El 28% de la Generación Z sufre la misma brecha digital que los ancianos: creen que puede llegarles una notificación del banco por canales no oficiales

Sólo el 33,2% de los menores de 30 años siguen los consejos de su banco

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María Yuste

Editor Senior

Durante años hemos tomado como verdad universal que como los jóvenes han nacido con un móvil bajo el brazo y, entienden la tecnología mejor que nadie. Mientras que la conversación sobre la brecha digital se ha centrado casi exclusivamente en las personas mayores, retratadas como las principales víctimas de estafas, fraudes y engaños online. Sin embargo, los datos empiezan a dibujar distintas.

La generación Z domina TikTok, edita vídeos en cuestión de minutos y es capaz de manejar cinco aplicaciones a la vez. Pero cuando se trata de identificar riesgos digitales básicos, parece que no siempre juega con ventaja...

Una encuesta realizada por la Confederación Española de Cajas de Ahorros pone cifras a esta contradicción. Más de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años (un 57%) reconoce tener escasos conocimientos sobre ciberseguridad. Un dato que, por sí solo, ya desmonta la idea de que haber crecido rodeado de tecnología equivale automáticamente a comprender cómo funciona.

Pero hay otro porcentaje aún más revelador. El 28% de los encuestados cree que su entidad bancaria puede ponerse en contacto con ellos a través de canales no oficiales, como mensajes SMS, correos electrónicos o incluso WhatsApp, para solicitar información sensible o realizar determinadas operaciones.

En otras palabras: casi tres de cada diez jóvenes consideran plausible una práctica que los bancos llevan años advirtiendo que nunca realizan.

Nativos digitales, pero no necesariamente expertos digitales

Quizá el error esté en haber confundido familiaridad con conocimiento. La generación Z ha pasado toda su vida conectada a internet, pero eso no significa que haya recibido formación sobre privacidad, ciberseguridad o detección de fraudes. Saber grabar un vídeo viral, configurar un perfil o seguir un trend no implica comprender cómo operan los ciberdelincuentes.

De hecho, muchos expertos llevan tiempo señalando que la verdadera alfabetización digital va mucho más allá del uso cotidiano de dispositivos. Tiene que ver con saber distinguir fuentes fiables, proteger datos personales, identificar intentos de manipulación y entender qué ocurre detrás de cada pantalla.

La paradoja es que quienes más tiempo pasan conectados también están más expuestos a intentos de fraude cada vez más sofisticados.

La generación que menos escucha las advertencias de su banco

La encuesta deja otro dato llamativo. Los menores de 30 años son, precisamente, quienes menos siguen los consejos de seguridad proporcionados por sus entidades financieras. Solo el 33,2% afirma prestar atención a estas recomendaciones. Entre los mayores de 65 años, en cambio, la cifra asciende al 66%.

El contraste resulta especialmente significativo porque invierte el estereotipo habitual. Mientras solemos asociar a las personas mayores con una mayor vulnerabilidad tecnológica, los datos sugieren que al menos muestran una actitud más receptiva ante las advertencias y medidas de protección.

Quizá la confianza excesiva juegue aquí un papel importante. Cuando creemos que dominamos un entorno, tendemos a bajar la guardia. Y en internet, la confianza puede convertirse en uno de los mayores riesgos.

Los fraudes digitales raramente triunfan por falta de inteligencia. Lo hacen porque explotan emociones universales: el miedo, la urgencia, la confianza o la curiosidad.

Un mensaje que aparenta provenir del banco, una alerta sobre un supuesto problema en una cuenta o una notificación que exige actuar de inmediato son estrategias diseñadas para provocar una reacción rápida antes de que aparezca el pensamiento crítico.

Por eso los especialistas insisten en las mismas recomendaciones una y otra vez: desconfiar de cualquier mensaje que solicite claves o códigos de verificación, evitar acceder a servicios financieros mediante enlaces recibidos por SMS o correo electrónico y contactar directamente con la entidad cuando exista cualquier duda.

Así que la verdadera brecha digital ya no consiste únicamente en saber utilizar la tecnología. Consiste en entender cómo protegerse de ella cuando alguien intenta utilizarla en nuestra contra. Y los datos sugieren que esa asignatura pendiente no distingue tanto entre generaciones como nos gustaría pensar.

Foto de portada | Kylethenomad

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