La frase de Plutarco sobre cómo enseñar a tu niño. Le hará más feliz y conseguirá que aprenda más y mejor

Aunque tiene dos mil años, es una premisa perfecta que podemos seguir en la educación de los niños. Les hará más felices y conseguirá que aprendan más y mejor

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Anabel Palomares

Editor

Aunque tenga casi dos mil años - Plutarco nació en el 46 d. C.- esta frase del historiador, biógrafo y filósofo griego es tan útil hoy en día, que puede llegar a convertirse en una máxima de la crianza si la usamos bien. “La mente no es un vaso que hay que llenar, sino un fuego que hay que encender”. Lo que sostenía Plutarco es que la educación debe enfocarse en despertar la curiosidad, el pensamiento crítico y la motivación intrínseca en lugar de intentar que el niño aprenda sin ton ni son. Define un concepto de educación tremendamente moderno que conecta además con la mejor forma de aprender que tiene el cerebro, y la que más feliz hará a nuestro hijo.

Hay algo muy importante a nivel científico que tenemos que entender. La información que nos llega y que no se conecta con intereses, emociones o experiencias se olvida con facilidad. Una memorización que sea únicamente aprender datos en la que el niño sea una especie de receptor pasivo (aprender, o llenar el vaso, se convierte en simplemente una acumulación de datos), genera aprendizaje superficial y frágil. 

Sin emoción no hay aprendizaje profundo

La neuropsicología es clara: no hay aprendizaje sin emoción. El cerebro recuerda mejor lo que le importa y la curiosidad, el asombro y el desafío activan sistemas de atención y memoria. Cuando Plutarco habla de fuego señala, metafóricamente hablando, que aprender es un proceso vivo y no mecánico y que es una emoción la chispa que prende, es decir, es el deseo lo que precede al conocimiento.

Encender ese fuego del que habla Plutarco es apostar por un aprendizaje que se construye poco a poco y comienza con la motivación interna. Es decir, la frase conecta con la idea de que la mente aprende mejor cuando quiere aprender. Si conseguimos que el niño sea activo y curioso, que se convierta en un explorador, estaremos encendiendo el fuego de su conocimiento. Es más, la motivación intrínseca (la que tenemos cuando queremos aprender) es el predictor más consistente de rendimiento académico positivo en adolescentes y jóvenes. 

Según la Teoría de la Autodeterminación de Deci y Ryan, el aprendizaje más profundo surge cuando se activan tres necesidades básicas: autonomía o sentir que uno elige y participa; competencia o sentir que puede lograrlo y vínculo, sentirse acompañado y validado. Como padres pasar se “Tienes que aprender esto” a “Vamos a descubrir esto juntos” es especialmente útil para activar las tres. En este contexto, encender el fuego como decía Plutarco, debe intentar que se activen estas tres necesidades, y eso significa que lo primero será despertar interés, no imponer contenidos. Y el secreto está en la dopamina y su función en la motivación y el aprendizaje.

Cuando hablo de motivar a un niño (o despertar su interés) no lo hago de premiarlo porque saque buenas notas en el colegio. No es lo mismo motivar a un niño que premiarlo, aunque a veces parezca lo mismo. Los premios pueden servir para que un niño empiece pero no hacen que le interese de verdad ni que quiera aprender por sí mismo. Si pensamos en lo que decíamos antes, de que el cerebro aprende mejor cuando hay curiosidad, sentido y ganas, si un niño estudia solo por el premio (la recompensa externa), hará lo justo para conseguirlo y perderá interés cuando desaparezca. En cambio, cuando despertamos su interés y se activan las necesidades básicas descritas en la Teoría de la Autodeterminación (autonomía, competencia y vínculo), su cerebro se activa de otra manera, se genera dopamina y el aprendizaje dura más. 

El rol del adulto en el aprendizaje de un niño, debe pasar de proveedor a cuidador. Es decir, no es quien “sabe todo” sino quien protege la curiosidad y guía al niño en su aprendizaje. Esto tiene una enorme implicación educativa, porque los profesores, por ejemplo, atendiendo a lo que decía Plutarco, deben provocar que esos niños se conviertan en personas con deseo de aprender. Tiene que encender el fuego, no intentar llenar un recipiente vacío. Se trata de activar su capacidad de aprender de una forma autónoma, fomentando la iniciativa y la creatividad. 

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Fotos | Wikimedia Commons, Paige Cody en Unsplash

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