La visión del mundo de algunos filósofos es realmente sombría. Es el caso de Emil Cioran, apodado el apóstol del pesimismo radical, un hombre que detestaba la esperanza a la que llegaba a calificar como aberración. Estudió filosofía en Bucarest, y fue allí donde encontró el pesimismo de Nietzsche y Schopenhauer, pero de Cioran dicen que es el pesimista más reconocido del siglo XX. Tras sus palabras, tan nihilistas y duras como bellas, hay algo de luz.
En su primer libro ‘En las cimas de la desesperación’, el escritor rumano ya afianzaba su pensamiento. Tenía poco más de 20 años pero esa obra ya contenía casi todas las obsesiones de su pensamiento: la conciencia, la angustia, la lucidez y el papel del sufrimiento en la vida humana. De ese libro es de donde sale la famosa frase “sólo se piensa cuando se sufre”. No dice que pensar es doloroso, sino que es del sufrimiento de donde nace el verdadero pensamiento, como si el dolor se convirtiera en tierra fértil para nosotros. Afirma que la conciencia humana se intensifica a través del sufrimiento y durante años persigue esa idea como un perro de caza. Décadas más tarde, en ‘Breviario de podredumbre’ aseguraba que “el sufrimiento es la única manera de tomar la vida en serio”.
Su idea es que el sufrimiento despierta la conciencia porque cuando una persona vive sin sufrir se adapta al mundo y vive en una especie de normalidad anodina e inconsciente. En cambio, cuando aparece el sufrimiento en forma de dolor, angustia o desesperación, la persona deja de vivir automáticamente y empieza a cuestionar el sentido de todo. Pensemos por ejemplo en una ruptura de pareja. Cuando ocurre, el dolor aparece y con él, la reflexión. “El sufrimiento tiene una función reveladora: sólo en él descubrimos las profundidades de nuestra conciencia”, explicaba el filósofo. No significa que el sufrimiento sea bueno, pero puede desencadenar una reflexión profunda y en algunos casos, puede llegar a producir un crecimiento frente a la adversidad.
La conexión de sufrimiento y arte
Pero ¿y si ese sufrimiento, además de hacernos reflexionar, nos hiciera crear? Hay autores, cineastas y artistas de todo tipo que crean a partir de su propio dolor. Recordemos algunos de los mejores discos de Taylor Swift, que nacieron de sus rupturas amorosas, o el álbum ‘In Utero’ en el que Kurt Cobain transforma sus sufrimiento en música. Piensa en Frida Kahlo que convirtió su dolor físico y emocional en el núcleo de su obra. A nivel psicológico, la intensidad emocional funciona como un catalizador para algunas personas y el arte no deja de ser una forma de traducir emociones complejas en símbolos, o como dice Cioran, en pensamientos. Él mismo veía en el arte una ventana misma al dolor y afirmó que la música de Johann Sebastian Bach “es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total”.
También existe lo que en psicología se llama distancia estética, un desapego o brecha emocional que nos permite separar la realidad que nos hizo daño mediante una obra. Convertir el dolor nos permite observarlo desde fuera, y lo transforma en algo compartible y superable. En cierto modo, el arte hace con el dolor lo que Cioran decía que hacía el pensamiento y es que lo convierte en lucidez y “la lucidez es el único vicio que hace al hombre libre”, según el filósofo.
Aunque sea una reflexión tan pesimista como lo era el propio Cioran, no deja de haber algo poético en pensar que ese sufrimiento pueda crear algo que quizá, se convierta en lo más bello que salga de nosotros.
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Fotos | Flickr, Mahdi Bafande en Unsplash
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