Claves para identificar y superar el síndrome de Wendy

Claves para identificar y superar el síndrome de Wendy
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Cierra los ojos y vuelve al país de Nunca Jamás. ¿Recuerdas a Wendy? Es la niña que cuida a casi todos personajes del cuento. Aquella que es capaz de hacer aquello a lo que Peter Pan no se atreve. Asume riesgos y responsabilidades, pero siempre permanece en segundo plano... Abre los ojos y vuelve a la vida real. ¿Te suena? Seguro que si no eres tú misma, alguna o varias Wendys te han venido a la cabeza.

Wendy no es un personaje de cuento de hadas, existe de verdad, en términos psicológicos, y se da sobre todo en las mujeres, especialmente cuando llega la maternidad. Según esta ciencia, es un síndrome marcado por la educación que hemos recibido. En definitiva, se trata de una persona que necesita ser necesitada por otro a quien cuidar para afirmar su identidad y ponerse en valor. En las personas que lo padecen, se percibe como una necesidad absoluta de satisfacer al otro, principalmente a la pareja o hijos (olvidándose de sí misma). Esto último es lo que requiere actuar por los problemas secundarios, especialmente de ansiedad, que puede provocar.

La psicóloga Aurora López, de Más Vida Psicólogos, nos propone identificar el síndrome de Wendy para entender sus efectos y aprender a superarlo.

Características del síndrome de Wendy

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El conocido como 'síndrome de Wendy' lo acuñó el psicólogo Dan Kiley en 1984 para referirse a personas que actúan como padre o madre con su pareja, amigos o incluso con sus propios hijos ya adultos u adolescentes, liberándoles de sus propias responsabilidades.

"El síndrome de Wendy se refiere a la necesidad de satisfacer, cuidar y colmar de deseos a otras personas. Esto provoca una espiral de autodestrucción puesto que tú misma nunca eres tu prioridad y se acaba cayendo en la autorenuncia progresiva", explica López. Estas son sus características:

  • Entiende que amar es, por encima de todo, atender al otro y se siente bien por establecer este tipo de relaciones.
  • No le preocupa, al principio, que los demás no le atiendan de igual modo. Le basta con saber que su pareja se siente amada y que es feliz.
  • Se siente imprescindible e intenta asumir responsabilidades del otro.
  • Evita los conflictos para que su pareja no se enfade ni se moleste. Lucha por el equilibrio ajeno olvidando el suyo propio.
  • Se disculpa o se siente mal cuando las cosas no salen como estaban previstas, sobre todo, en lo que respecta a su pareja.

Cómo puedo salir del problema

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1. Desmontando la idea que hay detrás del síndrome

La persona se siente imprescindible; siente que es ella quien debe encargarse de hacer las cosas y siente un miedo profundo al rechazo. "Se tiende a pensar que si nos esforzamos mucho por el otro demostraremos que le queremos y así no nos dejará (bien sea una pareja, amigo, hijo o cualquier familiar). Una persona puede decidir dejarte o alejarse de ti en cualquier momento y sin grandes motivos. Agradar constantemente al otro sólo consigue demostrarle que eres menos y que no hay una relación equilibrada, lo cual traerá problemas en la relación", recoge López.

Esto es algo que igualmente ocurre con relaciones de amistad o entre padres e hijos, generando cierta dependencia que produce malestar y nos lleva al chantaje.

2. Haciendo una lista de comportamientos 'excesivos' por tu parte

"Es decir, comportamientos que demuestren que no hay equilibrio en cuidados, atención, tareas, etc", explica. Una opción es comentarlos en voz alta, llegar a un equilibrio para cambiar patrones y ofrecer alternativas diferentes que no se basen en buscar la aceptación".

El miedo a ser abandonada es una idea irracional. Se trata de entender que asumes las responsabilidades y tareas de otros. Pero, sobre todo, de romper esa dependencia emocional que depositamos en los demás.

3. Practicando tus derechos personales

Es decir, aprendiendo a 'decir no', poniendo límites y delegando tareas. Para poder ponerle freno, lo primero es recordarnos y darnos cuenta de que estamos actuando de esta manera. Es decir, hacer una introspección para encontrar nuestro lugar.

"Tienes derecho a cambiar de opinión, decir no, actuar de modo diferente a como los demás esperan, a ser independiente, a no encargarte de los problemas de los demás, rechazar una petición. Todo es válido. Acoge tus emociones y quiérete, cuídate", sentencia la experta.

La desaprobación y la pérdida de afectos forma parte del ciclo de la vida

Vida

López concluye que aceptar la desaprobación y la pérdida de afectos a lo largo de nuestra vida forma parte de la normalidad. Nos explica que cuidar a los demás es maravilloso, pero cuidado con hacerlo en exceso y descuidarnos a nosotros mismos. Olvídate de esas creencias de resultar imprescindible para cubrir las necesidades del entorno.

En cualquier caso, recomienda que siempre la mejor opción es ponerse en contacto con un psicoterapeuta o psicólogo para superar lo que hay de fondo, que es el miedo al rechazo, y aprender a conocernos mejor a nosotros mismos para poder manejar nuestras emociones.

"La necesidad de satisfacer a los demás es un paso hacia una autoestima débil y una falta de autocuidado. Además en el síndrome de Wendy nos acompaña un curioso autoengaño que es el de yo soy feliz así me gusta cuidar de los demás y eso me da satisfacción. Es una forma de contarnos que lo hacemos por voluntad propia y no aceptar que, realmente, aunque no seamos conscientes, se hace por una necesidad de afecto y un "seguro" de cara al posible "abandono" por parte de los seres queridos".

Si te has identificado como Wendy, el trabajo para salir de ahí pasa por empezar reconociendo que actuamos como tal (y que no pasa nada por reconocerlo, somos humanos). Prueba a ver qué pasa si te dejas querer y cuidar un poquito, porque no pasa nada por pedir que te traigan un mojito a la piscina...

Fotos | 'Descubriendo Nunca Jamás'

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