Los labubus son un fenómeno global que no parece quedarse sin gasolina. Han conseguido que Popmart valga 34 billones de dólares, más que Mattel, Sanrio y Transformer juntos. Estos trolls peludos lo invaden todo, desde las Semanas de la Moda hasta las redes sociales, que son un hervidero de unboxings y de comparativas con 'lafufus'. Parecen tiernos e inofensivos, pero los psicólogos están muy preocupados.
Según expertas psicoterapeutas, los labubus podrían estar conduciéndonos a la ludopatía. Esto se debe al mecanismo de caja sorpresa de los labubus, por el cuál nunca sabemos qué color o diseño nos va a tocar. Esto "activa nuestro sistema de recompensa y nuestro cerebro libera dopamina: la hormona del placer." Por eso abrirlos o ver unboxings se vuelve tan "emocionante y adictivo".
Al vicio de sentir este placer rápido de la sorpresa se suma otro elemento que genera deseo: su escasez. Se vuelven más tentadores y la idea de completar la colección "genera ansiedad, frustración y compras compulsivas". Así, lo que empezó por la gracia se vuelve necesidad y activa patrones relacionados con la adicción a los juegos de azar.
Para una persona con la cabeza bien amueblada, esta afirmación puede parecer exagerada. Pero no lo es: hay reportes de jóvenes gastando hasta 4000 dólares en labubus y grupos de apoyo en Reddit para conseguir disfrutar de los labubus sin gastar demasiado y generar adicción. Entonces, ¿si quiero uno nuevo soy ludópata o estoy en peligro de caer en ello? No, eres humano y sucumbes a una buena estrategia de marketing. Pero si ya tienes varios y quieres más y más, quizá es momento de parar.
Según las expertas, la clave no está en dejar de comprar labubus, pero sí en hacerse una pregunta muy profunda: "¿los compro por ilusión o por impulso?". Si la respuesta es que lo necesitas para sentirte llena, las alarmas deberían saltar. Es hora de poner límites y usar tu dinero para regalarte experiencias lejos de lo material y lejos de los labubus.
Fotos | Launchmetrics Spotlight.
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