En Bolvir, el agua ha trazado uno de los caminos más bonitos para conocer el pueblo. Se trata de un sendero que recorre la zona norte del municipio al lado de una acequia, mientras se asoma a los espectaculares paisajes de la Cerdaña. Lo mejor es que ofrece una forma de acercarse a este rincón del Pirineo gerundense: una excursión para recorrerlo a pie y con un presupuesto muy distinto al de La Pleta. O lo que es lo mismo: la urbanización de montaña de lujo que se ubica en la comarca, una de las más exclusivas de toda Cataluña y en la que tiene casa Risto Mejide.
El propio presentador la ha mostrado en varias ocasiones en sus redes sociales. Ya sea dándose un baño en la piscina, presumiendo de tener una gran biblioteca, chimenea empotrada o grandes ventanales con vistas privilegiadas a lo mejor del paisaje de la Cerdaña.
Por suerte, no hace falta tener un casoplón para escaparse a Bolvir. Cuenta con solo 493 habitantes, pero es un municipio pequeño en el que se puede empezar siguiendo una acequia y acabar recorriendo los restos de un poblado que ya estaba habitado muchísimo tiempo antes de que existieran las segundas residencias.
Qué ver en Bolvir
En El Castellot puede observarse cómo los vecinos de la Edad Media construyeron su pueblo aprovechando lo que habían dejado quienes habían vivido allí siglos antes. Primero un poblado ibérico ceretano y después romano. Tras un periodo de abandono, el lugar volvió a ocuparse a partir del siglo X, hasta quedar definitivamente deshabitado entre los siglos XI y XII. Estamos hablando de muchas vidas sobre un mismo terreno y unos restos que los arqueólogos han tenido que ir distinguiendo unos de otros.
No obstante, entender qué corresponde a cada época y cómo fue cambiando el asentamiento forma parte de la gracia de la visita a Bolvir. Además, queda todavía mucho por descubrir en el lugar. El Ayuntamiento señala que se ha excavado aproximadamente la mitad de su superficie y la investigación continúa.
A los pies del yacimiento se encuentra el Espai Ceretània, donde las piezas recuperadas y recursos audiovisuales ayudan a poner en contexto las ruinas. El conjunto también incluye la reconstrucción de una casa ceretana, hecha con técnicas y materiales de la época ibérica. Es una buena forma de hacerse una idea real de cómo eran aquellas viviendas, más allá de los muros que han logrado sobrevivir hasta nuestors días.
Ya en el pueblo, merece la pena una parada la iglesia de Santa Cecília. El edificio data de entre finales del siglo XII y principios del XIII, aunque las capillas laterales y el campanario se añadieron después. Más allá de su única nave, merece especial atención la portada románica, con sus arcos y capiteles decorados.
Dónde comer en Bolvir
Para la pausa de la comida, Cal Torru apuesta por la cocina casera catalana y el producto de proximidad, con una carta que cambia según la temporada. Sus responsables empezaron atendiendo un pequeño comedor familiar de seis mesas y, después de una etapa en Llívia, se instalaron en Bolvir. Arroces, carnes y pescados destacan en su carta.
Otra posibilidad es Terra de Pics, en la calle de la Font. Se trata de un gastrobar cuya propuesta combina cocina catalana con influencias y permite comer a base de tapas y platos de montaña. La Guía Repsol lo distingue con un Solete y lo sitúa en su categoría de menos de 35 euros por persona. Cuenta también con terraza y una buena carta de vinos.
Otra opción es L'Isard, en la carretera de Puigcerdà, que propone cocina ceretana para continuar la escapada en la mesa y acercarse a la gastronomía local.
Qué hacer en los alrededores de Bolvir
Por supuesto, antes de coger el coche e irse a descubrir otros pueblos y villas, hay que dedicar un rato al Camino del agua (o Camí de l'Aigua), que sigue la acequia por el norte de Bolvir. Basta con un trazado de tres kilómetros que se traduce en unas dos horas de paseo. Aunque también hay dos atajos, por la Ferratgeta y el camino de Niula, para acortarlo.
Por el contrario, también se puede alargar la caminata. Para ello, otra opción es salir desde la ermita del Remei, enlazar con la acequia y regresar atravesando el centro del pueblo. Esta variante tiene una duración de unas tres horas y da para dedicarle la mañana a Bolvir, en vez de ir encadenando paradas por toda la comarca.
Para continuar la escapada, no obstante, Bellver de Cerdanya tiene una plaza Mayor porticada que conserva las huellas de su pasado comercial. Allí se celebraban el mercado semanal y la feria. En la plaza están la aduana del siglo XVI, donde se cobraban impuestos sobre las mercancías, y la antigua Casa del Comú, actual Ayuntamiento.
Otra parada es el Museo Municipal de Llívia, que conserva el mobiliario y los utensilios de la farmacia Esteva, considerada la más antigua de Europa. Entre sus piezas hay botes de cerámica azul cobalto, cajas policromadas con figuras de santos y sabios de la antigüedad y un cordialero barroco. En este mueble de gran valor artístico se guardaban los recipientes con algunos de los productos más preciados o peligrosos. Después de iglesias y yacimientos, es una forma distinta de terminar el repaso al pasado, con los objetos con los que se preparaban y conservaban los remedios medievales.
Foto de portada | @ristomejide y Anselm Pallas
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