Ana López y Beatriz Mayo, arquitectas: "La casa ideal para la jubilación debe ser abierta, amplia y flexible para adaptarse a las nuevas necesidades del día a día"

Las casas deben adaptarse al paso de los años para hacerla más cómoda y accesible

Reforma casa para la jubilación
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Nacho Viñau

Editor

Pensar en cómo queremos vivir en el futuro no suele ser una prioridad hasta que empieza a acercarse una etapa distinta. La jubilación cambia los ritmos, pero también la forma de relacionarnos con la casa: ya no es solo un lugar funcional, por el que pasamos cuando no estamos trabajando o atendiendo las obligaciones diarias, sino el escenario principal del tiempo cotidiano, donde se pasa más tiempo y donde el bienestar adquiere un papel central.

Esa nueva relación con la vivienda obliga también a replantear cómo deben ser los espacios, algo muy importante en un país cada vez más envejecido. No basta con que resulten estéticos o funcionales en el presente; tienen que acompañar los cambios físicos, emocionales y de ritmo que llegarán con el paso del tiempo. En esa reflexión se sitúa la mirada de dos profesionales que han analizado qué necesita realmente una casa pensada para esta etapa vital, pensando en las reformas que debemos hacer después de los 50.

Espacios abiertos, autonomía y una distribución clara

Cómo reformar la casa para la jubilación @ragoestudio

En una entrevista publicada en Arquitectura y Diseño, Ana López y Beatriz Mayo, dos arquitectas coinciden en una idea clave: la casa ideal para la jubilación debe ser abierta, amplia y flexible, capaz de transformarse según cambian las rutinas y las capacidades de quienes la habitan. En ese sentido, defienden que la distribución debe facilitar la movilidad, evitar barreras innecesarias y permitir distintos usos a lo largo del día.

La clave está en asumir que las necesidades cambian. Como explican las creadoras de Ragō Estudio durante la entrevista, "Al llegar a esta etapa, en la que el ritmo de vida es más relajado, la vivienda debe adaptarse a las nuevas necesidades del día a día", lo que se traduce en una prioridad evidente: "Aparece una mayor necesidad de fluidez, mediante una distribución clara que favorezca la autonomía".

Esa fluidez no responde solo a criterios prácticos. También busca crear un entorno acogedor para una etapa en la que la casa se vive más horas. Por eso insisten en mirar a largo plazo: "Es importante que la vivienda esté pensada no solo para el presente, sino también para el futuro, anticipándose a posibles cambios sin perder la sensación de hogar". Reducir pasillos, optimizar los metros cuadrados y favorecer recorridos naturales forma parte de esa estrategia. En sus palabras, "Apostamos por espacios abiertos, amplios y cómodos, donde los recorridos sean fluidos y naturales".

Una sola planta, tecnología integrada y menos obstáculos

Entre las recomendaciones más claras aparece la conveniencia de priorizar viviendas en una única planta. Evitar escaleras y grandes desplazamientos reduce riesgos de caídas y roturas de caderas, y facilita la vida diaria, igual que eliminar barreras arquitectónicas, conectar cocina y salón o incorporar puertas correderas que mejoren la accesibilidad sin renunciar al diseño.

La tecnología también puede jugar a favor del confort cuando se integra con discreción. Las arquitectas señalan que "Siempre que sea posible, recomendamos domotizar ciertos elementos de la vivienda, como persianas eléctricas o sistemas automatizados, que aportan comodidad y facilitan el día a día sin alterar la estética del hogar".

Despejar, iluminar y diseñar pensando en las rutinas

Cómo reformar la casa para la jubilación @ragoestudio

No todas las mejoras requieren grandes obras. A veces, pequeños cambios transforman por completo la forma de habitar un espacio. En este sentido, "Uno de los cambios más importantes es desahogar los espacios, liberando las estancias de muebles innecesarios y apostando por piezas bien proporcionadas”, explican. Ajustar alturas, mejorar la iluminación o elegir textiles más agradables puede marcar una diferencia real en el bienestar cotidiano.

La luz, de hecho, ocupa un lugar central en esta etapa. “La iluminación es siempre una de las claves en cualquier proyecto, y en esta etapa vital cobra todavía más importancia”, subrayan. Una iluminación suave, cálida y bien distribuida favorece el descanso, mientras que potenciar la luz natural, cuidar la regulación térmica y mantener el orden visual contribuye a crear ambientes tranquilos y fáciles de habitar.

El diseño, concluyen, debe girar en torno a la vida real: rincones de lectura, zonas de descanso o espacios dedicados a hobbies y cuidados personales. Porque, como recuerdan, "El respeto por estos rituales contribuye a mejorar la calidad de vida, haciendo que el hogar acompañe de forma natural el ritmo de quienes lo habitan".

Fotografías | @ragoestudio

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