Algunas actitudes tan comunes que pasan desapercibidas pueden estar saboteando tus entrevistas de trabajo, incluso sin que te des cuenta

Estos son los hábitos que parecen normales, pero que en realidad son las 'red flags' que hunden las oportunidades

Vitaly Gariev Hcs7mosp 94 Unsplash
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Joel Calata

Editor

Muchos candidatos creen que una entrevista de trabajo es solo una conversación más en su camino profesional, pero para quien ha visto cientos de procesos de selección desde el otro lado de la mesa, hay gestos y hábitos que a primera vista parecen normales y que, en realidad, pueden sepultar una oportunidad antes siquiera de empezar de verdad.

Esa es la conclusión de un CEO que ha entrevistado a más de 500 personas y cuenta que ciertas señales de alerta, tan sutiles como comunes, suelen predecir problemas antes de contratar a alguien.

Uno de los errores más habituales que marcan negativamente desde el minuto uno es llegar tarde o demostrar que uno no ha planificado bien su participación en la entrevista. Aunque solo sea un minuto de retraso, esa falta de puntualidad hace saltar las alarmas porque, para un reclutador, sugiere que ese mismo candidato podría no gestionar bien su tiempo con clientes o compañeros una vez dentro de la empresa.

Otro hábito que a muchos parece correcto (y que no lo es) es hablar de forma muy pulida y con mucha labia sin aportar ejemplos concretos de experiencias reales. Las respuestas bien engrasadas con palabras de moda pueden sonar a que alguien ha ensayado demasiado o que intenta tapar lagunas de fondo. 

Según el experto, esto no solo hace difícil evaluar qué sabe hacer el candidato, sino que también da la sensación de que uno puede hablar sin sustancia, lo cual es un gran "red flag" para los que buscan profesionalidad sobre adornos.

La energía con la que uno se presenta también cuenta más de lo que muchos suponen. Un entrevistado que entra a la sala o a la videollamada con actitud apagada, sin curiosidad ni entusiasmo, tiende a dejar la impresión de que no está realmente comprometido con la oportunidad. 

Para los entrevistadores, esto no es un simple detalle superficial, sino un indicio de cómo puede ser el desempeño diario de esa persona: si llega desganada a una entrevista, ¿Cómo será su implicación en las tareas del día a día?

Además de estas señales que provienen de la propia conducta del candidato, expertos en recursos humanos señalan que la falta de preparación específica sobre la empresa o el puesto también suele ser mal recibida. Por ejemplo, no conocer detalles de la organización o hacer preguntas muy genéricas muestra poco interés y compromiso, lo que puede provocar que el reclutador pierda rápidamente la confianza en el entrevistado.

En conjunto, estos hábitos (puntualidad deficiente, discurso vacío, baja energía y poca preparación) pueden parecer detalles menores o incluso inevitables cuando uno está nervioso ante una entrevista. 

Sin embargo, para quienes pasan gran parte de su jornada evaluando talento, se convierten en señales tan claras como evitar llamar la atención sin motivo. Saberlo puede marcar la diferencia entre ser descartado en la primera ronda o avanzar con éxito hasta la oferta final.

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

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