Me he levantado a las 6 de la mañana y me he puesto a contestar correos y a escribir. He ido al gimnasio, preparado la comida, y después he seguido trabajando. He ido a mis clases de escultura y luego he quedado para tomar algo con una amiga. Mientras cenaba algo rápido he visto una serie sin dejar de mirar vídeos en el móvil. Miro mi agenda de mañana. Reviso lo que haré y me planifico. Me tumbo en la cama y sigo viendo vídeos y aunque estoy agotada, hay algo que me impide parar. Debería recoger la cocina. Y tenía que haber puesto una lavadora. Una voz en mi cabeza que parece repetirme que no debería estar tumbada sino haciendo algo, que no he sido suficientemente productiva.
Esa voz es lo que el filósofo Byung-Chul Han llama sociedad del rendimiento. En su libro ‘La sociedad del cansancio’ el filósofo reflexiona sobre cómo hemos llegado a un punto en que el problema no es que vivamos en un sistema que nos explota, sino que tú misma lo haces. Nos autoimponemos ser productivas y la autoexplotación es una virtud. La contemplación, en cambio, parece un acto de debilidad y por eso cuando paramos nos sentimos culpables. Como analiza en Vida contemplativa. Elogio de la inactividad’, "estamos perdiendo nuestra capacidad de no hacer nada. Nuestra existencia está completamente absorbida por la actividad y, por lo tanto, completamente explotada."
Ya no distinguimos entre trabajo y vida porque las vacaciones tienen que ser "experiencias" y el descanso "productivo". Como señala Han, "prolongamos la obligación de rendimiento y optimización hasta las horas de sueño. Es posible que el ser humano se deshaga en el futuro tanto del dormir como del sueño, puesto que ya no le parecerán eficientes".
Por eso para Han, "quedarte en casa es la forma más lúcida de resistencia. El silencio allí es el único lugar donde todavía puedes escucharte". Es la resistencia más eficaz contra un sistema que está roto y nos rompe. Puede parecer una paradoja que algo tan pasivo como tumbarse en el sofá sea rebelde, pero negarte a estar siempre disponible es rebeldía. No optimizar tu domingo. No convertir tu tiempo libre en tiempo productivo disfrazado de bienestar. Quedarte en casa se convierte en un acto antisistema y nos acerca a convertirnos en una sociedad que simplemente existe y no le tiene miedo a hacer nada.
Han dice que "el callar le da profundidad al habla. Sin silencio no hay música, sino nada más que ruido y alboroto. Solo el silencio nos vuelve capaces de decir algo inaudito", y es en ese silencio donde podemos convertirnos en la resistencia. Erling Kagge denomina al silencio “el nuevo lujo” ya que vivimos en un mundo dominado por el ruido y la actividad constante. Pero la evidencia científica afirma que dos horas de silencio se asocian con la generación de nuevas células en el hipocampo, la región cerebral de la memoria y la regulación emocional. Además, el silencio puede actuar sobre nuestra ansiedad y estrés y si lo hacemos a solas de forma voluntaria, aumenta la sensación de autodeterminación. La filosofía y la ciencia llegan al mismo sitio: necesitamos el silencio.
El capitalismo contemporáneo, como apunta Han, no soporta bien ese no hacer nada. Una persona que no responde de inmediato y que no produce, no se puede monetizar. El silencio, en este sentido, es un pequeño acto de desobediencia. Y no se trata de hacer un cambio de vida radical. Podemos simplemente hackear el sistema y desayunar sin el móvil. Pasear en silencio, sin escuchar música. Dejar que el aburrimiento aparezca. Permitir que una tarde de sábado sea, simplemente, una tarde.
Esa contemplación es lo que nos hace humanos y sin esa pausa, la vida se convierte en un acto reflejo. "Sin un momento de vacilación o de interrupción, la acción se rebaja a ciega acción y reacción. Mientras nos movemos siguiendo el esquema de estímulo y reacción, problema y solución, propósito y acción, estamos abocados únicamente a sobrevivir", escribía. No necesitas meditar, solo estar. Empieza por no hacer nada durante cinco minutos y estar en silencio. Han dice que en ese silencio todavía puedes escucharte y la ciencia dice que tu cerebro lo necesita. Y tú, en el fondo, ya lo sabías.
Fotos | ActuaLitté, CC BY-SA 2.0 via Wikimedia Commons, melanie nobaru en Unsplash, Zyanya Citlalli en Unsplash
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