No se trata sólo de músculos: un estudio confirma de un beneficio que el gimnasio representa más allá del físico y que nadie te ha contado

Entrenar con regularidad se perfila cada vez más como una herramienta silenciosa para fortalecer la autoestima

Anastase Maragos Hyve5sikmus Unsplash
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Joel Calata

Editor

Antes de pensar en músculos marcados o récords personales, el gimnasio suele percibirse como un espacio puramente físico, casi mecánico. Sin embargo, en los últimos años la ciencia ha empezado a mirar más allá del espejo y las pesas, señalando que entrenar de forma regular puede tener un impacto profundo en cómo una persona se ve a sí misma y se relaciona con los demás, un beneficio silencioso que hasta ahora había pasado bastante desapercibido.

Un reciente artículo publicado en Men's Fitness sugiere que la relación entre ir al gimnasio y sentirse bien consigo mismo va más allá de levantar kilos y sudar la gota gorda: los gimnasios pueden convertirse en espacios que refuercen la confianza personal de formas que mucha gente no había considerado hasta ahora. 

Según esta pieza, basada en un nuevo estudio que examina cómo los hábitos de ejercicio se entrelazan con la salud mental y la autoestima, casi un tercio de los hombres reconocen que sus inseguridades relacionadas con la imagen corporal, como evitar espejos o fotos, se reflejan en sus hábitos de entrenamiento y autoestima, y que justamente entornos como los gimnasios y los clubes de deporte aparecen como algunos de los lugares que más impacto positivo tienen en el bienestar psicológico y en la percepción de uno mismo, solo por detrás de parques y espacios al aire libre donde también se practica actividad física y se comparte con otras personas.

Este enfoque no es aislado en la literatura científica sobre ejercicio y salud mental. Numerosas investigaciones han mostrado que el ejercicio regular no solo mejora la condición física, sino también la autoconfianza y la percepción del propio cuerpo. 

Por ejemplo, un estudio publicado en PubMed encontró que las personas que ejercitan de manera habitual presentan niveles significativamente mayores de autoeficacia, autoestima y conciencia corporal en comparación con quienes llevan un estilo de vida sedentario, lo que sugiere que la práctica de actividad física frecuente puede ser un método eficaz para fortalecer estas facetas de la psicología personal.

Estudios adicionales también respaldan que la actividad física está asociada con mejoras en la autoestima y en la percepción de uno mismo a lo largo de distintas etapas de la vida, desde la juventud hasta la edad adulta mayor.

Más allá de los beneficios individuales, la literatura académica apunta a que el propio contexto social del gimnasio (las interacciones con el personal, con otros usuarios y el sentido de comunidad que se genera) puede favorecer la construcción de confianza en el entorno y aumentar la fidelidad de las personas a su rutina de entrenamiento. 

Investigaciones recientes destacan que una buena interacción entre los usuarios y los servicios del gimnasio contribuye a generar un vínculo de confianza que influye positivamente en la experiencia global de quienes asisten, lo que podría amplificar los efectos psicológicos saludables asociados a la práctica de ejercicio regular.

Aunque todavía se necesita más evidencia para entender con precisión la causalidad (es decir, si la asistencia al gimnasio genera confianza o si las personas con mayor confianza tienden a acudir más al gimnasio), la convergencia de hallazgos en múltiples estudios respalda la idea de que integrar el ejercicio físico en la vida cotidiana puede tener beneficios que van mucho más allá de lo meramente físico y que, en muchos casos, ayudan a reforzar aspectos tan esenciales como la autoestima, la autoeficacia y la sensación general de bienestar psicológico.

Foto de Anastase Maragos en Unsplash

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