Los ricos se están cansando del lujo tradicional y empiezan a recortar sus compras. Y el mercado de la moda y el cuero comienzan a temblar

Los ricos no se han quedado sin dinero, pero sí sin ganas de seguir comprando lujo como antes

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Joel Calata

Editor

Pasa algo curioso en el mundillo del lujo y no, no es que los millonarios de siempre hayan decidido irse a vivir a una casita en la sierra con huerto y gallinas: lo que está pasando es que incluso los ricos más pijos están empezando a recortar las compras de artículos de lujo tradicionales, y eso está haciendo temblar más de un imperio de la moda y los bienes de cuero que hasta ahora iban como un tiro. 

La tendencia sale de estudios recientes que han preguntado a los denominados 'high-net-worth individuals' (vamos, gente con un pastizal en el banco) y la conclusión es bastante clara: un 20 % de estos consumidores planea gastar menos en moda de diseñador durante los próximos 12 meses.

No hace falta ser un lince para ver que esto es un jarro de agua fría para casas de lujo que han vivido décadas confiando en que sus bolsos, zapatos, carteras y demás chucherías carísimas siempre tendrían un público dispuesto a soltar billetes sin pestañear. 

La burbuja del lujo tradicional empezó a pincharse en parte porque los precios han subido tanto que hasta los más pudientes empiezan a cuestionarse si realmente merece la pena pagar cifras estratosféricas por una bolsa de cuero del tamaño de una lata de sardinas.

Este frenazo no es una cosa aislada: los informes sectoriales muestran que el gasto en bienes de lujo personales lleva dos años prácticamente plano, con consumidores que están más cautos que nunca. La razón de ese bajón viene de una psicología del consumidor que ha cambiado tras la montaña rusa económica reciente, con inflación, tipos más altos y un panorama global que invita menos a dejarse llevar por compras impulsivas.

Y ojo, que no es que el mercado esté muerto del todo, que los analistas incluso señalan que el lujo podría volver a crecer entre un 3 % y un 5 % en 2026 pero esa meta no va a venir de la misma manera de siempre, sino más bien de reajustes y nuevas estrategias que hacen que los grandes grupos del sector se rasquen la cabeza y se pregunten qué van a hacer ahora.

En el centro del huracán están especialmente la moda y los productos de cuero, que históricamente han sido dos de los pilares del gasto de lujo. Cuando las ventas se enfrían en estas categorías, se nota mucho porque tiran del carro del resto del sector. Por ejemplo, marcas legendarias de artículos de cuero han reportado caídas de ventas y ahora están teniendo que cerrar tiendas y reestructurarse para aguantar el chaparrón.

Además, no ayuda que la percepción de valor se haya vuelto un poco loca: los consumidores más jóvenes, que deberían ser caldo de cultivo para el lujo del futuro, no tienen tanto interés en ostentar bolsos gigantes con logos estampados y prefieren gastar en experiencias o en piezas más auténticas y con historia, o incluso en el mercado de segunda mano, que está creciendo a toda pastilla.

El resultado es que la industria del lujo tradicional se ve forzada a hacer cosas raras para no quedarse atrás: hay más descuentos, más ventas en outlets que nunca antes y estrategias de marketing para tratar de convencer a la peña de que seguir pagando cantidades ridículas por lo mismo sigue siendo un plan cojonudo. Ahora el mensaje de "la exclusividad lo es todo" empieza a sonar un poco trillado cuando tú puedes pagar mucho menos por algo casi igual sin hipotecarte.

En definitiva, lo que está pasando ahora mismo es una especie de crisis de identidad para el lujo clásico: los ricos (sí, incluso ellos) están empezando a pensar dos veces antes de soltar pasta por un bolso de piel o unos zapatos de firma, y eso está obligando a la moda y al mercado del cuero a reinventarse o a apretarse el cinturón. 

Y mientras tanto, todos nos quedamos a ver qué narices pasa cuando hasta los que tenían dinero para quemar empiezan a encender el piloto de ahorro en vez de la tarjeta.

Foto de Llibert Losada en Unsplash

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