La psicología dice que las personas que crecieron en los años 60 y 70 desarrollaron estas ocho fortalezas mentales que son raras hoy en día

Mayor contacto humano directo, menos distracciones digitales y responsabilidades asumidas desde edades tempranas conformaron el carácter de las personas que se desarrollaron en los 60 y en los 70

Psicología años 60 y 70
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Nacho Viñau

Editor

Muchos ven los años 60 y 70 con nostalgia: calles sin teléfonos inteligentes, comunidades más unidas y rutinas más lentas. Pero, desde una perspectiva psicológica, ese contexto histórico no solo marcó una época cultural; también moldeó la manera en que quienes crecieron entonces pensaban, sentían y resolvían problemas. Lo que hoy llama la atención de psicólogos y sociólogos no es la idealización de ese pasado, sino la constatación de que ciertas fortalezas mentales que se formaron entonces son menos frecuentes en generaciones más jóvenes.

Gran parte de esto se explica por cómo se vivía en aquella época: mayor contacto humano directo, menos distracciones digitales y responsabilidades asumidas desde edades tempranas. Esa configuración vital dejó huellas en habilidades cognitivas y emocionales profundas, algunas de las cuales están respaldadas por investigaciones sobre diferencias generacionales en capacidad de afrontamiento, control interno y atención.

Atención profunda y capacidad de concentrarse durante largos períodos

Mujer leyendo

Antes de la revolución digital, centrarse en una tarea era la norma, no la excepción. Leer un libro entero, practicar un hobby durante horas o completar una tarea sin interrupciones eran rutinas habituales. Pero ahora, los psicólogos advierten que la estimulación digital constante ha reconfigurado nuestro cerebro. La concentración sostenida se está perdiendo, reemplazada por micro explosiones de atención. 

Y frente a las nuevas generaciones nacidas en la era de internet, los adultos mayores pueden presentar estrategias de atención más eficientes para evitar distracciones internas, incluso cuando existen tendencias habituales a la mente errante, ya que todavía conservan esa memoria muscular cognitiva. Pueden concentrarse en una tarea. Pueden terminar lo que empiezan. Pueden estar presentes y seguir ejercitando la memoria para mantenerla ágil aunque pasen los años.

Contentarse con lo que se tiene

Hoy vivimos en la cultura de la insatisfacción. A causa de las redes sociales y del modelo de vida, siempre estamos deseando algo. Y cuando lo alcanzamos, nos surge otra nueva necesidad. Eso, aplicable a los bienes materiales, pero también a las relaciones de pareja, es totalmente diferente a lo que sucedía en los 60 y en los 70. 

En aquellas décadas, la gente vivía con menos posesiones, y con menos expectativas. Todo el mundo quería mejorar y avanzar, y de hecho, fueron los años del desarrollismo y de la expansión de la clase media en España. Pero aún así, y pese a las ganas de progreso, se vivía satisfecho con lo que se tenía, conscientes de las penurias que se habían vivido en España en la época de posguerra. 

No necesitaban lo último para sentirse satisfechos, no estaban obsesionados con tener el último modelo del iPhone, o de esa prenda que acaba de subir una influencer a sus redes. La psicología moderna llama a esos hábitos de contentarse con lo que se tiene satisfacción con la vida, mientras que en el budismo se conoce como desapego .

Tolerancia al malestar sin entrar al pánico

Quienes crecieron en esas décadas aprendieron pronto que lo incómodo no desaparecía con un clic. Esta exposición repetida a situaciones frustrantes favoreció lo que la psicología denomina tolerancia al malestar o la capacidad de experimentar emociones negativas sin colapsar. 

Estudios sobre afrontamiento generacional señalan que las generaciones mayores tienden a mostrar menos malestares ansiosos en situaciones cotidianas que la generación Z y los millennial, lo que sugiere diferencias en mecanismos de regulación emocional.

El resultado depende del esfuerzo

Mujer trabajando

En psicología, el locus de control describe hasta qué punto una persona percibe que controla los eventos de su vida. Las generaciones que alcanzaron la adolescencia antes de la hiperconectividad crecieron con la idea dominante de que el esfuerzo personal influyó decisivamente en los resultados, en contraposición a una sensación de incertidumbre externa generalizada hoy. 

Estudios de rasgos generacionales han identificado que esta dimensión de control interno difiere entre generaciones, influyendo en la forma de afrontar desafíos personales y profesionales.

La recompensa no era al instante

En el siglo XXI vivimos el momento del ya. Todo lo queremos de forma inmediata, desde la pizza que encargamos desde el sofá hasta la compra que acabamos de hacer en un ecommerce.  Casi todo lo que queremos lo tenemos al alcance de un clic. Pero eso no fue siempre así.

Antes del consumo instantáneo, las gratificaciones y 'recompensas' se planeaban, se esperaban y se ganaban. Las generaciones que vivieron sin acceso inmediato a las compras digitales o  notificaciones constantes desarrollaron esa paciencia de manera natural.

Capacidad para afrontar conflictos cara a cara

Hombre hablando por teléfono

Hoy vemos constantemente que las parejas cortan a través de un mensaje de WhatsApp (por no hablar del ghosting), o incluso a veces hay despidos a través de correos electrónicos o a través de aplicaciones de mensajería. En aquellos tiempos, en ausencia de mensajería instantánea o redes sociales, los conflictos se resolvían en persona. 

Esto exigía leer el lenguaje corporal, modular la voz y encontrar soluciones en tiempo real. Hoy, la cultura de la pantalla ha desplazado buena parte de estas competencias hacia formatos mediáticos que diluyen las señales humanas básicas, algo que la literatura psicológica identifica como un factor que altera las habilidades de interacción social, y que también puede provocar problemas de inseguridad en muchas personas.

Separar las decisiones prácticas de las emociones 

Siempre se ha dicho que no es bueno tomar decisiones en caliente, ya que decidir cosas importantes dejándonos por las emociones suele acarrear problemas posteriores. En aquellos momentos, existía lo que se denomina regulación emocional. 

Las emociones existían, por supuesto, pero las personas que crecieron en aquellos años no estaban sobreexpuestas al exceso de información por culpa de las redes o de los medios de comunicación. En estos momentos, todo se magnifica, y en ocasiones, cuesta tomar decisiones sin dejarse llevar por las emociones. 

Fortaleza psicológica basada en la prueba y error

Hoy estamos acostumbrados a recurrir a Google o a ChatGPT para solucionar cualquier problema. Y si no, hay mil y un profesionales dispuestos a ayudarnos con tan solo enviar un mensaje. En los 60 y en los 70, eso no era tan fácil. En aquellos momentos, tocaba resolver problemas con recursos limitados: desde arreglar un electrodoméstico hasta orientarse con un mapa en papel. Esa falta de recursos fomentó una confianza en la propia capacidad para enfrentar dificultades sin asistencia digital. 

Estas experiencias desarrollaron lo que los psicólogos llaman resiliencia a través del dominio : la confianza que surge al superar desafíos de forma independiente, desarrollando habilidades y hábitos que nos permiten rendir bien y recuperarnos bajo presión. Esa fortaleza mental cuesta más desarrollar en entornos donde la solución está siempre al alcance de un clic.

Fotografías | Freepik, Freepik, katemangostar

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