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Permiso para disfrutar: consejos para explorar tu cuerpo y mejorar tu vida sexual
Sexo y Relaciones

Permiso para disfrutar: consejos para explorar tu cuerpo y mejorar tu vida sexual

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Tomar las riendas de nuestra sexualidad es más que buscar placer, es querernos y respetarnos.** Explorar, probar y disfrutar con nuestro cuerpo** es nuestro derecho. Si quieres más y mejor sexo has de empezar por ti, y aquí te contamos algunas formas para iniciar este maravilloso camino.

Esto va de decidir

Mejorar tu vida sexual, disfrutarla más, explorar y divertirte, no es un objetivo que tengas que marcarte porque te lo diga una revista, tu pareja o el cine: es algo que tienes que decidir tú, y hacerlo por ti, no por nadie más.

¿Los motivos? El placer y el amor. Pero cuando digo amor no me refiero al de pareja (aunque sí, en el momento en que seas dueña y disfrutona de tu vida sexual, tu pareja será un beneficiario colateral), sino que me refiero al amor propio.

El buen sexo no es solo una sesión olímpica con otra persona. Una sexualidad sana nos lleva al placer desde el respeto y el conocimiento de nuestro cuerpo, y eso trasciende lo meramente físico.

Disfrutar de tu cuerpo pasa por cuidarlo, por cuidarte, por colocarte la primera en la lista de prioridades, por quererte... y eso es fundamental para ser feliz.

Porque saber -y poder- decir que no cuando algo no nos gusta o no queremos hacerlo, proponer y hacer con libertad, experimentar -o no-, no son más que muestras de autorespeto, de ahí la importancia de que seamos las dueñas de nuestra sexualidad, de nuestro cuerpo.

La sexualidad femenina ha sido permanentemente escondida y reprobada, y ya está bien: no hay nada de malo en ningún plano posible con que te toques, con que pruebes y con que disfrutes, sola y acompañada.

Pero ojo, cuando hablamos de probar y experimentar no es que todas tengamos que hacer lo mismo o que sientas que tienes que ser abierta a todo lo que venga, sea lo que sea... No, no hay un modelo único, no se trata de que todas tengamos que querer todo.

Vivir sana y plenamente tu sexualidad es poder descubrir qué quieres hacer y llevarlo a cabo, es no hacer lo que no te apetece, pero no porque no te sientas capaz o porque creas que es algo que está mal, sino porque desde la libertad total, sin filtros, ni miedos, decides que es algo que no te gusta.

Esa es la clave: ser libre para hacer. Porque, insisto, una buena relación con nuestro cuerpo, con las sensaciones que nos trasmite y con lo que hacemos con él, es una de las mejores formas de demostrarnos cuánto nos queremos.

Chica en ropa interior a través de una ventana

Permiso para disfrutar, permiso para ser libre

Para sentirte libre, para abandonarte al placer, lo primero y más importante es que te des permiso para disfrutar.

Al leer esto quizá estés pensando en que tú ya quieres disfrutar, y que evidentemente te has dado permiso, pero... ¿es un permiso completo o tiene restricciones? ¿Alguna vez has tenido alguna fantasía o te has excitado con algo que inmediatamente has desechado porque “no estaba bien” o porque entraba en conflicto con alguno de tus valores o ideales?

Es algo que pasa a menudo: creemos que actuamos libremente pero en el fondo tenemos un montón de reglas, de límites, que coartan nuestra sexualidad. Ideas que generamos en la adolescencia, a través de los amigos, el entorno, la sociedad, el cine, la tele... Principios que compramos y acatamos sin cuestionarnos si de verdad tienen validez para nosotras.

Así que te animo a que reflexiones acerca de tus ideas sobre el sexo, lo que consideras “bien” o “mal”, con lo que te sientes cómoda y con lo que no... y por qué no. Es posible que tuvieras barreras que no conocías, ¡deshazte de ellas si no te hacen sentir bien!

La única que puede determinar si algo está bien o mal en cuanto al placer y a su cuerpo eres tú, así que escribe tus reglas.

Esta eres tú

Ya hemos decidido que queremos disfrutar, y mucho, y para ello necesitamos conocer nuestro cuerpo, y no solo al tacto, también a la vista. ¿Alguna vez te has mirado la vulva? ¿Sabes qué forma tiene? ¿Su color?

A algunas mujeres les cuesta de entrada mirarse los genitales, pero es tan importante conocer nuestro cuerpo para poder cuidarlo y disfrutarlo, que merece la pena cuestionar nuestros miedos, nuestras incomodidades.

