Robert Lustig, neuroendocrinólogo: "La idea de comer menos y hacer más ejercicio es lo que la industria alimentaria quería que creyeras"

Hay una razón por la que todo el mundo cree que si estás gordo es culpa tuya, y es que se nos da muy bien culpar a la víctima

Obesidad No Se Cura Comiendo Menos Y Haciendo Mas Ejercicio
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Anabel Palomares

Editor

Robert Lustig es neuroendocrinólogo y experto en obesidad. Uno de los campos que más ha investigado es el azúcar. De hecho en 2013 publicó el libro ‘Sugar Has 56 Names’ (el azúcar tiene 56 nombres) con los nombres de ingredientes que los fabricantes utilizan para disimular el contenido de azúcar. Y no es lo único que destapa, porque hace unos meses, en el podcast Decoded Genius, afirmaba que esa idea de que comer menos y moverse más es la solución a la obesidad, es una construcción artificial diseñada por la industria alimentaria.

Para perder peso necesitamos comer menos y hacer más ejercicio para provocar un déficit calórico. Pero hay que tener en cuenta algo y es que a partir de cierto nivel de actividad nuestro cuerpo se adapta y el gasto energético total se estanca y se produce una adaptación metabólica. Nuestro cuerpo se vuelve más eficaz y gasta menos calorías, lo que significa que, después de un tiempo haciendo el mismo ejercicio, dejas de quemar la misma cantidad de energía que al principio. 

Lo curioso es que la industria se ha empeñado en hacernos creer que es la pereza lo que provoca la obesidad, cuando los estudios afirman que la obesidad es multicausal y el sedentarismo sigue siendo relevante, el principal motor del aumento de la obesidad en los últimos años no es el deporte sino los cambios en la dieta.

El papel de la fructosa en la obesidad

Lo que sostiene Lustig es que el verdadero culpable de la obesidad no es la pereza ni el número de calorías, sino la fructosa y la respuesta insulínica de nuestro cuerpo. El problema es que la industria alimentaria ha influido tanto en nosotros con su discurso, que ha calado. Lo que buscaban no era otra cosa que distracción. Si desviaban la atención hacia el ejercicio físico, la alejaban de sus productos. Lo conseguían hasta financiando estudios. Por ejemplo, en 1965 la Sugar Research Foundation pagó revisiones científicas que culpaban a las grasas de las enfermedades coronarias, para que así nadie pensara en el azúcar y mantener su negocio.

Otro ejemplo lo tenemos en Coca-Cola, que invirtió millones en financiar la Global Energy Balance Network (GEBN) para "cambiar la conversación" sobre la obesidad y centrarla en la falta de actividad física en lugar de en lo que la industria alimentaria nos ofrece para comer. Según Lustig, ese “come menos, muévete más” se basa en las calorías que entran y calorías que salen, pero también en la gula y la pereza. “Hay una razón por la que todo el mundo cree eso, que si estás gordo, es culpa tuya”, explica. Y es que en nuestra sociedad, como explica el doctor, “se nos da muy bien culpar a la víctima. Llevamos mucho tiempo haciéndolo”. 

Según Lustig, la realidad es que esto no es un problema de víctimas, “porque todo el mundo está expuesto y todo el mundo es susceptible”, y tiene que ver con la insulina y la glucosa. “Hay una razón por la que hemos pasado de un 5% de obesidad en 1970 a un 45% hoy en día, y no es porque la gente se haya vuelto glotona y perezosa”, asegura. Lo que ha pasado es que se ha hecho patente que la bioquímica determina el comportamiento y que “el hambre nos controla, sin ninguna duda". 

El experto afirma que existen tres motivos que nos impulsan a comer, "hambre, recompensa y estrés". La primera es una necesidad biológica pero las otras dos se relacionan mucho con nuestra vida. Según Lustig, "el estrés nos controla porque comer es una forma de aliviar el dolor. Así es como aliviamos el dolor de nuestra vida, el sufrimiento emocional de vivir, de enfrentarnos a todas las dificultades que tenemos que afrontar los seres humanos en nuestro día a día".

Aquí entra en juego la idea sobre la fructosa del neuroendodrino. De lo que se trata es de buscar la dosis segura de fructosa, y según el experto, la hemos superado con creces y el problema es que “nuestros hígados tienen una capacidad innata para metabolizar la fructosa de la misma manera que metabolizan el alcohol”. Por eso se habla de “restringir” el consumo de fruta porque esta contiene fructosa y apunta directa a tu hígado. Pero solo cuando la fructosa se consume en dosis altas desborda la capacidad intestinal y llega de forma masiva al hígado, porque según los estudios, el intestino delgado procesa cerca del 90% de la fructosa si hablamos de dosis bajas y normales. 

Es decir, comerte dos o tres piezas de fruta al día no es algo malo. Beberte dos o tres zumos naturales al día, sí lo es, porque ingerirás de golpe mucha más fructosa de la recomendable y superaras esos 25 gramos de los que habla Lustig en un abrir y cerrar de ojos.

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Fotos | Facebook Robert Lustig

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