¡Ya empieza el calorcito! Cinco claves para disfrutar (sin riesgos) del sexo en la ducha

¡Ya empieza el calorcito! Cinco claves para disfrutar (sin riesgos) del sexo en la ducha
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¿Quién no ha fantaseado con ampliar la ducha para tener espacio para dos… o los que surjan? ¿Quién no ha soñado con pechos o culetes contra cristales empañados por el vapor del amor? Todo eso suena estupendo, pero el sexo en la ducha, como todo, tiene sus trucos para que sea placentero… y seguro. Coge la toalla que vamos a mojarnos (guiño, guiño).

La puritita verdad es que el sexo en la ducha está (a ver cómo lo digo sin que se me echen encima hordas de haters ducha-lovers) sobrevalorado. La culpa la tiene la industria cinematográfica y la maravillosa forma en la que nos lo han presentado: fácil, seguro y desbordante de higiene y pasión. Pero claro, tú y yo no tenemos en casa equipo de producción ni ayudantes o especialistas que se aseguren de que nuestro trasero no acaba en el suelo (y no precisamente por placer).

Si a pesar de todo te quieres dar un buen remojo con final feliz sigue leyendo: te doy cinco consejos para ser la reina de los mares las bañeras.

1. Usa protección

Y no me refiero a preservativo (bajo el agua ojito con los preservativos que usamos, que se pueden estropear), hablo de poner una alfombrilla antideslizante o los clásicos patitos de goma con ventosa: por muy bueno que sea un encuentro sexual no vale un diente.

Esto del sexo en la ducha tiene, como todo, sus niveles de dificultad: en el extremo “Zero danger” estaría darse un beso apasionado pero tranquilito en un plato de ducha plano y rugoso, y en el extremo “Circo del Sol: ahora en tu baño” estaría poner una pierna en cada lado de la bañera (en los cantos, no en la base) y agarrarte al soporte del grifo mientras tu pareja...

Sea cual sea el modelo por el que vais a optar insisto: la seguridad es lo primero porque, fuera de bromas, la verdad es que os podéis hacer daño-dañito. Nota: para el momento “gárgola del amor sobre borde de bañera” puedes poner una toalla mojada que agarre y evite que te desnuques, aunque... sigue siendo arriesgado.

2. Antes de entrar, aclarar

Estamos a favor de enjabonarnos: la higiene es una cosa muy bonita y además “limpiar” al otro nos puede parecer de lo más sexy, ¿verdad? Seguro que tienes en mente la archiconocida escena de Memorias de África en la que (un guapo a rabiar) Robert Redford le lava el pelito a una extasiada (no es para menos) Meryl Streep. Bravo, Robert, bravo: nos pedimos un lavar y marcar por aquí. Pero pasan dos cosas:

  1. No sabemos qué tenía la espuma que usaron para la peli que no se movía de donde la ponían (más que espuma de champú parecía de poliuretano), pero la que tú tienes en casa es de la que se mete en los ojos y pica. La escena más que a la de Memorias de África se va a parecer a la de Miranda de luna de miel con su chico (Sexo en Nueva York, esa fuente eterna de referencias): mucho picor y poca erótica.
  2. Tu vagina no es lugar para la espuma (no lo es, no). La vagina tiene una función de autolimpiado (como los hornos) y el jabón lo único que hace es irritar (cosa que nos interesa entre cero y nada en general y en este momento en particular). Evitemos que la espuma se nos cuele por donde no debe: un enjuagón a tiempo es una victoria.
mujer en la ducha

3. Húmeda sí, lubricada… quizá no

Aunque parezca extraño el agua no sirve para lubricar, más bien es al contrario: retira la lubricación natural y favorece que haya fricción (y por tanto posibles molestias durante y después de).

¿Cómo solucionamos esto? Usando un lubricante, que para eso la industria del placer se ha devanado los sesos inventándolos de mil sabores, olores y con capacidad para lubricar en situaciones “extremas”.

4. Compartir es bonito… y calentito

Imagina el agua caliente cayendo sobre tu piel mientras tu pareja te acaricia y os besáis y os tocáis y… y entonces tu partenaire estornuda porque se ha quedado tieso de frío mientras tú estabas tan ricamente bajo el chorro. Esto ni está bonito ni es erótico, así que buscad la forma de que los dos estéis a gustito.

Spoiler: si os ponéis justo debajo del teléfono de la ducha el agua os caerá en la cabeza, nariz y boca y os ahogaréis, cosa que tampoco es erótica.

5. Con conciencia ecológica

La verdad es que ecológico, lo que se dice ecológico, esto de hacerlo bajo la ducha no es, y no está el planeta como para que andemos derrochando agua. Si tu conciencia eco te impide malgastar litros y litros aquí van tres consejitos:

  1. Dejemos el momento ducha para “el rapidito”, para ese día en el que sabes que la cosa va a ser visto y no visto (oye, que tiene mala prensa pero un “aquí te pillo, aquí te mato y además resolviendo en cero coma” también tiene su aquél).
  2. 90% en seco, 10% bajo el agua: haced todo lo que os apetezca hacer en otro espacio (en la cama, en la entrada, apoyados en la lavadora con el centrifugado puesto…) y reservad la ducha para la traca final.
  3. El descanso de los héroes: no hay nada más reconfortante, agradable e íntimo que compartir una ducha del amor después de una buena sesión de sexo. Si a la ducha accedéis una vez terminado el encuentro sexual podréis disfrutar del relax y de la higiene a dos, que es bonito, al tiempo que ahorramos agua a tope: dos duchados por uno.

Fotos: Zastavki.com; Bioderm;

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