En España tomamos más de 67 millones de tazas de café al día, una cifra que demuestra que forma parte de nuestra vida y concretamente, de nuestro desayuno. Carlos de Miguel Vázquez, dietista experto en nutrición antiinflamatoria y envejecimiento, aseguraba en una entrevista a Men’s Health que dentro de su rutina por las mañanas no falta el café. “Al levantarme tomo un vaso de agua para recuperar la hidratación, tras las horas de sueño”, pero su primer café no llega inmediatamente sino a los 20 minutos de levantarse.
Según el cardiólogo Aurelio Rojas, antes de tomarte un café es necesario despertarnos con tranquilidad, algo que no parece en línea con un estilo de vida en producción constante y alimentado por el capitalismo, pero nos recomienda exponernos a la luz del sol, movernos un poco e hidratarnos bien antes de tomarnos ese primer café. El motivo es sencillo, "nada más despertarte tu cuerpo produce de forma natural el pico de cortisol matutino”, explica, y añade que tu cuerpo ya viene con el "café incorporado de serie" a primera hora del día.
Como experto en inflamación, de Miguel afirma que “el café en sí no inflama”, y asegura que “cuando el café es de calidad, los polifenoles que contiene, así como el ácido clorogénico son capaces de incidir al bajar biomarcadores de inflamación”. El cardiólogo José Abellán ya nos habló de las bondades de tomar café a diario ya que aporta muchos nutrientes y es beneficioso para nuestro corazón, pero no todos los cafés son iguales.
En líneas generales, los estudios sugieren que el café tiene una acción predominantemente antiinflamatoria, y este metaanálisis sobre café y CRP (la proteína C reactiva, uno de los indicadores de inflamación) encontró una asociación inversa lineal: a más café menos CRP en conjunto. Pero hay una excepción según de Miguel: el café torrefacto.
El café torrefacto es aquel en el se añade azúcar durante su proceso de tostado. Cuando el café se tuesta, el azúcar se carameliza y se “quema”, y aunque le da un sabor más intenso, amargo y con cuerpo, también lo hace más peligroso porque en ese proceso se genera acrilamida. Este compuesto químico se forma de manera natural en los alimentos ricos en almidón durante su cocinado a altas temperaturas (como la fritura). Se forma principalmente a partir de azúcares y aminoácidos y tras la reacción de Maillard, haciendo que los alimentos se doren. En junio de 2015, la EFSA publicó su primera evaluación integral del riesgo asociado a la acrilamida en los alimentos y, basándose en estudios con animales, afirmó que aumenta potencialmente el riesgo de desarrollar cáncer.
Aunque el café torrefacto puede aportar acrilamida, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) señala que no solo nos exponemos a la acrilamila con el café torrefacto, también con las patatas fritas o el pan de molde. Lo que explica de Miguel es que “hay versiones de café, como el torrefacto, que puede inflamar por la cantidad de azúcar que lleva en su procesado”, y según su recomendación “debemos huir de esta versión”, algo que también recomendaba Rojas. El cardiólogo añadía que el café más saludable “tiene que ser natural, recién molido si es posible, sin azúcar y siempre tomarlo antes del mediodía”.
Fotos | Instagram @forever.young.sp, Nathan Dumlao en Unsplash
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