Durante décadas, la caballa estuvo catalogada de forma no escrita como “comida de pobres”. De hecho, incluso en tiempos de posguerra, casi nadie le daba valor. Sin embargo, los tiempos han cambiado y ya no es un pescado infravalorado. También llamada xarda o verdel, tiene un extraordinario perfil nutricional con el que se está ganando un merecido lugar, tanto en la cocina cotidiana como en la gastronomía más refinada.
Un superalimento accesible
A diferencia de pescados de "renombre" como el salmón, la caballa combina propiedades de primera con un bajo coste. Es rica en proteínas de alta calidad, aporta todos los aminoácidos esenciales y resulta más ligera y fácil de digerir que otros alimentos más populares, como la carne roja. Esto la hace ideal para personas de todas las edades y condiciones.
El verdadero tesoro de la caballa son sus ácidos grasos omega-3 (DHA y EPA), siendo uno de los pescados azules con mayores niveles de ambos juntos. El DHA contribuye a la memoria y al buen funcionamiento del sistema nervioso, mientras que el EPA protege el corazón, ayuda a reducir la inflamación de los vasos sanguíneos y disminuye los triglicéridos. También contiene vitamina B12, esencial para la formación de glóbulos rojos; vitamina D, clave para los huesos y el sistema inmunológico; y minerales como yodo, calcio y fósforo, importantes para el metabolismo y la salud ósea.
Menos mercurio y metales pesados
Otro punto a favor es la seguridad alimentaria que presenta. Al ser un pez pequeño, la caballa acumula mucho menos mercurio y metales pesados que otros peces de mayor tamaño. Este es un dato que nos permite incluirla en la dieta varias veces por semana, entre dos y tres raciones, sin riesgos para la salud.
Tanto fresca como congelada, enlatada o al natural, es una opción rápida y nutritiva para solucionar una comida. Sobre todo, la caballa en conserva es un salvavidas para la cena. Basta con abrir el envase, añadir el pescado a una ensalada y rematar con un toque de aceite de oliva virgen extra.
Sin embargo, no todos los métodos de cocinado conservan igual los nutrientes de la caballa. Para aprovechar bien el omega-3 y evitar exceso de grasa o sodio, lo ideal es hornearla o pasarla por la parrilla. De este modo, no solo conservamos los ácidos grasos sino que no abusamos del aceite.
También es buena idea hacer este pescado al vapor o hervido porque mantiene la humedad y la textura, además de preservar vitaminas y minerales. Por el contrario, conviene evitar frituras y pasarse con la sal, ya que pueden degradar los omega-3 y aumentar el contenido de sodio innecesariamente.
La caballa comparte historia con otros mariscos y pescados que fueron considerados humildes, como los percebes, las nécoras o las coquinas, pero que hoy se valoran por su sabor y aporte nutricional. Aunque, de momento, este pescado no alcanza el estatus de delicatesen, es cada vez más apreciada por chefs de países como Italia, Estados Unidos o Polonia.
Se vuelve a demostrar con la caballa que los alimentos humildes pueden ser extraordinariamente nutritivos. Su combinación de proteína, omega-3, vitaminas y minerales la convierte en un aliado para la memoria, el corazón y el bienestar general. Además de para el bolsillo por su precio económico.
Foto de portada | Richard L
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