“Creo que tengo productivitis en el trabajo”. Cómo está afectando a mi salud mental y disparando mi ansiedad

Es conocido también como “hiperproductividad” y es una obsesión por ser productivos que llega a un nivel tal que quien lo sufre tiene un sentimiento de culpa si no hace nada o descansa

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Soy trabajadora desde los 18 años y siempre he buscado la manera, en todos mis trabajos, de ser más productiva. No solo porque me gusta hacer bien lo que hago, sino porque trabajar menos es el mejor truco de productividad posible. Eso me ha llevado a probar e implementar en mi día a día decenas de prácticas que si bien funcionan, han provocado un efecto que no esperaba: la productivitis.

Comenzaré diciendo que el término “productivitis” no existe como una enfermedad. No hay vademecum médico que lo registre, pero como alguien que lo sufre te digo que está ahí a mí me acecha todos los días. También se le conoce como “hiperproductividad” y se trata de un sentimiento de culpa si no estamos produciendo.

Qué es la “productivitis”

Es fácil confundir el término de hiperproductividad con la ansiedad de alto funcionamiento o alto rendimiento, un trastorno de ansiedad que provoca que las personas que lo padecen experimenten una mayor propensión a moverse y a no quedarse en un estado de parálisis como pasa con otros tipos de ansiedad tal y como explica la psicóloga clínica Melissa Santamaría.

Según nos explican en Psicólogos Online, las personas que viven con ansiedad de alto funcionamiento “tienden a decir que sí a todo, tienen dificultades para superar el fracaso y son muy críticas consigo mismas. Sus días están constantemente ocupados con una gran cantidad de actividades y siempre tratan de hacer todo”. Y lo consiguen, porque como decíamos, no es paralizante, sino la razón misma que impulsa a ese rendimiento excesivo.

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En el caso de la hiperproductividad, se ha colado tan dentro de la sociedad que es considerada una soft skill para las empresas, quienes la buscan en sus trabajadores. Pero esa hiperproductividad o productivitis, puede tener un efecto en nuestra salud mental. En mi caso, esa hiperproductividad tiene un efecto directo sobre mi ansiedad.

Según la psicóloga Priscila Alarcón de Aliv Psicólogos, la productividad excesiva o “productivitis” es una representación excesiva de productividad en la que el descanso “no tiene en cuenta nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y espirituales a lo largo de la jornada laboral. Hace referencia a la adicción al trabajo y el perfeccionismo a nivel laboral”. Es decir, es una sobreexplotación que nos autoimponemos cada día y que nos obliga a producir sin descanso. Una obsesión con la productividad.

Por qué sufrimos productivitis

Evidentemente tiene que ver con lo que la sociedad y la cultura nos han metido en la cabeza, que promulga un mensaje de “hacer” sin pausa ni medida en lugar de un mensaje de “estar” o simplemente “ser”. No estamos acostumbrados a aburrirnos ni a estar sin hacer nada, a pesar de los beneficios que tiene eso sobre la creatividad, y nuestro valor se asocia en muchas ocasiones a lo que somos capaces de hacer en lugar de a quienes somos en realidad.

Una especie de tiranía de la eficiencia que con el confinamiento que vivimos por el covid empeoró, tal y como explica Irene Sierra en este artículo de El País. Nos sentimos culpables por no hacer nada y por eso llenamos las horas haciendo pan, aprendiendo a bordar o poniéndonos en forma.

Puede que sea un efecto del multitasking del que huía Napoleón, o del mundo capitalista que nos impulsa a tener más y hacer más y vivir más y no perdernos nada de nada hasta llegar al punto de sufrir FOMO.

La productivitis es la que me impulsa a contestar correos en el gimnasio, la que me mueve a responder whatsapp cuando estoy viendo una serie, la que me obliga a aligerar la interminable lista de tareas pendientes que me impongo cuando estoy en un descanso en el trabajo. Y puede que la “productivitis” sea también la que provoca que sufra de dismorfia de productividad, que me impide disfrutar de mis logros en el día a día.

Qué hacer si sientes que sufres productivitis

Lo primero que hice cuando analicé lo que me pasaba, fue buscar una solución porque si quiero ser productiva, lo de tener algo que afecta a mi productividad en forma de ansiedad, no entra en mis planes. Ella, productiva hasta buscando solucionar su productividad.

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En ello estaba cuando me topé con Oliver Burkeman, escritor británico, periodista y columnista de temas de filosofía y psicología en The Guardian, y su libro Cuatro mil semanas: gestión del tiempo para mortales llegó a mis manos.

En él, desgrana y analiza de una forma honesta la realidad de nuestra cultura en torno al trabajo, la productividad y la vida. Y usa el tiempo para que te pares a pensar. Según el autor, la vida media del ser humano es ridículamente breve. “Si llegas a los 80 años, habrás vivido unas 4000 semanas. Si tienes 40, solo te quedan 2000”.  ¿Solo me quedan 2000 semanas? No me parecen demasiadas, la verdad, y a pesar de ser tan pocas, me paso el día obsesionada con las tareas que me quedan por hacer y con la sensación de que nunca llego. Raro es el día en que me meto en la cama con un feeling agradable por todo lo que me ha cundido el día.

Esa “trampa” de la eficiencia y ese ansia por tachar experiencias, son quienes tienen la culpa de que no disfrutemos del camino. Cada día se desbloquea una satisfacción nueva que cubrir y cuando alcanzas el objetivo, una nueva aparece como si fuera un pokémon salvaje. Y como vivimos pensando en lo que tendremos y en la recompensa que nos llegará (un ascenso, un contrato laboral, una familia, un viaje que haremos), no nos damos cuenta de lo que tenemos ahora.

Según el autor, los consejos sobre gestión de tiempo “fomentan la idea de que un día podremos hacerlo todo y convertirnos en los dueños de nuestro tiempo, totalmente optimizados y emocionalmente invencibles”. Spoiler: no pasará, porque si hacemos caso a la productivitis, siempre querremos más, nunca nada será suficiente.

Entonces, ¿me dejo llevar sin más? ¿Como en una situatioship? No. Podemos ser productivas sin que el remolino nos lleve. Y el secreto está en sus propias palabras en “construir una vida con sentido, unos objetivos alcanzables y una apuesta por todo aquello que realmente vale la pena”. Sea lo que sea. Y para ello lo primero es parar y reflexionar.

Miguel Ángel Hernández afirma en El don de la siesta, un ensayo en el que reflexiona sobre ese descanso tan español, que la siesta “contraviene uno de los principios fundamentales del mundo moderno: la pulsión productiva”. De hecho defiende la siesta como “un arte de la interrupción" que si hacemos caso a la ciencia, tiene efectos muy beneficiosos sobre la productividad.

Y este hábito responde a lo que podríamos definir como no hacer nada. Lo que no sabía es que justo eso de no hacer nada es el primer paso para pensar en qué quiero hacer en realidad. El segundo es  ser conscientes de nuestras limitaciones, asumirlas y no frustrarnos por no encajar en el estándar de perfección y de “mujer que llega a todo”. Y el tercero, en mi caso, es dedicar tiempo a disfrutar de un atardecer porque al igual que nuestro tiempo, una vez que se ha ido no vuelve.

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Aunque te hayamos dado todos estos consejos, si sientes ansiedad busca ayuda psicológica porque puede que tras ella se esconda algo que haya que solucionar. Y mientras solucionas esos problemitas, recuerda aprovechar el tiempo en aquello que realmente te importa. Memento mori, amiga.

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