Reflexiona: ¿cómo voy a sentirme dueña, libre y orgullosa de mi sexualidad si no soy capaz de mirar mis propios genitales, si no los conozco ni los toco?

Si te cuesta o no te sientes cómoda, hazlo poco a poco, sin presión, sin exigencia. Tómate un baño relajante, ponte una mascarilla, velas y música. Y en la bañera, tranquila, recorre tu cuerpo, nota las curvas, las formas. Y en ese explorar, toca también tu vulva. Con calma, a gusto.

Si te asedian pensamientos negativos, si te sientes mal, párate y reflexiona sobre ellos: ¿de dónde vienen? ¿Te parecen válidos o ya no les encuentras sentido? ¿Qué es lo que quieres para ti de verdad?

Al salir del baño, relajada, mírate ante el espejo y, si te animas, mira también tus genitales. Separa los labios mayores, observa el color, las sensaciones tan distintas que produce tocar en esta o aquella zona. Pero siempre a tu ritmo, de manera que te sientas cómoda.

Este es tu placer

Ahora que te sientes cómoda con tu cuerpo toca sentirte cómoda con el placer que te puede dar... venga de la forma que venga.

Formas de masturbarse y de disfrutar hay tantas como mujeres, ya que cada una tiene sus preferencias, “su forma infalible de llegar al orgasmo”... E incluso hay variabilidad en el tiempo en cada mujer: puede que no te apetezca lo mismo y de la misma forma estando premestrual que cuando tienes la regla, por ejemplo.

Lo importante es que tengas claro que el objetivo es disfrutar de tu cuerpo, así que no buscamos una meta final: el triunfo es disfrutar en el camino.

Explorando tu placer

Como decía antes hay tantas formas de tocarse como mujeres, por eso lo ideal es que vayas probando y viendo dónde y cómo te gusta más, qué cosas te gustaría intentar, dónde...

Aquí tienes unas cuantas ideas por si quieres probar:

  • Túmbate (en la postura con la que te sientas más cómoda) y coloca un cojín entre tus muslos, de manera que haya presión sobre tu vulva. El movimiento y la fricción con el cojín lleva a muchas mujeres al éxtasis total.
  • En la ducha: además de con un baño relajante, como te contaba antes, hay muchas mujeres que disfrutan enormemente de la ducha... y no precisamente por sus propiedades higiénicas o reductoras de estrés. Dirigiendo el chorro de la alcachofa (que tiene un nombre con antiglamour y poco, poco erotismo, lo sé) hacia la vulva, hacia el clítoris, puedes obtener un enorme placer. Si tu alcachofa no tiene mucha potencia, puedes desenrroscarla y utilizar el chorro directo de agua.
  • Bocabajo, tumbadas, con los muslos cerrados, encuentran muchas chicas la forma más intensa de estimular su clítoris.
  • Juguetes: si te apetece, el mercado está plagado de juguetes sexuales que sin duda te harán disfrutar. Los hay más o menos complicados, más o menos específicos... pero si nunca los has probado puede ser buena idea empezar con algo sencillito. Un balín vibrador, por ejemplo y un dildo (es como lo que popularmente se conoce como vibrador, pero no vibra, solo sirve para introducirlo en la vagina). Juntos o separados pueden darte, nunca mejor dicho, mucho juego. Eso sí, compra siempre productos de calidad, tu salud sexual es vital.
Chica tumbada con un libro encima

Explora tus fantasías

Ser la dueña de tu placer pasa por serlo también de tus deseos, de tus fantasías, pasa por darte permiso para disfrutar no solo de tu cuerpo, sino también de tu cerebro (que, a la postre, es el órgano sexual más potente).

Las fantasías eróticas no tienen por qué ser algo que queramos llevar a cabo, pueden ser cosas que nos pongan y punto. ¿Qué te excita? ¿Qué te pone?

Para alimentar estas fantasías y tus ganas y deseo en general, puedes probar con literatura erótica (hay vida más allá de 50 sombras de Grey), con películas pornográficas (como las de Erika Lust)... Tu mente no tiene que atender a más limitaciones que las de tu deseo, así que dale rienda suelta a la fantasía.

Y bueno, si entre todas esas ideas excitantes descubres que hay cosas que quieres probar, ¡a por ello! Recuerda que tú eres la dueña de tu sexualidad, la que decide qué hacer y cuándo, sin más límites que los que tú te quieras poner. Disfruta tu cuerpo, quiérete mucho.

Imágenes | Unplash.com

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