Joan Manuel Serrat disfruta de una etapa de su vida muy diferente a lo que era su normalidad hace unos años. El cantante pasó de viajar, hacer conciertos y atender todo tipo de compromisos profesionales a vivir de una forma mucho más pausada, lo que se ha convertido en uno de sus mayores lujos.
Su día comienza sin prisas, disfrutando de los pequeños placeres de la vida que, con los años, son los que han cobrado especialmente importancia para él: "Desayuno un café solo, negro y bien puesto. No necesito más para que el motor empiece a rodar e intento no mirar el reloj". Pero, de lo que realmente disfruta también en ese momento del día es de algo tan simple y tradicional como leer el periódico: "Me gusta el tacto del papel y ese rato de silencio antes de que el mundo se ponga a gritar”, según recoge este medio.
Y es que ahora disfruta de una vida adaptada a lo que a él le gusta hacer y no solo a cumplir obligaciones: "Es un placer extraordinario despertarse y no tener que ir a ningún lugar ni cumplir con ningún horario”, dice. Pero todo ello no significa que haya dejado de mantenerse activo a nivel físico y mental, ya que dice camina a diario y continúa yendo a su despacho a ponerse al día con sus papeles y documentos. "No voy a trabajar en el sentido estricto, voy a leer, a escribir mis cosas, a ordenar mis recuerdos. No he dejado de ser curioso". Esto le permite mantenerse intelectualmente y seguir cultivando algunas de las pasiones que le han acompañado durante toda su vida.
De las giras y los escenarios a una vida sin prisas
Joan Manuel Serrat acaba de cumplir 82 años y asegura que la alimentación también muy importante en este concepto de vida más relajada; no sigue dietas, pero sí apuesta por un sentido común a la hora de comer y de disfrutar, al mismo tiempo. "Trato de ser cuidadoso, pero sin ser un pesado. Como de todo, me gusta mucho la cocina mediterránea y, por supuesto, una copa de vino no falta. Pero mi rutina ahora es de ‘moderación placentera’", dice.
Pero eso sí, tiene sus caprichos platos favoritos como ‘cualquier hijo de vecino’: "Los huevos fritos con patatas, que fue mi cena a lo largo de 20 años. De hecho, soy experto en huevos fritos y bocatas de mejillones en escabeche. Se me dan muy bien. Incluso, en su día, monté un restaurante y una bodega", explica en esta entrevista. "Siempre he considerado que comer va más allá de la pura necesidad de alimentarse. Soy un hombre sensible ante la alimentación".
El retiro supuso para él un cambio de prioridades y aunque hoy continúa ligado a la música y diferentes proyectos profesionales, su ritmo es mucho más pausado. Ahora dice, ha aprendido "a ver amanecer sin tener que irme a dormir después de un concierto. A estar con los míos. A ser un hombre que camina por la calle sin más pretensión que llegar a la esquina".
Disfruta de una libertad que le permite estar sobre todo con lo que más quiere, los suyos, concretamente de sus nietos que son los que organizan en buena medida sus días: "He pasado de ser el dueño de mi tiempo a estar a las órdenes de mis nietos, y es la mejor jefatura que he tenido nunca", asegura.
Fotos | @joanmanuelserrat, Gtresonline
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