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Método Karezza: o cómo olvidarse del orgasmo puede llevar el placer a otro nivel

Método Karezza: o cómo olvidarse del orgasmo puede llevar el placer a otro nivel
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La necesidad absoluta de llegar al orgasmo (y ya no os cuento el tener que hacerlo al mismo tiempo los dos miembros de la pareja) ha ocupado portadas, páginas, libros y horas y horas de televisión y radio. El orgasmo parecía la última frontera… de ahí que a muchos les sorprenda tanto la propuesta del método Karezza: olvidarse del orgasmo y centrarse en todo lo demás. Un sexo más placentero y una mayor intimidad, eso nos prometen con esta técnica que pasa por renunciar… “al final que muchos creen imprescindible”.

Aunque parezca una de esas modas ultracontemporánea con ecos orientales no, no es nada de eso. Su creadora, sí, una mujer, se llama Alice Bunker Stockham… Bueno, se llamaba, porque la buena señora vivó allá por finales del siglo XIX, así que de modernismos nada.

Coitus reservatus… maravillosus

Este método no deja de ser algo que se conoce históricamente como coitus reservatus. ¡Qué bien suena todo siempre en latín!

Se entiende por coitus reservatus la práctica en la que el hombre evita la eyaculación, demorando lo máximo posible el paso de la meseta al orgasmo. ¿Meseta? ¿Qué meseta si yo soy de costa? Espera que te cuento:

El ciclo de la respuesta sexual humana pasa por varias fases. Existe bastante consenso en entender que la primera, y fundamental, es el deseo. Sin deseo no hay excitación (que es la siguiente fase), y sin ésta no hay nada de nada.

Un momento, que voy a puntualizar: algunos autores consideran que dependiendo de la interacción sexual es posible que se dé excitación sin que haya deseo previo, por ejemplo si nuestra pareja nos acaricia… y nosotros le dejamos porque nos gusta. Otros señalan que si nos gusta y nos excita es porque hay deseo… Bueno, la cuestión es que a estas alturas ya nos lo estamos pasando bien.

La excitación va subiendo y subiendo hasta que pasamos el “Despeñaperros sexual” y llegamos a la meseta, que es el punto en el que el método Karezza quiere que nos quedemos. Si seguimos con el circuito de la respuesta sexual humana tras la meseta vendría el orgasmo y a continuación la fase de resolución (todo vuelve a su sitio, nos calmamos y nos quedamos en la gloria y con buen cutis).

En el caso de las mujeres tras el orgasmo puede venir otro, y otro y otro… hasta el infinito y más allá (o hasta que necesites una bebida isotónica para reponerte). En el caso de los hombres tras el orgasmo se da el periodo refractario, un tiempo de pausa para recomponerse que necesitan las criaturas antes de volver a retomar la actividad sexual (con erección, me refiero).

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Meseta vs orgasmo

¿Qué tiene la Meseta que hace que merezca la pena quedarse a vivir en ella? Placer, mucho placer.

Tradicionalmente (y desgraciadamente en la actualidad) vivimos inmersos en un modelo de sexualidad en el que el orgasmo es el rey, el fin, la meta, lo único que importa de verdad, algo que si no conseguimos resta valor al encuentro sexual. Y sí, el orgasmo es lo más, eso no podemos negarlo pero… pero el sexo son más cosas. El placer está en todas y cada una de las etapas de nuestra respuesta sexual.

¿Qué placer obtenemos en la Meseta? En esta fase se produce una prolongación de las sensaciones y cambios que veníamos experimentando de la anterior, la excitación. Es decir, nos excitamos más y más… y con ello nuestra respiración aumenta en intensidad, aparece el rubor sexual (esas chapetitas coloradas tan monas que se nos ponen en los mofletes) y nuestros genitales, que están on fire, se preparan en la plataforma de lanzamiento con los motores a tope listos para… salir disparados. Sería algo así como la sensación que tenemos en la nariz antes de estornudar…

Y esto es lo que los “believers” del método Karezza buscan: prolongar esa sensación de excitación máxima, ese “tengo el orgasmo ahí cerquita”, el máximo tiempo posible, consiguiendo con ello un placer, según dicen, de mayor calidad que el del orgasmo.

Otras ventajas: sí, además del propio placer el método parece tener otras ventajillas:

  • Favorece la intimidad de la pareja
  • Ayuda a romper la monotonía
  • Puede ser de ayuda en casos de disfunciones sexuales en las que necesitemos eliminar de la ecuación la presión por alcanzar un orgasmo o la tensión que produce el “tener que llegar”. Hablamos de casos de, por ejemplo, problemas de erección o dolor al practicar el coito (sin causas fisiológicas).

Y no me voy a sentir frustrado?

Esa sensación de frustración sin duda viene mediada por la cultura, las expectativas… Si hemos disfrutado de una velada absolutamente placentera y llena de intimidad con nuestra pareja, ¿de verdad es tan terrible no haber tenido un orgasmo? ¿Vamos a tirar por tierra una o dos horas de placer por eso? ¿Es menos placer el obtenido sin orgasmo? Reflexionemos.

Además, no tener un orgasmo, no eyacular, hará que tu deseo, tus ganas, estén vivas, a flor de piel, de manera que estarás más activo y por tanto harás más. Es un círculo vicioso, nunca mejor dicho.

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Cómo se practica

En principio parece que cada pareja ha de encontrar su propio itinerario, las pautas y fases que le den resultado, poner en práctica lo que le guste y le apetezca en cada momento del encuentro sexual. Sin embargo existen algunas directrices que pueden ser de utilidad:

  • Sin prisas: esto no es un “aquí te pillo, aquí te mato”, más bien es justo lo contrario. Necesitamos tiempo para llevarlo a cabo y sacar el máximo provecho/placer.
  • Espacio: necesitamos un espacio en el que sepamos que no nos van a interrumpir y en el que estemos muy a gusto, cómodos.
  • Relajados. Aromas, masajes, mirarnos a los ojos, estar atentos al latido de nuestros corazones… Es preciso estar muy muy relajados para conectar y estar plenamente atentos a nuestras sensaciones. Se suele recomendar empezar sentados uno frente al otro mirándonos a los ojos, con las manos agarradas.
  • Sexo… lento. Iniciamos la penetración pero sin realizar grandes movimientos. Recordad que no queremos eyacular… En este punto cada pareja, cada persona, ha de probar hasta encontrar qué movimientos y qué posturas le ayudan a mantenerse en esa frontera que buscamos. Para evitar eyacular la respiración, concentración en las sensaciones propias y en el cuerpo y respiración de la pareja sin duda será de ayuda.

El método Karezza puede ser divertido, relajante, enriquecedor… probar cosas nuevas nunca está de más, al contrario, seguro que nos sienta bien. Además, nadie dice que haya que practicarlo en exclusiva, así que entre Karezza y Karezza… ¿uno salvaje? ¿Uno rapidito?

Fotos: Pixabay.com

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