Masa de chocolate negro y un centro de chocolate blanco. En la pastelería Van Stapele de Ámsterdam venden un solo tipo de galleta y, aún así, la cola es siempre siempre kilométrica, llueva o haga grados bajo cero. No es un decir, lo he comprobado yo misma con mis propios ojos. Solo se hornean (y se venden) 3000 por día y solo te puede llevar un máximo de siete por persona.
La unidad sale tres euros y solo el embalaje (un poco Bridgerton) ya merece la pena por sí mismo. Sin embargo, igual que personas de todo el mundo acuden a la calle Rokin y esperan el tiempo que haga falta para probarlas, también somos muchos los que nos vamos automáticamente en cuanto vemos la cola que hay que hacer a la intemperie. Es decir, que nos toca u olvidarnos o hacerlas en casa. Quienes ya las han saboreado dicen que saben como Oreo, pero con el toque de un centro derretido. Aquí va la receta de la repostera Estefi Colombo para recrearlas estés donde estés.
El primer ingrediente para hacer la masa es la mantequilla, que tiene que estar en pomada. O lo que es lo mismo: a temperatura ambiente, con textura cremosa y suave. Si no está en este punto aún, la removemos con una espátula para que quede bien blanda.
A continuación, agregamos azúcar moreno, azúcar blanca y empezamos a batir todo hasta que los cristales del azúcar se disuelvan (o lo que con tecnicismo se llama "cremar"). El objetivo es obtener una mezcla suave, esponjosa y voluminosa. Por cierto, es importante usar las dos variedades de azúcar porque le aportan mucha humedad a la galleta.
Cuando ya hayamos cremado bien, llega el turno de echar los huevos. Es importante que estos estén a temperatura ambiente para que no tengamos cambios de temperatura dentro de la preparación. Integramos hasta que se unifique todo.
Añadimos esencia de vainilla y ahora toca añadir los ingredientes secos pero siempre tamizándolos. Empezamos por la harina cuatro ceros, el almidón de maíz y la leche en polvo. Estos dos últimos podemos tamizarlos a la vez. Por supuesto, tampoco puede faltar el gran protagonista de las galletas Van Stapele: un cacao puro que sea de buena calidad.
Llegará un punto en el que se formaran unas pelotas de cacao en el colador, ayúdate de una cuchara para deshacerlas. No obstante, para que estas cookies queden craqueladas y se expandan hacia los costados como las originales, agregamos a continuación bicarbonato de sodio y, para realzar y potenciar el sabor del cacao, también una pizca de café.
A continuación, empezamos a mezclar todo poco a poco y con paciencia. Esta es una masa que se va hidratando a medida que vamos integrando, pero es importante no amasarla en exceso. La textura perfecta final ha de ser pegajosa pero maleable a la vez.
Ponemos papel vegetal en una bandeja de horno y con ayuda de una cuchara hacemos una bolita con la masa. Cogemos una onza de chocolate blanco (que sea de buena calidad) y la colocamos en el centro de la galleta. Presionamos hacia abajo suavemente y tapamos con otra pequeña porción de masa que sacamos del bol. Una vez bien cerrada, volvemos a formar la bolita con las manos y la dejamos sobre la bandeja.
Repetimos el proceso con toda la masa y metemos la bandeja al frigorífico durante unos 10-15 minutos. Mientras tanto, vamos precalentando el horno a 180 grados. Transcurrido este tiempo, le damos el último toque a la masa poniendo por encima unos pocos trocitos de chocolate con leche (pueden ser de onzas partidas de una tableta).
Metemos al horno y, cuando se hayan horneado, sacamos la bandeja y las dejamos enfriar un poco antes de comer nuestras deliciosas galletas de chocolate aún calientes.
Foto de portada | Van Stapele
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