Ángel Durántez, médico experto en longevidad: “A los 44 años hay un aumento de la velocidad del envejecimiento”

Según este profesional, a partir de los 35 o 40 años empezamos a estar pre-enfermos aunque no lo notemos

El envejecimiento empieza a los 44 años
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Nacho Viñau

Editor

Cuando tienes 20 o 30, la edad suele percibirse como un dato administrativo, algo que se acumula sin demasiadas consecuencias visibles. Pero eso cambia cuando el cuerpo empieza a enviar señales claras del envejecimiento. El problema es que los signos del envejecimiento no aparecen de repente, sino que comienzan a gestarse décadas antes de que se hagan visibles para nosotros. Y de hecho, el envejecimiento no avanza de forma lineal ni silenciosa. 

Hay momentos concretos en los que determinados procesos biológicos se aceleran, aunque por fuera todavía nos sintamos razonablemente bien. Uno de esos momentos, según el médico Ángel Durántez, llega antes de lo que muchos imaginan. Especialista en medicina preventiva y longevidad, Durántez lleva años insistiendo en que el deterioro fisiológico no comienza cuando aparecen las enfermedades, sino bastante antes. En ese contexto, su advertencia es clara: “A los 44 años hay un aumento de la velocidad del envejecimiento”.

Durántez ha pasado décadas observando cómo el cuerpo humano responde a los años y, sobre todo, a las elecciones que hacemos antes de que esos años se acumulen. El enfoque trabaja en su clínica está lejos de las fórmulas milagro y se apoya en una mezcla de datos biológicos, evidencia científica y experiencia clínica. La singularidad de su perspectiva radica en un mensaje concreto: no hay un único momento decisivo para empezar a cuidarse, pero sí hay puntos de inflexión biológicos que merecen nuestra atención. 

La edad es más que un número

En una reciente entrevista con Diario de Mallorca, este profesional fue directo al hablar de los hitos en el proceso de envejecimiento. Según su experiencia, “a partir de los 35 o 40 años, empezamos a estar pre-enfermos”. Esa frase, contundente, resume algo que muchos ignoran: muchos de los procesos que ligamos al envejecimiento no aparecen de golpe, sino que se gestan décadas antes de que nos demos cuenta.

La edad en la que empezamos a envejecer

La biología detrás de esa afirmación se relaciona con la llamada senescencia programada, un proceso natural mediante el cual las células dejan de dividirse y empiezan a acumular daño. Como explica el propio Durántez, “de alguna manera estamos programados para empezar a desaparecer cuando ya hemos cumplido con nuestro ciclo vital”, subrayando que no es solo un fenómeno externo, sino algo inscrito en nuestro propio ADN.

Un momento clave: los 44 años

Entre las edades que cita el experto, hay una que sobresale: los 44 años. Es en ese umbral cuando, según Durántez, el organismo no solo envejece, sino que lo hace más rápido: “A los 44 años, concretamente, hay un aumento de la velocidad del envejecimiento”. Es a esas edad cuando, de forma general, se observa un  punto de inflexión donde los hábitos acumulados, buenos o malos, empiezan a reflejarse con más fuerza en nuestra biología. 

Su recomendación, sin embargo, no busca alarmar sino invitar a la acción: “Puedes empezar cuando quieras. Dices: ‘Bueno, fumo, bebo, me drogo a tope porque soy joven y ya cuando tenga 50 empiezo’. Probablemente, vas a llegar mal. Así que cada cual decida qué quiere hacer con su salud”, explicaba en El Periódico.

Edad en la que comenzamos a envejecer

Al final, no se trata solo de una cuestión de vivir más años, sino de tener una mayor calidad de vida: llegar bien a edades avanzadas, con menos cargas de enfermedad crónica y más autonomía funcional. Desde esta óptica, cuidar la salud no es un gesto aislado ni una elección que puede posponerse indefinidamente.

Un enfoque proactivo hacia la salud

Durante la entrevista, Durántez recalca que la prevención no solo debe comenzar temprano, sino que debe ser constante. Su experiencia clínica muestra que la mayoría de quienes acuden a sus centros lo hacen cuando ya han superado los 40 años, y, en muchos casos, cuando las señales de desgaste físico comienzan a hacerse evidentes.A partir de los 50, lo que vamos a encontrar es más que si hubieras venido a los 40, reflexiona, invitando a replantear la tradicional idea de la salud reactiva por una enfocada en la anticipación. 

Este enfoque no se limita al control de unos pocos parámetros médicos, sino a un replanteamiento integral de cómo vivimos: alimentación, sueño, actividad física, gestión del estrés y chequeos periódicos son piezas de un mismo rompecabezas. En palabras de Durántez, “el 70 o 80% del envejecimiento está en nuestras manos”, una idea que pone el foco sobre el impacto de los hábitos diarios más que sobre soluciones puntuales o milagrosas.

Más allá de la genética

Una de las creencias más extendidas es que la longevidad está mayoritariamente predeterminada por la genética. Durántez, autor del libro 'Joven a los 100, todas las claves para vivir más y mejor' (La Esfera de los Libros), desmonta esa idea con datos concretos expuestos durante una entrevista en El Periódico: para la mayoría de la población, la genética “no pesa más del 10% en el resultado final de la longevidad”. 

Es decir, los estilos de vida, los patrones de conducta y el entorno en que vivimos tienen un peso mucho mayor en cómo envejecemos. Esto no significa que los genes no importen; simplemente explica por qué dos personas de la misma edad cronológica pueden tener perfiles de salud radicalmente distintos. Al final, la pregunta crucial no es solo cuántos años vivimos, sino cómo los vivimos.

Fotografías | Clínica Dr. Durántez, wayhomestudio, Freepik

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