Marida Sieve lleva más de veinte años enseñando pilates y formando instructores. Exbailarina profesional y atleta de gimnasia rítmica, ha visto desde dentro cómo la disciplina pasó de ser considerada un ejercicio de rehabilitación menor a convertirse en complemento habitual de deportistas de alto rendimiento. En una entrevista con el Dr. Borja Bandera en Youtube, esta experta explica las ventajas y beneficios del Pilates, y desmonta algunos de los mitos que circulan en torno a su práctica.
Para empezar, según esta experta afirma que el pilates tiene un problema de imagen. Durante años se asoció a clases suaves, a mujeres mayores buscando aliviar la espalda. Esa percepción ha ido cambiando con el paso de los años, pero todavía permanece en el imaginario colectivo de mucha gente. "La gente ahora sabe que es un método serio de entrenamiento".
Formada en España, Alemania y Estados Unidos, Sieve ha dedicado su carrera a dos cosas: impartir clases y formar a otros instructores. Desde esa posición, los mitos que rodean al pilates los conoce de sobra. El más extendido, que se trata básicamente de estirar. El segundo, que es una disciplina diseñada para mujeres. Según ella, ambos están "muy alejados de la realidad". En sus clases se trabaja fuerza, flexibilidad, equilibrio, movilidad y control postural. No desde la pasividad, sino a través del músculo. De hecho, define el pilates como "un sistema de ejercicios enfocado al trabajo global del cuerpo".
El reformer no es un aparato de tortura (aunque lo parezca)
El pilates tiene dos grandes vertientes: el trabajo en suelo, conocido como mat, y el trabajo con aparatos como el reformer o el cadillac. Para quien no los conoce, esos dispositivos con muelles, correas y estructuras metálicas pueden resultar intimidantes. Sieve reconoce el equívoco: a primera vista pueden parecer "aparatos de tortura". La realidad es más sencilla. Los muelles generan resistencia elástica, y esa resistencia obliga a controlar tanto la fase de esfuerzo como la de regreso del movimiento. Eso activa la musculatura profunda de una forma que el ejercicio convencional con pesas no siempre consigue, y protege las articulaciones en lugar de someterlas a impacto.
El método se articula en torno a seis principios: concentración, control, centro (el core), fluidez, precisión y respiración. Para Sieve, la concentración es lo que distingue al pilates de otras disciplinas. No es solo un principio filosófico, es algo que se nota en la sala: "En el gimnasio ves a mucha gente mirando el móvil, revisando mensajes o trabajando mientras entrena. Aquí no. Vienes a entrenar con concentración".
El core no es solo el abdomen
Joseph Pilates llamaba powerhouse a lo que hoy se conoce como core: suelo pélvico, transverso abdominal, oblicuos y musculatura profunda de la columna. Todo parte de ahí. "Si no hay una base sólida en el centro, el ejercicio pierde sentido", explica Sieve. Esa activación constante explica una sensación que muchos alumnos reconocen al salir de clase: cansancio, pero sin esa tensión acumulada que deja el entrenamiento de alta intensidad. El trabajo es continuo, sin pausas largas, encadenando ejercicios con fluidez.
La respiración tiene también un protocolo concreto: torácica, lateral y posterior, coordinada con el movimiento. Las exhalaciones acompañan a los gestos de flexión; las inhalaciones, a los de extensión. No es un detalle menor. La forma en que se respira cambia cómo se activa la musculatura profunda.
Un estudio publicado en 2025 investigó específicamente los efectos del entrenamiento de estabilización del core basado en pilates sobre la activación muscular profunda, y encontró mejoras medibles en la función de los músculos estabilizadores. Y una revisión en PubMed que analizó 21 estudios concluyó que los ejercicios de fortalecimiento del core, solos o combinados con el entrenamiento deportivo, contribuyen a reducir el dolor lumbar en atletas.
Compatible con crossfit, running o fuerza
Además, cada vez más deportistas lo incorporan a su rutina no como sustituto, sino como complemento. Sieve lo ve a diario: llegan alumnos tras episodios de dolor lumbar crónico, problemas cervicales o lesiones de hombro. "El método funciona porque enseña a mover el cuerpo con conciencia y a proteger la zona lumbar en cada gesto", señala. Y añade algo que contradice la idea de que el pilates es para quien ya está lesionado o para quien entrena poco: "Cuanto más fuerte entrenas, más necesitas un trabajo que te ayude a recuperar movilidad y a estabilizar".
En los estudios especializados, las clases con aparatos son de grupos muy pequeños, cinco o seis personas como máximo, para poder corregir de forma individual. Una sesión dura alrededor de una hora y la recomendación mínima para notar cambios reales es practicar dos veces por semana.
No todo lo que se llama pilates lo es
La proliferación de formatos híbridos, con música alta, movimientos rápidos y la etiqueta pilates pegada encima, incomoda a Sieve. No porque sea enemiga de la innovación, sino porque hay un punto en el que el método deja de serlo. "Está bien innovar, pero si se pierde la precisión y el control, ya es otra cosa", advierte.
A quienes todavía miran el pilates con desconfianza, les propone una cosa sencilla: probarlo varias sesiones, preferiblemente con aparatos, antes de sacar conclusiones. "Yo también tenía prejuicios con otras disciplinas hasta que las probé", reconoce. Sin más retórica que esa.
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