Olivia S. Mitchell, economista estadounidense: "Si se destinara el 10 % de los ahorros para la jubilación a una renta vitalicia, el bienestar económico a los 85 años podría aumentar entre un 6 % y un 14 %

Esta experta recomienda guardar parte del capital ahorrado para cuando se superan los 85 

Renta vitalicia diferida
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Nacho Viñau

Editor

Preparar la jubilación va mucho más allá de calcular cuánto dinero se necesita ahorrar durante la vida laboral. Cuando llega el momento de dejar de trabajar, también hay que decidir cómo gestionar ese patrimonio para que pueda sostener el nivel de vida durante los años de retiro y no se termine antes de tiempo.

La economista estadounidense Olivia S. Mitchell lleva años estudiando precisamente cómo gestionar ese riesgo. Profesora de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania y especialista en pensiones, Mitchell ha investigado el papel que pueden tener las rentas vitalicias diferidas para garantizar ingresos durante los últimos años de vida.

Reservar el 10 % de los ahorros para recibir ingresos a partir de los 85 años

En una entrevista publicada por Knowledge at Wharton, Mitchell explica los resultados de una investigación que realizó junto a Vanya Horneff y Raimond Maurer sobre las llamadas rentas de longevidad.

El planteamiento consiste en destinar una parte de los ahorros acumulados para la jubilación a una renta que no comienza a pagar inmediatamente, sino a una edad avanzada. En el modelo estudiado por los investigadores, los pagos empezaban a los 85 años. Aunque claro, 

¿Qué es una renta vitalicia diferida?

La diferencia respecto a una renta vitalicia convencional está en el momento en el que comienzan los pagos. Una persona puede contratar una renta para recibir una cantidad periódica durante la jubilación, pero una renta vitalicia diferida permite retrasar el comienzo de esos ingresos. En la investigación de Mitchell, el horizonte elegido son los 85 años.

El objetivo es cubrir una etapa de la vida en la que una persona puede haber consumido buena parte de sus ahorros. Si llega a esa edad, empieza a recibir los pagos de la renta y dispone así de una fuente de ingresos adicional durante el resto de su vida, según las condiciones del producto contratado. Y además, lo hace justo cuando la pérdida de autonomía puede ser más grave, y es más necesario que nunca tener recursos para afrontar pagos y no perder calidad de vida. La estrategia pretende hacer frente a uno de los riesgos más difíciles de calcular al planificar la jubilación: vivir más de lo previsto.

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El problema de que los ahorros tengan que durar toda la vida

Cuando una persona se jubila, puede calcular cuánto dinero tiene, gestionar los planes de pensiones y establecer un ritmo de retiradas. El problema es que la duración de la jubilación es incierta. Si los gastos se mantienen y la persona vive muchos años, el patrimonio puede ir reduciéndose hasta alcanzar niveles que dificulten mantener el mismo nivel de vida. Reservar una parte del dinero para generar ingresos en una edad posterior permite introducir una especie de colchón frente a ese riesgo.

Eso es lo que estudia el trabajo de Mitchell, Horneff y Maurer, titulado “Putting the Pension Back in 401(k) Plans: Optimal versus Default Longevity Income Annuities. El estudio analiza cómo podrían utilizarse las rentas de longevidad dentro de los planes de jubilación de aportación definida.

Los investigadores calculan qué proporción del patrimonio tendría sentido destinar a una renta que comenzase a pagar a los 85 años. En sus modelos, las cantidades óptimas varían según las características del individuo, pero se sitúan en una franja relativamente reducida del patrimonio acumulado.

La idea es asegurar dinero para cuando la jubilación se alarga

La propuesta tiene una lógica diferente a la de simplemente guardar todos los ahorros y retirarlos poco a poco. Si todo el patrimonio permanece disponible, la persona tiene que gestionar por sí misma el riesgo de que sus recursos se terminen. Al convertir una parte en una renta vitalicia, una compañía aseguradora asume ese riesgo a cambio de las condiciones establecidas en el contrato.

En la entrevista de Knowledge at Wharton, Mitchell explica precisamente que las rentas vitalicias pueden servir para transformar una parte del patrimonio acumulado en una fuente de ingresos que continúe cuando una persona alcance edades avanzadas.

No se trata, por tanto, de destinar el 10 % de los ahorros y olvidarse del resto. La propuesta consiste en separar una pequeña parte del patrimonio para cubrir específicamente los años más tardíos de la jubilación, mientras el resto continúa disponible para los gastos de las primeras etapas.

Una investigación basada en el sistema de jubilación estadounidense

Hay una cuestión importante a la hora de interpretar los resultados. La investigación de Mitchell, Horneff y Maurer está realizada sobre el sistema estadounidense de planes 401(k) y utiliza los parámetros de jubilación de Estados Unidos.

Por eso, el porcentaje de entre el 5% y el 15% no debe entenderse como una recomendación de Mitchell para todos los jubilados, ni como un porcentaje que produzca necesariamente el mismo resultado en España. El funcionamiento de las pensiones y de los productos de previsión es diferente en cada país.

Lo interesante de la investigación es el concepto que hay detrás: reservar una parte del patrimonio para garantizar ingresos cuando la jubilación ya se encuentra en una etapa muy avanzada.

De acuerdo con el escenario analizado por Mitchell, utilizar alrededor del 10 % de los ahorros para contratar una renta vitalicia diferida podía elevar entre un 6 % y un 14 % el bienestar económico a los 85 años. Una estrategia diseñada, en definitiva, para afrontar uno de los principales interrogantes de la jubilación: qué ocurre si los ahorros tienen que durar mucho más de lo previsto.

Fotografías | ldi, Unsplash, Ravi Patel

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