La cláusula "prohibida" de Michael Jordan que hoy sería impensable en la NBA es el secreto detrás de su éxito financiero

Jordan entendió algo que muchos aún no pillan: si amas lo que haces sin límites, el dinero acaba llegando solo

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Joel Calata

Editor

Hasta hace nada, Michael Jordan no solo era la leyenda del baloncesto por sus seis anillos y su locura competitiva, sino también por tener una cláusula en su contrato con los Chicago Bulls que hoy sería impensable en la NBA moderna y que, según muchos, explica parte de su éxito financiero y profesional. 

La famosa "Love of the Game clause" era un apartado tan curioso como revelador de cómo Jordan entendía su profesión: no solo como trabajo, sino como pasión pura que no se negociaba con nada ni nadie.

En una reciente conversación con el periodista Mike Tirico dentro del programa 'MJ: Insights to Excellence', Jordan recordó que cuando firmó su contrato con los Bulls incluyó una frase que casi parece de otro planeta. Básicamente, la cláusula decía que si él iba conduciendo por la calle y veía un partido de baloncesto en una cancha improvisada, podía pararse a jugarlo y, aunque se lesionase allí mismo, su contrato seguiría totalmente garantizado. 

Ha quedado claro que aquella cláusula era una declaración de intenciones más que un mero tecnicismo jurídico. En un mundo donde hoy cada deportista tiene mil restricciones extraídas de abogados, seguros y agentes, lo de Jordan rompe moldes porque partía de una idea brutalmente sencilla: si uno ama algo de verdad, no tiene sentido ponerle barreras

Y esto, según comentaban en un artículo de Fast Company, va más allá del básquet y se aplica a cualquier campo: para alcanzar la excelencia en lo que haces, primero tienes que amarlo de verdad.

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Este enfoque tan visceral no solo marcó su carrera en la cancha, sino que fue parte del ecosistema que más tarde le permitió construir un imperio fuera de ella. Si Jordan vivía el baloncesto como algo que no podía dejar de hacer, ese mismo fuego interior lo llevó a ser una marca global con Jordan Brand y contratos millonarios, desde zapatillas hasta acuerdos publicitarios que siguen generando ingresos décadas después de su retirada. 

El detalle de que aquella cláusula ya no exista hoy en la NBA lo dice todo sobre la evolución del deporte profesional: ahora los contratos están llenos de letras pequeñas sobre lesiones, seguros, exclusividades y obligaciones de marketing, y casi ninguno permitiría saltarse esas reglas por amor al juego. Pero en los ochenta, cuando Jordan entró en la liga, esa cláusula fue una forma de gritar al mundo que su relación con el baloncesto no era un curro, sino una necesidad vital.

Fotos de GQ Sports | Cloth Surgeon

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