buettner no es el único que habla sobre los beneficios del caminar. El cardiólogo Steven Gundry, especializado en prevención cardiovascular, llegó a una conclusión muy parecida tras analizar los hábitos de las mismas poblaciones. En uno de sus podcast, asegura: "Una de las cosas más notables de las personas mayores es que nunca han ido al gimnasio", pero "lo que nuestros genes esperan es que, al menos, caminemos a diario para impulsar la producción de energía, mejorar el metabolismo, reducir el riesgo de diabetes y aumentar la claridad mental".
Gundry añade un detalle importante: en las zonas azules no se trata de caminar por caminar, sino de que el movimiento está metido dentro de la rutina, sin que nadie lo piense como ejercicio. Cultivar un huerto, subir escaleras, ir a comprar a pie en lugar de coger el coche, cargar con las bolsas de la compra... Ninguna de esas cosas aparece en una app de fitness, pero suman.
¿Vale cualquier paseo?
Aquí conviene meter un matiz que suelen dejar fuera los titulares más entusiastas. La entrenadora y nutricionista Blanca Pombal, especializada en trabajar con personas a partir de los 50, sostiene que caminar sustituye al gimnasio solo si se hace de una forma concreta: "Salir a caminar en vez de gimnasio solo funciona si la caminata es de al menos 30 minutos seguidos, a un ritmo constante de unos 5 km/h y sin pausas".
En este sentido, Pombal señala que no es lo mismo salir a pasear despacio y parando cada dos por tres que mantener ese ritmo sostenido durante media hora. Y añade otro dato importante: caminar así quema, de media, unas 200 kilocalorías por sesión, lo que significa que si la alimentación no acompaña, el paseo por sí solo tiene un recorrido limitado. Su recomendación pasa por combinar la caminata con paradas para hacer sentadillas o alguna flexión, sobre todo a partir de los 40, cuando el cuerpo empieza a perder masa muscular de forma natural.
Caminar, sí, pero como parte del día, no como excepción
Ahí está, probablemente, la parte más difícil de trasladar estas recomendaciones a la vida que llevamos gran parte de la población en las ciudades españolas del siglo XXI. Realmente, no se trata tanto de añadir un paseo a la agenda a primera hora o al acabar la jornada, sino de rediseñar el día para que caminar sea la opción por defecto, no la excepción.
Ir a comprar el pan a pie en lugar de en coche, bajarse una parada antes del autobús, quedar con alguien para dar una vuelta en vez de para tomar un café sentados. Pequeñas decisiones que, sumadas a lo largo de los años, parecen pesar más que cualquier rutina de gimnasio de tres días a la semana, aunque no sustituyan del todo al trabajo de fuerza que tanto Pombal como otros especialistas siguen recomendando pasados los 40.
Fotografías | Natalia Trofimova en Unsplash, Magnific
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