Te levantas, vas a la cocina y comienzas a prepararte el desayuno. Puede que sea un café con tostadas (una mala elección según los expertos), o que decidas incluir algo de fruta en ellos, por ejemplo en formato de zumo. Sacas el exprimidor y te preparas un buen vaso de zumo natural que crees que es sanísimo. Pero la realidad es que no lo es tanto según Carlos Jaramillo.
El Dr. Carlos Jaramillo se graduó de Medicina en la Universidad de La Sabana y tiene estudios de posgrado en bioquímica y fisiología clínica en la Universidad de Harvard. Pero además es uno de los divulgadores médicos más conocidos de internet, y autor de libros que han sido bestseller, como ‘El milagro metabólico’. Es en este libro donde el médico nos avisa de un hábito que puede parecer saludable pero no lo es: tomar zumos.
“Los zumos, al final, son pura fructosa suelta. Al triturar la fruta, al pasarla por un colador y desechar la fibra de esta, lo único que queda en el vaso es un líquido que contiene vitaminas, minerales, un buen sabor, agua y fructosa suelta”, escribía. La fibra se queda fuera de la ecuación, que es la que alimenta a nuestra microbiota para mantenerla sana, porque como asegura Jaramillo, “la fibra de esa fruta sí te ayudaría con su aporte de glucosa y con los beneficios que brinda al tracto gastrointestinal. Pero la fibra se quedó en el colador”, y aunque no cueles el zumo, los beneficios no son los mismos que si te comes la fruta entera.
Como todo en la vida, tomarte algo de vez en cuando no es un pecado mortal. Si te vas de vacaciones y desayunas en una terraza junto al mar con un zumo, no vas a morirte ni estás atentando contra tu salud, pero que el zumo forme parte del desayuno habitual es un hábito muy poco saludable, como también explica el Dr. Jaume Fontanals, experto en microbiota.
El problema con los zumos es que consumimos mucha más fruta de la que parece al tomarlos y por ende, mucho más azúcar del recomendado, pero además dejamos fuera la fibra. “¿Cuántas naranjas necesitaste para hacer ese zumo? Tres o cuatro. ¿Cuándo, en tu sano juicio, te comerías tres o cuatro naranjas en el desayuno? Nunca”, explica.
No es que la naranja sea mala, lo que es malo es comerte cuatro naranjas en dos minutos. Esa fructosa suelta de la que habla Jaramillo, “va directo al hígado, y es mucha. Sin embargo, podrías beber dos o tres zumos de naranja o mandarina porque tu cerebro nunca recibirá la señal de que estamos llenos”.
La solución es sencilla: cambiar los zumos por la fruta. Comerte una naranja o una mandarina es, a nivel nutricional, una elección mucho más sana que tomarte un zumo de naranja o de mandarina. “La coges, la pelas y directa a la boca. El sabor es fantástico. Su olor es una maravilla. Y al ingerir la fibra sí que estás logrando que tu amada naranja y tu adorada mandarina sean buena información para tu cuerpo. La fibra sí dará aviso a la leptina y esta mandará mensajes fiables a tu cerebro”, es decir, le dirá que estás saciada y cesará la señal de hambre.
Así, comeremos menos y mejor y romperemos un hábito que creíamos saludable pero no lo es,. Y es fácil, aunque sea algo de lo que estábamos convencidas porque, como escribe Jaramillo, “significa romper una tradición, hacer un cambio en la rutina, aceptar que durante años tú, yo, todos, estuvimos exprimiendo y tomándonos una mentira”.
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Fotos | Instagram @drcarlosjaramillo, Denys Gromov en Pexels
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