Puede que conozcas un poco a Arthur Schopenhauer y te parezca algo pesimista. Lo es. De hecho el filósofo alemán es considerado el padre del pesimismo filosófico moderno y en su colección de escritos ‘Parerga y paralipómena’, donde aparecen sus célebres ‘Aforismos sobre la sabiduría de la vida’ asegura que la vida oscila entre el sufrimiento y el aburrimiento.
Ahora piensa en el capitalismo y dime si no te resuena un poco eso de que sufrimos porque no tenemos lo que deseamos y cuando lo conseguimos, sentimos aburrimiento porque ya lo hemos alcanzado. Schopenhauer nos avisa de que no hemos nacido para ser felices porque nos regimos por un incesante deseo. “Solo hay un error innato: pensar que existimos para ser felices”, señalaba en el ‘El mundo como voluntad y representación’. Pensó mucho en la felicidad durante sus reflexiones, tanto que hasta se inventó el término “eudemonología”, el arte de ser feliz, y desarrolló algunas reglas de felicidad que se compilaron hace ocho años en el libro ‘El arte de ser feliz’. En la regla 22 ya lo dejaba claro: “Vivir feliz solo puede significar vivir lo menos infeliz posible”.
Soledad para encontrar algo de felicidad
Para Schopenhauer la felicidad es la ausencia de sufrimiento ya que una felicidad perfecta es imposible y solo podemos aspirar a vivir de forma lo menos dolorosa posible. Pero si seguimos leyendo sus escritos, también podemos extraer una paráfrasis algo más esperanzadora porque para el alemán, "la mayor felicidad consiste en la personalidad: solo en la soledad se cultiva el yo verdadero".
A lo que se refiere con cultivar el verdadero yo es a que necesitamos la soledad para explorarnos. Para conocernos de verdad. "Un hombre puede ser él mismo solo mientras está solo; si no ama la soledad, no amará la libertad, porque solo cuando está solo es realmente libre", escribía. El motivo por el que relaciona soledad y libertad es más sencillo de lo que parece. Según Schopenhauer, la sociedad siempre nos coacciona. Debemos adaptarnos para vivir en soledad. Debemos mostrarnos comedidos e incluso cohibidos para encajar. Y eso, según el filósofo, es algo que diluye nuestra propia individualidad.
Al dejar de ser individuos únicos y pasar a formar parte de una sociedad que nos exige constantemente, dejamos de ser nosotros. Por eso cuando estamos en soledad podemos realmente ser nosotros mismos, sin medidas ni máscaras. Sin tener que pensar en lo que opinarán los demás. Sin juicios. Y aunque “es difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo”, tal y como afirmaba, también “es imposible encontrarla en cualquier otro lugar”. No es tan descabellado. Hay estudios que aseguran que la soledad elegida aumenta nuestra autonomía, promueve la regulación emocional y el sentido de identidad, además de mejorar el autoconocimiento y el bienestar.
La relación que Schopenhauer establece entre felicidad, soledad y libertad, es algo así como un efecto dominó y los más inteligentes lo saben, porque en sus palabras, "la soledad es el destino de todos los espíritus excelentes: a veces la suspiran, pero siempre la eligen como el menor de los males".
Únicamente en soledad podemos ser libres y solo libres podemos ser felices. O menos infelices según Schopenhauer.
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