Cada persona es única y por lo tanto su ansiedad también lo es. Pero existen algunos trucos apoyados en la fisiología de nuestro cuerpo que nos pueden ayudar a romper, o al menos a mitigar, un ataque de ansiedad. Uno de ellos, según aseguraba la psicóloga Cristina Romero en el podcast de la Dra. Isabel Viña, es hacer respiraciones conscientes, pero hay otro mucho menos conocido y con un impacto asombroso si tenemos una sintomatología de estrés o ansiedad muy alta: sumergir la cara en agua helada.
“Cuando hay muchos síntomas como temperatura alta, sudoración, taquicardias o mucha activación mental, sumerge tu cara en agua muy fría”, explicaba Romero. Esta estrategia es eficaz cuando hay un ataque de ansiedad o una sobreactivación bastante elevada según la experta. “Tu cerebro tiene que reiniciarse y ese reinicio hace que tú ya no estés pensando en lo que estabas pensando”, añade. Aunque lo has visto en vídeos de esos “hombres de alto valor”, lo cierto es que esta técnica tiene una base fisiológica y una investigación fundamentada de que puede ayudar como una técnica puntual de regulación.
El frío para calmar la ansiedad
Durante un ataque de ansiedad el sistema nervioso simpático está hiperactivado, provocando los síntomas de los que hablaba Romero. Cuando nuestra cara entra en contacto con agua fría, especialmente alrededor de ojos, nariz y mejillas, se desencadena el reflejo de inmersión mamífera que disminuye la frecuencia cardíaca, activa el sistema parasimpático y reduce la activación fisiológica.
Este reflejo provoca cambios fisiológicos en nuestro cuerpo como una disminución de la frecuencia cardíaca, una vasoconstricción periférica (es decir, la sangre se dirige a órganos vitales) y un aumento de la actividad parasimpática. Simplificando: el cuerpo pasa de un estado de alerta a uno más calmado. El reflejo activa el sistema parasimpático controlado, en parte, por el nervio vago. Cuando se activa de forma rápida, como con agua fría en la cara, aliviamos el pico de ansiedad.
Esta técnica es una de las usadas en la Terapia Dialéctico Conductual (DBT) y sus habilidades TIP: Temperature, Intense exercise, Paced breathing, and Paired muscle relaxation en inglés, es decir, temperatura, ejercicio intenso, respiración pausada y relajación progresiva. Lo recomiendan para manejar y reducir la intensidad anímica durante una crisis porque disminuye la actividad del sistema nervioso simpático y regular el sistema nervioso parasimpático.
Además, la inmersión en agua fría puede provocar cambios en la respuesta al cortisol que genera nuestro cuerpo. Aunque los niveles no cambian significativamente durante la inmersión en agua fría, sí disminuyen después. Este estudio afirma que los niveles de cortisol permanecen más bajos hasta tres horas después al hacer una inmersión en agua fría de 15 minutos (a unos 10°C) y en este otro estudio se observó que las personas que practican natación invernal (con el agua a 0-2 °C) durante veinte segundos o crioterapia durante dos minutos, tres veces por semana durante doce semanas, mostraron niveles de cortisol más bajos tras la exposición que continuaron descendiendo en las semanas siguientes. Al reducir la producción de cortisol en respuesta a la exposición repetida al frío (tras adaptarse a ese momento estresante) se vio que liberaban menos cortisol ante otros factores estresantes de la vida cotidiana.
El truco del agua fría forma parte de los trucos sensoriales que nos sacan de la ansiedad. Aunque ojo, eso no significa que acabemos con ella sino con algunos de sus síntomas y de forma temporal. Para poder reducir la ansiedad hace falta ir a la raíz del problema y para eso es necesario acudir a terapia. Romero asegura que “cuando la ansiedad te sobrepasa y tus recursos no son suficientes, es cuando debemos ir a terapia. Cuando te das cuenta de que lo estás implementando todo y no te sirve nada, o no hace el efecto que debería”.
Añade que cuando la ansiedad tiene tantos síntomas que afecta a tu vida diaria, es el momento de tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, como asegura la experta, cuando “no puedo dormir, no puedo relacionarme normal con la gente, no puedo mantener relaciones o mis vínculos se están rompiendo”. Si te está pasando, pide ayuda, porque un psicólogo puede darte nuevas herramientas y ayudarte a salir de ese pozo en el que estás metido ahora mismo.
Fotos | YouTube Isabel Viña, Aman Krishna en Unsplash
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