La psicología lo confirma: los objetivos de enero fracasan, pero hay una forma mejor de empezar 2026

Más que hacer una lista de 'cosas por hacer', un análisis de lo que hay que dejar ir es más adecuado

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Joel Calata

Editor

Enero siempre ha sido el mes donde la peña hace sus propósitos de año nuevo como si fueran órdenes divinas: apuntarse al gym, plantarse en meditar cada día o dejar de lado ese vicio de fin de semana que todos conocemos demasiado bien. El problema es que, como recuerdan los datos, la mayoría de esos planes se van al garete antes de que termine el mes. 

Una investigación muy citada del Baylor College of Medicine, así como los trabajos del psicólogo Richard Wiseman, revelan que alrededor del 88 % de las personas que hacen propósitos de año nuevo no los cumplen ni siquiera en las primeras semanas del año.

¿Y por qué pasa esto? Pues la ciencia lo deja clarísimo: esos propósitos dependen demasiado de la voluntad, y la voluntad es como ese colega que siempre dice "cuenta conmigo" pero nunca aparece. 

Según especialistas como Cherian Koshy, autora de Neurogiving, no es la intención lo que cambia realmente el comportamiento, sino la repetición. El cerebro no se rige por grandes promesas futuristas, sino por lo que repites en tu día a día, por fácil que sea hacerlo, no por lo aspiracional que suene en tu grupo de WhatsApp el 31 de diciembre.

De hecho, los propósitos tradicionales fracasan porque se la juegan a una carta demasiado débil: la fuerza de voluntad, que se acaba pronto, y cuando eso pasa, los viejos hábitos vuelven más fuertes que nunca.

En lugar de eso, lo que proponen los expertos es cambiar el chip y olvidar la típica lista de objetivos que parece sacada de un catálogo de autoayuda. Diseñar comportamientos concretos, que encajen con la rutina y que no dependan de que "te levantes con ganas" cada día, es lo que de verdad tiene sentido.

Otra idea que está ganando adeptos lejos del esquema clásico es la de hacer una lista de cosas que no vas a hacer en lugar de lo que te propones alcanzar. Puede sonar un poco contracultura, pero pensar en lo que quieres dejar atrás (por ejemplo, dejar de mirar el móvil nada más abrir los ojos o no decir "sí" a todo sin pensarlo primero, hace que tu cerebro tenga menos fricción para mantener lo que de verdad importa. La lógica es que, si evitas ciertas trampas habituales, acabarás creando más espacio para lo que realmente merece la pena.

Tampoco se trata de tirarse a la bartola hasta que llegue febrero. La clave, según profesionales de bienestar, está en empezar con rituales pequeños y consistentes. Hacer tres respiraciones lentas antes de levantarte de la cama, salir a tomar aunque sea un paseo corto bajo la luz del sol o ajustar tu hora de dormir poco a poco son cambios que parecen de risa, pero con el tiempo se acumulan y hacen más que cualquier declaración de intenciones grandilocuente. 

Además, muchos expertos recomiendan cambiar de propósito a intención: en vez de una lista de acciones dejadas en plan "este año voy a…" se trata de hacerte preguntas más profundas sobre lo que aprendiste el año anterior o qué no quieres arrastrar contigo al 2026

Este enfoque emocional y reflexivo, más centrado en lo que te importa de verdad que en una serie de checklist imposibles de cumplir, puede marcar una diferencia enorme en cómo afrontas el año.

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

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